28 de Nov de 2022

Cultura

De gritos a golpes

Cuando Sonia Enríquez conoció a Jorge Méndez todo era color de rosa. Planificaban salidas, miraban películas y las conversaciones, matiz...

Cuando Sonia Enríquez conoció a Jorge Méndez todo era color de rosa. Planificaban salidas, miraban películas y las conversaciones, matizadas con caricias y abrazos, podían durar horas. Con el paso del tiempo, como en casi todas las parejas, comenzaron a notarse más esos rasgos del otro que molestan. Nunca llegaron al extremo de los golpes, pero cuando Juan se cabrea suelta algún insulto.

‘Mi novio y yo nos tratamos súper bien, nada más que algunas veces nos gritamos palabras sucias, pero es sólo cuando estamos enojados’, dice Sonia, que tiene 17 años y hace uno y dos meses está con Jorge. Ambos juran amarse con pasión. No son concientes de que con esos comportamientos naturalizan formas sutiles de violencia que, incluso, pueden terminar siendo graves.

No es el único caso. Tres de cada 10 adolescentes denuncian haber sufrido violencia en el noviazgo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y una de cada tres latinoamericanas menores de 35 años sufre algún tipo de violencia de género, según datos de la Organización Iberoamericana de la Juventud (OIJ). Una realidad que evidencia que los jóvenes crecen en una cultura que hace ver como normal el maltrato hacia las mujeres: lo toman como si fuera algo común, porque conviven con eso todos los días.

FUTUROS VIOLENTOS

La OMS mostró en un informe que muchas de las mujeres que hoy son maltratadas en los matrimonios, padecieron violencia durante sus relaciones prematrimoniales.

Por eso Nadine Gasman, directora de la Campaña del Secretario General de las Naciones Unidas ‘ÚNETE para poner fin a la Violencia contra las Mujeres’, llama la atención sobre esas acciones que pasan desapercibidas, pero son el embrión de una relación violenta: ‘Los celos, el control de los celulares y las amistades, los gritos y las palabras despectivas, son consideradas como principios de violencia’, dice.

¿Cómo concientizar en una sociedad machista que no siente que ese tipo de maltratos tengan cargas de agresión? Es difícil. Por lo pronto, desde Naciones Unidas organizan talleres y acciones de comunicación para prevenir y alertar.

Gasman vuelve a remarcar que llamar a la pareja gorda, ridícula o decir que no entiende, es maltrato y es desigualdad. Y eso es injusticia: manifiesta el poder de unos sobre otros y el trato inequitativo que la cultura machista permite en las relaciones.

Seguramente muchos crean que no. Que no pasa nada. Pero sí: ‘En Panamá, el mayor porcentaje de violencia lo sufren las mujeres’, asegura Nadine, y justifica con las cifras de incidentes de violencias en las casas panameñas del Ministerio de Seguridad Pública. La Policía Nacional recibe muchas más denuncias por casos de abusos contra mujeres que contra hombres: en el primer trimestre del 2011 duplicaron los del año pasado y la cifra va en aumento, con más de 500 denuncias.

EVITARLO

¿Cómo evitar la violencia? ¿Cómo desterrarla del presente para construir un futuro más feliz? Ponerle fin al maltrato hacia las mujeres es, primero, aceptar que existe y, después, involucrarse. La Campaña ‘ÚNETE’ invita a los jóvenes a:

1) Dar cuenta de la magnitud y/o nivel de aceptación o tolerancia social frente al fenómeno de violencia.

2) Conocer y reconocer esta forma de violencia.

3) Denunciar y trabajar en en red, fuera y dentro de las universidades.

Nadine Gasman agrega que para tratar de combatir estas situaciones los jóvenes tienen que entender que los abusos son violencia, y no sólo los golpes. Por eso, hay que enseñarles a tener una relación sana y no evitar el tema. Eso sería una gran ayuda en el futuro, para las familias y los hijos que vendrán.