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26 de Feb de 2021

Cultura

La pelea que perdió

“Es que no les va a atender porque la maté”. Con estas sencillas pero trágicas palabras el campeón mundial de peso ligero del Consejo Mu...

“Es que no les va a atender porque la maté”. Con estas sencillas pero trágicas palabras el campeón mundial de peso ligero del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), Edwin “Inca” Valero, confesó la madrugada del domingo pasado el asesinato de su esposa, Jennifer Carolina Viera, a los empleados del hotel Intercontinental Tacarigua en Venezuela. Pocas horas después, al amanecer del domingo, en las celdas de la policía de Carabobo, donde estaba detenido por el homicidio, pondría fin a su propia vida colgándose de las rejas con su pantalón.

Unos dos meses antes el púgil venezolano de 28 años había retenido el título mundial al vencer por nocaut técnico al mexicano Antonio De Marco y había extendido su invicto a 27 peleas. ¡Todo un récord! En ese momento de celebración para los venezolanos, que lo consideraban el mejor púgil de la historia de ese país, nadie imaginaba lo que iba a ocurrir poco después.

La vida del Inca Valero, como era conocido, había estado signada desde su infancia por la pobreza, la violencia doméstica, el abandono, el consumo de drogas y alcohol, patrones que repetiría a lo largo de los 8 años que estuvo casado con Jennifer, con quien tuvo dos hijos, Edwin de 7 años y Roxy de 5.

Estos trágicos acontecimientos que terminaron con dos vidas ponen una vez más en el tapete las críticas acerca de la violencia que generan deportes como el boxeo. No es la primera vez que pugilistas de categoría internacional protagonizan hechos de violencia en sus hogares y fuera de ellos.

Uno de los casos más trágicos del pasado fue el del campeón argentino de peso mediano Carlos Monzón, condenado en 1988 a 11 años de prisión por el homicidio de su segunda esposa y quien en 1995 muriera en un accidente automovilístico. El peso pesado Mike Tyson también protagonizó hechos similares y en 1988 fue acusado de actos violentos por su primera esposa Robin, de la que poco después se divorció. Otro famoso que en febrero último fue denunciado por violencia por su tercera esposa Candi, es el campeón de peso pesado Evander Holifield.

LA HISTORIA DE VALERO

Edwin Valero Vivas nació en una barriada pobre del poblado andino del Bolero Alto, en el estado de Mérida,el 3 de diciembre de 1981. Tuvo que empezar a trabajar vendiendo frutas desde los 7 años, cuando su padre abandonó el hogar. Poco después, él también se fue de la casa de su madre, al descubrir el boxeo y ponerse bajo el cuidado del entrenador Oscar Ortega, quien lo cobijó en un gimnasio y guió su carrera amateur, iniciada a los 12 años que lo llevó hasta las selecciones nacionales. Edwin sólo llegó a sexto grado en la escuela.

Desde 2008, el nombre de Valero se asoció repetidamente con actos de violencia doméstica que fueron publicados en los medios y desmentidos por el púgil y sus abogados. En septiembre de 2009, el propio Valero desmintió versiones que aseguraban que fue detenido por golpear a su madre y a su hermana. La madre de Jennifer dijo que su hija les contó que Edwin era violento, se drogaba todos los días, no comía y no dormía.

Según el examen siquiátrico de Valero, publicado por La Nación de Venezuela, su personalidad era "inestable e impulsiva, de posible origen mixto debido a antecedentes de traumatismo craneoencefálico antiguo y daño tóxico relacionado con hallazgo de adicción a múltiples sustancias en grado de dependencia moderada".

El examen señala que el boxeador consumía alcohol desde los 9 años, marihuana desde los 11 y cocaína a los 12, así como heroína, éxtasis y crack de manera eventual. Se habla de una "frecuencia diaria de consumo de cocaína y alcohol en cantidad variable mayor a 10 gramos".

CARRERA BOXÍSTICA

Como boxeador aficionado tuvo un registro de 86 victorias, 57 de ellas por nocaut, y seis derrotas antes de saltar al profesionalismo en 2001. Sus primeros 18 combates en el boxeo rentado los ganó por nocaut en el primer asalto, dejando atrás el mejor registro anterior de 16 que impuso en 1905 el estadounidense Young Otto. La seguidilla culminó en marzo de 2006, cuando el mexicano Genaro Tranzacos llegó al segundo round.

