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24 de Jan de 2021

Cultura

La Gran Manzana

GASTRONOMÍA. M is últimos días en la gran manzana, fueron de descanso, habíamos caminado tanto que la piernas ya pedían usar más el met...

GASTRONOMÍA

M is últimos días en la gran manzana, fueron de descanso, habíamos caminado tanto que la piernas ya pedían usar más el metro que otra cosa. Asi usamos los dias para pequeñas compras olvidadas y a disfrutar de la ciudad. Paseíllo por Times Square, pizza y ensalada de almuerzo.

En la noche nos acercamos al que fuese una área peligrosa ,el abecedary district; convertido ahora en una apacible zona de bares y restaurantes étnicos y de todos los países. Tomamos unas cervezas artesanales en la terraza de un restaurante austriaco y fuimos cenar a un restaurante serbio.

Sorpresa, serbio, y ¿que comen los serbios? Pues algo muy parecido a lo que comen los búlgaros y lo que comen los griegos. Cocina muy mediterránea, quesos, lechuga, oregano, yogurt, pepino, limón, cordero, cebolla, tomate, pimientos, etc.. Pasamos bastante calor porque el restaurantito de treinta puestos no tenia aire acondicionado, nos tomamos un vino blanco serbio parecido a un torrontés que estaba delicioso y una botella de merlot que salvo que lo sirvieron como sopa y lo mandamos a refrescar estaba muy correcto y a un buen precio.

La comida fresca abundante y a un precio formidable. Mi paletilla de cordero asada impecable, las carnes de los niños espectaculares y el codillo de cerdo de mi señora estaba espectacular, los primos pidieron cordero igual que yo. El lugar no tiene otro atractivo que su comida y la presencia de serbios que acompañan con música y cánticos de su país la velada. El restaurante está ubicado en la avenida C en el numero 116 y el nombre es Kafana, la verdad que lo recomiendo, tanto por su realmente buen precio para Manhattan y su calidad, eso si manden a enfriar su vino si no quieren tomar sopa de vino.

En general me sorprendió el maltrato que le dan al vino en casi toda la ciudad, tenemos más cavas nosotros en Panamá que las que vi en Manhattan, los puristas me dirán que fui a restaurantes poco fancy pero es que en Panamá casi todos los restaurantes disponen de una cavita para los vinos tintos.

El servicio en general me pareció mucho más atento y predispuesto que el de nuestro patio y en general las decoraciones más elegantes y modernas, acordes también con la ciudad que estaba visitando.

Gastronómicamente es una de las pocas ciudades del mundo que tiene ofertas para todo tipo de público y variedad increíble te muevas por donde te muevas. Es una ciudad para experimentar, para recordar, para probar y saborear todo lo que gustes y para todos los gustos.

Buen provecho.