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22 de Nov de 2019

Cultura

Los colores de la fe y la oración

Los que creen, los que se aventuran a pensar que algo que no se ve, oye, toca, existe; juran que la fe mueve montañas. Y esa fe los muev...

Los que creen, los que se aventuran a pensar que algo que no se ve, oye, toca, existe; juran que la fe mueve montañas. Y esa fe los mueve, guía, estimula. Y esa fe actúa e impregna los ámbitos más impensados de su vida. Hasta el arte.

Así se encierra la definición de arte sacro: una obra artística realizada con fe. Así se plasma para los artistas que la cultivan: ‘La verdad del evangelio, expresada a través de un lenguaje simple y sencillo, para la comprensión masiva’, explica Luis Quiroz, y agrega: ‘La esencia del arte sacro es contar, narrar, trasmitir la vida de Nuestro Señor Jesucristo, de la Virgen María y de los Santos para que pueda ser percibida y comprendida por todas las personas, más allá de sus lenguas y culturas’.

Luis es un artista con fe que a los cinco años descubrió su vocación. Estudió pintura, cerámica, música, folcklore y cine y teatro, hasta que un día se sintió tocado, además, por otro designio: adulto, entró en la Congregación Benedictina como monje novicio. Lejos de dejar atrás lo aprendido, unió vocaciones. Hoy esa cohesión se ve en su arte, en cuadros y pinturas, en iglesias y parques de Latoniamérica.

-¿Difiere el arte sacro de otros tipos en cuanto a las rutinas y prácticas?

-Sí, exige un compromiso cotidiano del artista en la práctica de la Lectio-divina (lectura de la biblia), de la oración y los sacramentos, como alimento espiritual para alcanzar una obra que sirva para la liturgia.

-¿Cómo es su rutina creativa?

-Un lema de mi vida es ‘arte y fe’. Siempre he vivido así desde niño y no puedo vivir disociado. He comprendido que todo trabajo artístico lleva implícita una conexión espiritual, sea cual fuera el mensaje y la disciplina que se exprese. Sea para el artista creyente o el no creyente, expresa lo que su espíritu cree. Yo vivo como un ‘monje urbano", he optado esta forma de vida y es la que me hace feliz.

-¿Qué hace falta para el arte sacro?

-Es necesario estudiar técnicas, conocer las Sagradas Escrituras, realizar la "Lectio Divina"(lectura de la Biblia en estado de meditación y entrar en contemplación) a través de una práctica constante de la oración y los sacramentos. Tengo mucho tiempo de oración personal en forma diaria, visito enfermos y estudio; pero el día que sé que voy a pintar preparo todos los materiales sobre mi mesa de trabajo, voy a misa, me confieso, comulgo, como vegetales y semillas, tomo mucho mate o té, apago teléfonos y me sumerjo en un encuentro espiritual con música sacra, canto salmos, realizo la Lectio Divina del pasaje que voy a pintar o para saber qué quiere Dios en mi interior para este trabajo. La sensación final de mis jornadas es como haber pasado por un retiro espiritual, con mucha Paz y energía.

-¿Cree que es necesaria la promoción de este tipo de arte?

-Creo fervientemente que las obras que se deben entronizar en los templos, deben ser realizadas por artistas y no deben ser copias en materiales industriales. Para cada templo debe haber una obra única e irrepetible, que tenga las características de cada zona, mantenga el idioma de cada lugar y exprese el sentir de la gente que asiste a ese templo. Es importante promover un Arte Sacro renovado, utilizando los nuevos conceptos de comunicación para difundir las Sagradas Escrituras en una era donde la imagen tiene tanto valor como la palabra.

-¿Resulta complicado vender- mostrar su arte en una cultura que cada vez desvaloriza más lo "religioso"?

-En una sociedad donde se vive el ‘aquí y ahora’, sin proyectar hacia donde va, es muy difícil vender un arte que muestra la simpleza del evangelio. Nuestra sociedad está acostumbrada a la mentira, a "creer lo que no es" y el Arte Sacro es un instrumento para recordar el prototipo de Dios en quien creeemos; esa confrontación es negada por gran parte de nuestra sociedad. Una obra de arte sacro pintada en Oración, en ayuno, en contemplación trae una carga de verdad que despierta en el creyente un sentimiento interior que lo interpela constantemente. Mirando con lo ojos del corazón y la fe, esa obra habla interiormente y produce un estado de unión entre el mundo espiritual y el mundo físico. En una sociedad cada vez mas hedonista,el mundo espiritual es una molestia. Pero por suerte los que realizamos arte sacro conocemos que tiene un alto poder envangelizador y aceptamos esta forma de vida como un ministerio laical.

-¿Hubo un corte en las formas y colores del arte sacro? En un tiempo primó un concepto oscuro y atormentador...

-El arte sacro actual difiere mucho del arte que trajeron los conquistadores, porque hemos crecido mucho en estos dos mil doce años, desde el nacimiento de Nuestro Señor. Allí comienza la Iconografía porque se conoce el rostro de un Dios que trajo la Palabra de Salvación. Hoy sabemos que Nuestro Dios es un Dios de Misericordia, es el Dios del Amor, del Perdón y ese doloroso aprendizaje de nuestra historia nos lleva a expresar la alegría por creer en un Dios que ha Resucitado. Esa alegría debe manifestarse en los colores, en la luz que deben reflejar las obras de Arte Sacro. Y, por sobre todas las cosas, revalorizar el mensaje que revolucionó la historia; Jesús dijo "Ama a tu prójimo como a ti mismo".