Temas Especiales

03 de Jun de 2020

Cultura

Una edad para meditar en el futuro

Los 30 traen más ventajas que desventajas, a uno lo respetan más, tiene más libertad, dinero propio para gastar en zapatos innecesarios,...

Los 30 traen más ventajas que desventajas, a uno lo respetan más, tiene más libertad, dinero propio para gastar en zapatos innecesarios, más criterio, más experiencia y, lo más importante, tiene claro definitivamente qué no le gusta y una mejor idea de lo que le gusta. Precisamente, ese saber qué quiere hacer uno en la vida no llega a veces sino hasta los 30, después de haber estudiado algo totalmente distinto… Algunos amigos que acaban de llegar al tercer piso han dejado de lado exitosas carreras para ejercer lo que verdaderamente les apasiona: el yuppy corredor de bolsa que dejó los chicharrones de Excel para preparar puntas de anca como chef, o la ejecutiva con maestría en Harvard que abandonó su prestigioso trabajo en el gobierno para ser bajista en una banda de rock.

No son locuras, sino epifanías. Por ejemplo, abandonar una carrera como creativa de publicidad por seguir escribiendo, no es de arrepentirse. Puede que el salario no sea tan glamuroso, pero al menos se está haciendo lo que gusta, y aunque suene a cliché, eso no tiene precio.

Hay una sola vida (hasta donde sabemos) y qué tristeza malgastarla haciendo algo que no nos haga felices. Cuando teníamos 15 años, nos parecía que las de 30 ya eran ‘viejas’ y ahora somos esa vieja, pero nos seguimos sintiendo (y espero que también nos veamos) igual de jóvenes, sólo que con más experiencia. ©PUBLICACIONES SEMANA