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16 de Apr de 2021

Cultura

Hipocresía dañina

Desde hace varios años en algunos países los homosexuales han ido conquistando espacios dentro de las sociedades. Han logrado reconocimi...

Desde hace varios años en algunos países los homosexuales han ido conquistando espacios dentro de las sociedades. Han logrado reconocimiento y han conseguido ser visibles. La lucha para equipar derechos es ardua y enfrenta muchos problemas, y el mayor de ellos es definitivamente la ignorancia y la hipocresía.

Cada vez que surge la noticia que en otro país se ha aceptado el matrimonio y la adopción por parte de parejas homosexuales siempre se oyen algunas voces retrógradas y escandalizadas que graznan en contra, apelando a las buenas costumbres y a la moral.

Nada que dos personas puedan hacer bajo las sabanas es inmoral a no ser que una de ellas sea menor de edad o este allí contra su voluntad. Lo que hagan o dejan de hacer no afecta a la sociedad. Que una persona sea corrupta, que robe, mate, viole o maltrate eso sí que afecta al entramado social. Un niño no tiene nada que ver con lo que sus papás hacen en la cama, si les gusta el sadomasoquismo o si hacen tríos, si prefieren la pose del misionero o el estilo perrito, o si utilizan el camisón con el hueco y rezan el ‘no es por vicio ni por fornicio, sino para dar otro hijo a tu servicio’. Lo que un niño necesita es que lo atiendan, que le ofrezcan un hogar seguro, comida, educación y sobre todo saberse amado. A un niño que se despierta con un mal sueño no le importa tener dos papases o dos mamases, lo que quiere es que lo abracen, que lo calmen y saber que siempre tendrá cerca alguien que lo proteja. Y para eso, para sentirse amado, no necesita un papá y una mamá, necesita personas responsables, y esas personas pueden ser hombres, mujeres o una mezcla de ambos.

Dejémonos de pendejadas, un hogar donde mamá se tiene que prostituir para poder comer, donde papá es un borracho y le pega a mamá palizas tremendas delante de los hijos, un hogar donde el papá es el eterno ausente (y la pensión alimenticia también) no es un hogar moral aunque sea un hogar heterosexual.

Las formas de amor y familia son tantas y tan variadas que no se pueden eliminar de un solo plumazo unas cuantas sólo porque no comulguemos con los gustos sexuales de alguien. Y no, no me vengan ahora con lo de la abominación bíblica, que no me la trago, porque si usamos la Biblia para definir a un grupo de seres humanos como abominación, usemos también la Biblia para abominar de ciertas comidas o mezclas (adiós al pulpo, a los chicharrones y a la pizza de pepperoni), de las mujeres que tengan la menstruación, (va a haber muchas ausencias justificadas cada mes en las empresas) y de cualquier tipo de sexo ilícito (y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra), entre otro montón de cosas abominables.

¿Por qué los que apelan a las bases cristianas de la sociedad para negarles los derechos fundamentales a un grupo, no son en cambio capaces de quedarse con el principal mandamiento que ofreció aquel trasgresor social que fue el Cristo? ¿Por qué no somos capaces simplemente de amarnos los unos a los otros? (y conste que no hizo ninguna distinción sobre si debíamos amarnos heterosexualmente),