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27 de Nov de 2020

Cultura

¿Trato o truco?

H ace un par de noches un grupo de amigos salimos a cenar y decidimos irnos varios en un solo coche. Después de la cena, regresaba con u...

H ace un par de noches un grupo de amigos salimos a cenar y decidimos irnos varios en un solo coche. Después de la cena, regresaba con uno de ellos al lugar donde había aparcado su auto. Háganse la idea, miércoles, once de la noche, barrio del Cangrejo, en una calle con acceso a varios de los restaurantes más importante de Panamá, con un hotel a media cuadra, y un teatro al lado.

La cosa es que al llegar a su carro aparqué correctamente el mío y seguimos hablando para terminar la conversación que traíamos hasta el momento. Y me preguntarán ustedes, ¿por qué me extiendo tanto en estos preliminares? Pues porque quiero que comprendan la intrascendencia del hecho, lo normal, habitual y banal del mismo.

Ni lugares apartados, ni discotecas, ni alcohol, ni horas de la madrugada, ni actitudes sospechosas. Aún no habíamos pasado ni tres minutos dentro del carro, cuando a nuestro lado se detiene una patrulla. De ella se baja un policía, con mirada suspicaz nos pide documentación, con toda la tranquilidad se la damos, hasta ahí todo normal. (Conste que a mí a esas alturas ya me estaba entrando la risa floja, ¡a mi edad! ¡Detenerme un policía en el carro! ¡Si ni en la adolescencia lo hicieron!).

Nos preguntó qué estábamos haciendo allí y pareció poner cara de decepción ante lo prosaico del hecho y lo normal que todo parecía. Pero no desesperen señores, que ahora viene lo bueno, ante la mirada asombrada de mi amigo y la mía, el policía, a través de la ventanilla abierta, se puso a darnos un discurso aleccionador acerca de las medidas de seguridad a seguir en Panamá por la noche.

Nos dijo que ante la creciente inseguridad (sic) que había en las calles lo mejor es (atentos, abro comillas): ‘no andar por las calles más allá de lo imprescindible’. Ahí les juro que yo ya no sabía si reírme o llorar. Una vez que el agente del orden público montó en su patrulla, no sin antes hacernos casi prometer que terminaríamos rápido la conversación y nos iríamos rápido de allí, nosotros nos miramos alucinados.

Aún al día de hoy yo no salgo de mi asombro, o sea, el señor presidente y varios de los que lo rodean siguen gritando a los cuatro vientos que la percepción ciudadana del aumento de la delincuencia es culpa de los medios de comunicación; con algún medio de prensa escrita convertido en el tablón de anuncios de la policía, publicando montones de noticias cortadas y pegadas de los comunicados que estos mandan, diciéndonos quien fue aprehendido, donde y por qué delito se le buscaba, supongo que todo para hacernos creer que la policía trabaja mucho y que ya está poniendo a buen recaudo a todos los malos malosos que andan por ahí sueltos, mientras tanto, los de sus propias filas van por ahí amedrentando a la gente.

Porque díganme ustedes, si yo no fuera como soy y un policía me dice que lo mejor que puedo hacer es no salir de mi casa más allá de lo imprescindible, seguramente lograría que yo me atrincherase en mi hogar y no volviese a asomar la nariz ni al portal. ¿Qué imagen pretende dar la policía? Después de esto quisiera que alguien me responda ¿tengo que tener miedo sí o no?