19 de Ago de 2022

Cultura

De brutos y presidentes electos

AULLIDO DE LOBA. A nda rondando por tertulias y cafés el debate de qué condiciones debe tener aquel que quiera presentarse a presidente...

AULLIDO DE LOBA

A nda rondando por tertulias y cafés el debate de qué condiciones debe tener aquel que quiera presentarse a presidente de un país, en concreto de éste país, los ánimos se caldean y cada uno propone y presenta sus propuestas, que curiosamente suelen coincidir con el perfil de aquel (o aquella) al que votaron por última vez hace más o menos dos años.

A mi me parece alucinante escuchar ciertas cosas, y me quedo con la boca abierta en gesto inconsciente de asombro irredento mientras escucho como alguien defiende apasionadamente la idea de que una persona que no haya terminado la secundaria puede estar perfectamente preparada para ser presidente de un gobierno. ¡Plop! No importa si no sabe nada. En mi tierra se dice que alguien es tan bruto que no sabe ni hacer la ‘O’ con un canuto, entendiendo que un canuto es un tubo y que rodear con cuidado y un lapicero su contorno no es demasiado difícil, y que suelen salir redondelitos casi perfectos, como sabe cualquier niño de prekínder, esa definición es el epítome de la simpleza mental. Pues eso, que no importa que sea un ignorante integral mientras tenga carisma y capacidad ejecutiva, o sea, que mande.

¿Pero es que no entienden que en un mundo como el actual, donde el conocimiento es poder, que tú no tengas nociones básicas (pero básicas, básicas, quiero decir, no estamos hablando de postgrados o doctorados, ¡estamos hablando de terminar la educación secundaria!) no te permite enfrentarte en igualdad de condiciones con aquellos que sí tienen claro lo que pasó, por ejemplo, el 1 de septiembre de 1939, porqué pasó o cuales fueron sus consecuencias?

Traten de escribir en el buscador de internet ‘frases estúpidas dichas por políticos’ y disfruten de un rato de sano esparcimiento. Pero lo peor no es que no controlen lo que sale por su boca, lo peor es que esas deficiencias intelectuales afectan a sus decisiones políticas.

La falta de una educación humanística nos elimina la posibilidad de aprender de los errores del pasado, un político que no haya leído a Homero, a Maquiavelo o la historia europea reciente, un político que no tenga nociones mínimas de economía, de historia, de literatura, de filosofía, un político que no sepa por qué los conflictos de África son como son, no puede ser presidente de un país. Aunque sea un as de los negocios. Aunque tenga una gran capacidad ejecutiva. Aunque tenga más carisma que Clark Gable con menos orejas.

En cambio, un tipo que sabe a lo que un país se enfrenta y tiene huevos para asumirlo, que tiene el suficiente aplomo como para que lo voten a pesar de que prometió en campaña que lo que él ofrecía era: ‘Sangre, sudor y lágrimas’, como hizo Winston Churchill, un político así merece que el pueblo deposite en él su confianza. Pero quizás eso es mucho pedir, a lo peor la madera de la que se fabricaban los grandes hombres del pasado ya se agotó, (con esto del cambio climático y las extinciones de especies, nunca se sabe) y ahora tenemos que conformarnos con hombrecillos y decir aquello de ‘peor es nada’.

Pero aunque haya cambiado la percepción de lo que debe ser un político y lo que antes en las familias era: ‘Este niño es brillante, seguro que termina haciendo política’, hoy se ha transformado en: ‘Este niño no vale ni para poner un ladrillo sobre otro, vamos a meterlo en política’ no deberíamos de perder el norte, y antes de depositar el voto en la urna deberíamos de tomar en consideración algunas cosas.

Hay un refrán que reza ‘Del hombre bruto no sale ningún fruto’ pero no es del todo cierto, los brutos tienen grandes ideas, ideas de esas que te hacen exclamar, mientras te llevas las manos a la cabeza: ‘¡Mierda, ¡qué bruto! ¡Vaya idea!’.