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18 de May de 2022

Cultura

El ojo morado

N ecesito de nuevo salirme de mis parámetros ante la urgencia de la realidad. Mariana de Tal. 28 años. Casada. 8 días antes: tabique nas...

N ecesito de nuevo salirme de mis parámetros ante la urgencia de la realidad. Mariana de Tal. 28 años. Casada. 8 días antes: tabique nasal roto y ojos morados (“me tropecé”). El día X: un esposo fuera de sí, enloquecido de celos arremete contra ella cuchillo en mano. Juanita de Tal. Separada. 4 hijos, distintos padres. Dos trabajos. Ex esposo alcohólico y abusivo. Un año antes: orden de restricción en contra del ex. Día X: la orden de restricción ya no es válida: Juanita ha muerto por disparo de bala de parte del hombre enajenado de desesperación. Anita a Secas. Comprometida en matrimonio. Día X: el novio le da varias bofetadas y la tira al suelo. Minutos después: llorando le dice que la ama y no lo volverá a hacer. La semana entrante se casan, ella sigue enamorada. Dos noches antes de la boda él la sorprende en el teléfono con su mejor amigo y la vuelve a golpear. Pide perdón de nuevo. Ella sabe que él es bueno, y se echa la culpa por no entenderlo. Ella sabe que él cambiará, ella logrará cambiarlo con amor. Ella está muy equivocada. Mucha, mucha sangre. Mucha, mucha culpa. Muchas dudas. Muchas lágrimas. Mucho prejuicio, búsqueda de responsabilidad compartida, y la pregunta otra vez: ¿Por qué? No sé, no creo que haya Una causa. Venir de un hogar donde se ha minimizado a la mujer, por machista o por ser un ambiente castrador emocionalmente; tener hijos que alimentar y no contar con los recursos para ser independientes; estar enamoradas aun del individuo que las aturde a golpes; tener una autoestima baja; pensar que estas situaciones son normales por haberlas vivido en casa; pensar que por malo que sea, es mejor que lo que habían vivido hasta ahora; pensar que lo material vale más que el bienestar emocional. No puede haber mayor cobardía que golpear a una mujer (o a un niño, claro). Morir de amor puede ser romántico en las poesías, pero la realidad es que matar o morir por “amor” es verdaderamente patético. El amor debería ser una decisión. Una decisión dentro de un patrón muy claro donde la persona más importante es uno mismo. Creo que casi todas las mujeres hemos pasado por relaciones abusivas de una u otra forma: verbal, física, pasivo-agresivas, etc. Las que salimos estamos claras de nuestra responsabilidad: nuestra única culpa fue pensar que no merecíamos nada mejor. Fue aceptarlas. Todas podemos salir. Sí, requiere de valor. A veces, hasta altos riesgos pero si perdemos el camino de la dignidad y el autorrespeto, ¿qué nos queda? No estamos solas. Las leyes no son las mejores, es cierto. Pero no estamos solas. Gandhi decía que lo más malo de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena. Vivir golpeadas, abusadas, irrespetadas… no es vivir. Es morir un poco cada día. Este año se han ido solamente en Panamá 10 mujeres… 4 por manos de sus parejas. ¡Basta de los amores que matan!