27 de Feb de 2020

Cultura

Finanzas estables Matrimonio duradero

Para la mayoría el matrimonio es una historia de amor en la que un hombre y una mujer se unen para construir una familia. Para Jenny And...

Para la mayoría el matrimonio es una historia de amor en la que un hombre y una mujer se unen para construir una familia. Para Jenny Anderson y Paula Szuchman se trata de un joint venture con capacidad de crecer si se aplican los principios económicos adecuados. Esas dos periodistas, especialistas en el tema financiero de los diarios The New York Times y The Wall Street Journal, pero además casadas y con hijos, escribieron el libro Spousonomics, que ha llamado la atención en Estados Unidos. En la obra afirman que las teorías de la ventaja comparativa, la oferta y la demanda, el riesgo moral, la transparencia y los incentivos pueden ser aplicadas a diario para solucionar eternos problemas como quién lleva al niño al colegio, cómo lograr que su pareja haga lo que usted quiere o cómo tener una vida sexual más activa. Dicen que la ciencia de Adam Smith tiene mucho en común con la convivencia marital, pues la economía estudia la manera de distribuir recursos limitados, y en el matrimonio estos son el tiempo, el dinero en el banco, la libido, la paciencia y la energía, especialmente cuando se agregan niños a la ecuación. Afirman que para que los esposos se pongan de acuerdo en asuntos tan cruciales se necesitan principios económicos, como cooperación, organización, manejo racional y trabajo.

Anderson y Szuchman aclaran que ver el matrimonio como una corporación no le quita su lado romántico. ‘Asumimos que son parejas que se quieren’, dijo Szuchman a Semana. Pero aclara que la convivencia resulta ser muy diferente al cuento de hadas que muestran las películas y en realidad se parece más a una empresa con dos socios en la que hay que aplicar ciertos elementos de racionalidad para que funcione. ‘El romance no resuelve quién lava los platos’, agregó.

DIVIDIR TODO

Hablando de cómo repartir las labores domésticas, las autoras encontraron que las parejas creen que la forma más justa de dividir el trabajo en la familia es partir todo por la mitad, pero que hacerlo es un error total. Para explicar su punto se remontan a las teorías de Adam Smith y David Ricardo. El primero propuso que el secreto de una nación no era su riqueza sino su fuerza laboral, mientras que el otro estableció la noción de la ventaja comparativa sobre la que se cimentó el libre mercado. Según Ricardo, un país no debe producir todo lo que sus ciudadanos necesitan, sino solo aquellos productos que podría realizar relativamente mejor que los demás e intercambiarlos por otros bienes del extranjero. Según las periodistas, la pareja es similar a dos naciones que deben intercambiar, en este caso, actividades domésticas. Por eso es crucial encontrar quién es más hábil en el manejo de la plata, quién es más eficiente al hacer el mercado o quién es el más indicado para sacar al perro en las noches, y luego, especializarse en esas funciones. ‘Nosotros asumimos que estas tareas son aburridas, pero alguien las tiene que hacer y ese alguien es quien lo haga mejor’. Daniel Hamermesh, un reconocido economista a quien entrevistaron para el libro, aplica esta ley y asegura que aunque su esposa es mejor cocinera y él gana dos veces más que ella, su horario es mucho más flexible que el de ella, por lo cual decidieron que él se encargaría de que la comida estuviera lista todos los días. Si hay cosas en las que no hay acuerdo y hay dinero para ello, es posible recurrir al outsourcing, es decir, pagarle a otro para que haga un determinado oficio.

El otro gran motivo de problemas es la sexualidad, pues para muchos la llama de la pasión se apaga con el matrimonio. Las autoras encontraron que esto se debe a la ley de oferta y demanda, que indica que cuando el costo de algo sube, la demanda baja. En el caso de la pareja, mientras más cueste hacer el amor, menos lo harán. En este caso los costos no son tasados en dinero, sino en términos de falta de tiempo o energía por las actividades de cada uno: trabajo, hijos, labores domésticas. Para bajar esos costos hay que quitar esas barreras. Ellas recomiendan ser transparentes y no esperar a que el otro adivine que quiere sexo, sino comunicárselo de manera clara y directa. ‘Puede no ser romántico, pero es mejor que pasar en blanco’, dicen. También hay que hacer un plan de compromiso para asegurar que las necesidades de ambos, que pueden ser asimétricas, se satisfagan. ‘Si saben que van a estar muy cansados a las once de la noche, cuando los niños ya están dormidos, hay que hacerlo antes de la comida, cuando todavía tienen energía’, señalan. Por último hay que simplificar las cosas. No se pueden esperar sesiones de sexo de tres horas, dicen, sino que hay que aprovechar cualquier rato libre, aunque esto implique no tener juegos preliminares. ‘En la medida en que se bajen los costos, la demanda aumentará instantáneamente’. Mantener el hábito es importante pues, según la teoría de Adicción Racional desarrollada por el Nobel Gary Becker, mientras más se posee una cosa, más se va a querer tener.

Y sugieren tener una idea realista del matrimonio porque, así como las economías, las relaciones también tienen sus momentos de crisis y sus ciclos de bonanza. Con estos consejos, más algunas ideas de la teoría de juegos para lograr estrategias de cooperación, las autoras esperan que las parejas maximicen sus retornos, lo que en términos románticos podría traducirse en ‘y vivieron muy felices’. © Publicaciones Semana