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05 de Mar de 2021

Cultura

En busca de la redención

Mi reloj marca las cuatro de la tarde de un soleado lunes de abril. En el remodelado estadio Rommel Fernández una brigada de trabajadore...

Mi reloj marca las cuatro de la tarde de un soleado lunes de abril. En el remodelado estadio Rommel Fernández una brigada de trabajadores ultima los detalles para la inauguración del certamen regional. En las tribunas, algunos técnicos aseguran vigas y revisan luces y bocinas, mientras en el centro de la cancha de fútbol otros dan forma al negro esqueleto del escenario para la ceremonia.

Mientras contemplo la pista de atletismo de tartán azul y gris, un grupo de atletas aparece por una de las puertas hacia la cancha para realizar el entrenamiento del día. Entre ellos, como uno más del grupo, llega el campeón olímpico Irving Saladino. Como en una coreografía, los atletas realizan los movimientos precompetitivos entre risas y chistes, sucedidos por una rápida sesión de elongación. Acto seguido, el grupo se disuelve para que cada uno pueda concentrarse en su especialidad.

Vigilado por su primer entrenador, Florencio Aguilar, Saladino realiza saltos en la fosa de arena. Mide distancias, toma velocidad nuevamente y vuelve a saltar. Aguilar se le acerca a señalarle aquello que debe mejorar mientras el saltador toma una pala del césped y revuelve él mismo la arena para que amortigüe mejor la caída.

Hace menos de dos años, el 18 de agosto de 2008, este colonense de 25 años alcanzó en los Juegos Olímpicos de Beijing el mayor honor para un atleta: la medalla de oro, en un hecho que tuvo varios significados. Por un lado aquellos indudablemente positivos: fue la primera presea dorada olímpica para Panamá, la primera medalla desde que Lloyd LaBeach consiguiera dos bronces en la edición de 1948 en Londres y la primera vez que un atleta masculino centroamericano lograra esta hazaña.

Pero también acarreaba una carga negativa que tiene que ver con el público: la inmediatez de las críticas si el deportista no mantiene el nivel alcanzado.

Y es que desde el mismo momento de haber obtenido el oro, las molestias devenidas en lesiones jugaron un papel determinante en el porvenir deportivo de Saladino, quien con un pergamino categórico y deslumbrante que incluye, entre otros logros, el primer lugar en el Campeonato Mundial de Osaka en 2007, comenzó a perder batallas y a ganar interrogantes en cuanto a su rendimiento.

Después de fallar en sus presentaciones en los campeonatos mundiales de Berlín en 2009 y en Doha este año, donde participó sin haber podido entrenar por una tendinitis en su rodilla derecha, el saltador, hoy con 27 años, llegó a Panamá para intentar en los IX Juegos Centroamericanos volver al nivel que lo llevó a la cúspide de la pirámide del atletismo mundial.

Después de una hora de entrenamiento, un cambio no propicio en la dirección del viento da por finalizada la sesión del día, por lo que decido acercarme al colonense y preguntarle si tenía unos minutos para una entrevista. “Sí, claro. Irving Saladino, mucho gusto”, respondió extendiéndome la mano y accediendo sin titubear.

Para muchos, la gran interrogante es el nivel en que llegará Saladino a los Juegos Centroamericanos. Limitado por las lesiones, la preparación no pudo ser la ideal, pero él se muestra tranquilo y seguro de lo que pueda hacer en la competencia. “Estoy bien”, asegura rápidamente. “Como muchos ya saben estoy saliendo de una lesión. Vine a Panamá con prácticamente poco entrenamiento, ya que fui al Campeonato Mundial en Doha sin preparación, pero desde que llegué aquí me he estado adaptando y creo que con (Florencio) Aguilar van a salir grandes cosas”, comenta.

El atleta panameño, que podría integrar el equipo de la prueba 4x100 si así lo decide el entrenador, entiende la frustración de sus compatriotas acerca de sus malos resultados, más no se siente presionado por saltar ante su gente, como afirma mientras saluda a algunos de los trabajadores del renovado estadio que tímidamente se han acercado al reconocerlo. +3B “La verdad que no me presiona (saltar frente a los panameños). Yo soy un atleta que tiene derecho a ganar y a perder. Como deportista sé lo que pasa y lo que se exige en el deporte. Muchos hablan sin saber cómo son las cosas realmente”, explica entre un suspiro y una mirada al vacío, mientras se encoje de hombros. “Soy consciente de que entré en un bajón de mi nivel por la lesión, pero gracias a Dios ya me estoy recuperando y aquí voy a dar lo mejor de mí para el pueblo panameño”, agrega.

Entre pregunta y respuesta, mi asombro crece cada vez más. Sencillo, calmado, humilde, campeón del mundo y campeón olímpico. Al gesto de saludo optimista de ′pulgares para arriba′ de Saladino hacia los fanáticos, comprendo que frente a mí, sin haber acordado días antes la entrevista, se encuentra un ícono del deporte a nivel mundial. Uno que en su casa tiene una medalla de oro de un Juego Olímpico. “¿Será tan fácil acceder a un deportista de este nivel en países primermundistas?”, me pregunto.