En su meteórica carrera destaca la pelea contra Vicente Mosquera en agosto de 2006 cuando tras caer a la lona en el tercer asalto se recuperó y venció al panameño en el décimo, con lo cual ganó el título superpluma de la Asociación Mundial de Boxeo. En abril de 2009 Valero subió de peso y con ello de categoría, y venció a Antonio Pitalúa en el segundo asalto en Austin, Texas y ganó el título ligero del Consejo Mundial de Boxeo. Había recibido una licencia para pelear en esa ciudad pese a una hemorragia cerebral por un accidente de motocicleta años antes, que le impedía combatir en gran parte de EE. UU.

Posteriormente Valero no pudo volver a obtener una visa por una acusación de manejar ebrio en Texas, aunque él siempre aseguró que se la negaron por su apoyo al presidente Hugo Chávez, al cual admiraba al punto de tatuarse en el pecho la imagen presidencial, al prohibírsele subir al cuadrilátero con un pantaloncillo con una consigna catalogada de proselitista.

En diciembre de 2009, Valero retuvo el título ligero frente a Héctor Velázquez y en febrero se enfrentó al mexicano De Marco en la que sería su última pelea. Su sueño, nunca realizado, fue pelear y ganarle al filipino Manny Pacquiao, con quien por mucho tiempo buscó infructuosamente un encuentro. Esa pelea era para Valero su pasaporte a la fama y la riqueza. Tras su muerte, el presidente de la Federación Venezolana de Boxeo, Frank López, dijo que la estaba negociando para fines de este año.

EL DESENLACE

Unas semanas antes del trágico fin de semana que terminó con la muerte de Jennifer Carolina y de Edwin Valero, empezó a tejerse la trama final de la historia. En marzo el púgil fue acusado por acoso y hostigamiento contra su esposa, amenazas a personal médico y resistencia a la autoridad. Estas acusaciones se produjeron después de que su esposa fuera recluida en un hospital de Mérida por fractura de una costilla y perforación del pulmón, la cual, según medios locales, ocasionó Valero con una golpiza.

A raíz de estos incidentes, Valero fue internado para un tratamiento de desintoxicación en un hospital de Mérida, donde permaneció hasta el 7 de abril cuando salió en libertad provisional, después que dos allegados pagaran una millonaria fianza. Al día siguiente partía para Cuba donde debía proseguir su desintoxicación y prepararse para su próximo combate. Lo que ocurrió desde entonces hasta el día del fatal desenlace es confuso. Supuestamente Valero debía encontrarse en Cuba, sin embargo él mismo declaró a los medios que no pudo viajar porque se le había perdido el pasaporte.

Valero reapareció el sábado por la noche junto a Jennifer en el Hotel Interamericano, a unas 8 horas de Mérida a eso de las 11:30 p.m. y pidió una habitación. Se le veía alterado, tomó la llave y, junto a su esposa, desapareció tras la puerta de la 624. De acuerdo con sus últimas declaraciones en el puesto policial de Carabobo, durante el viaje entre Mérida y Valencia, consumió vodka y casi 50 gramos de cocaína. Cuando llegó al hotel terminó lo que le quedaba de la droga con el alcohol que encontró en el minibar. Para entonces ya había perdido la noción de la realidad. Cuando despertó estaba ensangrentado y Jennifer Carolina yacía a su lado, muerta, en la cama. Eran las 5:30 de la mañana del domingo.

Ante su confesión, el personal del hotel llamó a la policía que se lo llevó detenido a la Comandancia de Carabobo. Era la 1 a.m. del lunes 19 de abril cuando los custodios lo encontraron ahorcado en la celda N° 4, donde estaba recluido. En su boca encontraron un papel doblado: era su foto junto a sus dos pequeños hijos.

Su manager, José Castillo, y el boxeador venezolano Jorge Linares, dos de las personas más cercanas a Valero, se lamentaron de no haberlo ayudado a ganar la batalla más importante de su vida. La batalla contra las drogas, el alcohol y sus propios demonios, aquella que perdió definitivamente y que le cortó de un tajo su desenfrenada carrera hacia la fama.