Una interrogante que me viene rondando la cabeza y que probablemente también se le ha presentado a otros seguidores del deporte, es la razón por la cual los deportistas de élite, que viven por y para el deporte, se lesionan con tanta frecuencia. Jugadores de fútbol, baloncesto, fútbol americano, béisbol y atletismo, entre otras especialidades lo padecen. La respuesta es sencilla: cualquier deporte que se practique en su máximo nivel tendrá una exigencia de mayor calibre, y Saladino no es la excepción a la regla.

¿EL BAJÓN EN SU NIVEL SE DEBE EXCLUSIVAMENTE A LAS LESIONES O HUBO ALGÚN FACTOR EXTERNO?

- La verdad que son las lesiones. Desde el 2008 ya venía padeciendo de ellas y eso me privó de entrenar normalmente. A veces entrenaba una semana y luego quedaba inactivo en las dos siguientes por causa de los dolores. No es que he bajado de nivel, sino que las lesiones me han privado de entrenar como es debido.

¿CUÁLES SON LOS DOLORES QUE LO AQUEJAN MÁS SEGUIDO?

- Ahora mismo es la rodilla derecha a causa del impacto de los saltos cuando entreno. Esto es muy común en todos los saltadores cuando entran en temporada de competencia.

¿EL BAJÓN EN LO DEPORTIVO LO HA AFECTADO PERSONALMENTE?

- La verdad que no. Como atleta ya tengo experiencia y ya sé cómo debo manejarlo. Estoy tranquilo. Tengo claro que si me caigo tengo que levantarme otra vez.

LA CARRERA HACIA LA TABLA HA SIDO UNA DE LAS CAUSAS DE SU BAJO RENDIMIENTO, ¿LO PUDO SOLUCIONAR?

- Justamente es lo que estoy trabajando con mi entrenador desde que llegué a Panamá. El problema es que a causa de la lesión en la rodilla no he podido meterme de lleno a corregir ese aspecto y cuando empiezo a entrenar con más intensidad el dolor me molesta. Igualmente aquí me he sentido bastante bien y con Florencio (Aguilar) estamos trabajando fuerte para lograr grandes saltos.

¿DURANTE LOS SALTOS SUELE PENSAR EN LA LESIÓN O EN QUE PODRÍA VOLVER A LESIONARSE?

- No te miento, eso sí afecta un poco en lo psicológico y está presente. Aunque uno se sienta bien siempre piensa en no volver a lastimarse. He estado conversando con mi entrenador sobre eso, y el me dice que debo relajarme y echar para adelante, porque el deporte es para divertirse. De ahora en más voy a concentrarme en eso.

Su futuro todavía es una interrogante. Retirarse del atletismo está muy lejos de ser parte de sus planes. Cuando le pregunto si cree que llegará a defender su medalla en los Juegos Olímpicos de Londres del 2012 y en el Campeonato Mundial del 2011, una risa cómplice lo resume todo. “Claro que sí, voy a tener 29 años apenas. Tengo pensado entrenar fuertemente para poder estar en el podio. Sé que puedo hacerlo”, manifiesta con seguridad.

Pero la incertidumbre sobre su futuro es un tópico que produce un cambio en la expresión de la cara del saltador. Las diferencias ideológicas entre los dirigentes de las federaciones, a veces caprichos o disputas personales, repercuten casi en su totalidad en los atletas. Y a pesar de pertenecer a un exclusivo grupo de deportistas que ganaron una medalla dorada en un Juego Olímpico, Saladino es una víctima más de esas diferencias. “Todavía no sé si voy a competir en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en julio. Primero los dirigentes deportivos deben ponerse de acuerdo. Espero que se superen los problemas porque somos los atletas los que salimos más perjudicados”, lamenta con impotencia.

El escenario del centro de la cancha, todavía desnudo, sigue tomando forma. A mi espalda, las luces y bocinas reposan en las vigas, pero ahora en lo alto del estadio, apuntando hacia la esquelética plataforma, que lentamente es alimentada con paneles negros. Una hora y media después de haber llegado a un desierto Rommel Fernández, cerca de 50 atletas decoran el inmenso lugar. En la pista de atletismo dos muchachas corren cuerpo a cuerpo a gran velocidad, cerca otro marcha solo. A lo lejos, alrededor del colchón de salto alto, seis atletas parados en círculo prestan atención a un hombre que gesticula. Entretanto, algunos corredores empujan las vallas de obstáculos y las posicionan en la moderna pista. Un aire “olímpico” se respira en el ambiente.

Un apretón de manos da por finalizada la entrevista. El mejor saltador panameño de la historia, abanderado de la delegación anfitriona, hará su presentación en los IX Juegos Centroamericanos el viernes 16. La expectativa de sus compatriotas por su actuación es mucha. Para él, la presión por los malos resultados es un mito. Lo cierto es que hoy el deporte le brinda una nueva oportunidad de cambiar la pendiente de su carrera, levantarse tras la caída y cambiar el refrán y buscar ser profeta en su tierra.