16 de Ago de 2022

Cultura

El vino, un estilo de vida

Quien no conoce un viñedo no puede tener siquiera una idea d e lo que cuesta hacer una botella de vino, pero para quienes han realizado ...

Quien no conoce un viñedo no puede tener siquiera una idea d e lo que cuesta hacer una botella de vino, pero para quienes han realizado este oficio, por generaciones, no se trata ni siqueira de un negocio. Es más un estilo de vida.

‘Para nosotros esto es un modo de vida, un sentimiento con el que hemos nacido porque d e alguna manera nos han salido los dientes aquí’, dice Javier Moro en entrevista a Facetas. ‘Hemos crecido entre viñas, hemos jugado a pisar uva, es un sentir especial, algo que se lleva intrínseco que lleva uno dentro, Y eso es lo que intentamos plasmar en la personalidad de nuestros vinos’, dice Moro con todo orgullo.

Sobre su visita a Panamá, Moro dice con sencillez que su objetivo es ‘dar a conocer mi bodega, aunque ya llevamos unos años aquí’, sus vinos son distribuidos en Panamá desde hace unos 15 años.

‘Estamos tirando fuerte del carro y dando a conocer a Paanmá los vinos que hacemos en la Ribera del Duero, los vinos que hacen en particular Bodegas Emilio Moro y mi misión es a través de ustedes, a través de catas y a través del equipo comercial, poner en valor una de las grandes bodegas de la Ribera del Duero , no porque lo diga yo, porque sea mía, sino porque así está considerada internacionalmente, es de las representativas de España’.

Moro participó durante su corta estadía en una cena maridada ofrecida en el restaurante A fuego Lento a la cual asistieron clientes e invitados especiales de Spirit Wine Group.

Es la segunda vez que Moro vi sita nuestro país, la primera fue hace 15 años y hoy nota una gran diferencia en cuanto al mundo del vino en Panamá.

‘Cuando vine por primera vez, Panamá estaba en pañales en el mundo del vino. A lo mejor lo bebía una élite, gente que viaja y conoce otro países, pero estamos notando de unos 5 años para acá, un interés real por el vino que refleja que más gente va entrando a la cultura del vino’, se atreve a asegurar Moro.

‘Panamá está yendo a más, las ventas van a más, el vino español es un vino considerado de calidad aunque hay otros más cercanos, pero estos tienen más alma, pero lo que es evidente es que Panamá está abriendo los ojos al mundo del vino’, agrega.

Y es que hay que buscar que se den las condiciones para que esto ocurra: una mejor y mayor oferta, que el vino sea presentado en las mejores condiciones, entre estas, copas adecuadas y temperatura correcta. La presencia de sommeliers garantizan que las comidas que se consuman en los restaurantes se acompañen con las opciones más indicadas.

‘Esa es nuestra idea, aportar nuestra sapiencia y enseñar nuestro producto para que los conozcan. Quiero que en Panamá sepan los vinos buenos que hacemos’, insiste Moro.

Moro presentó la nueva imagen de sus productos. Nuevas presentaciones y etiquetas acordes con los tres pilares que sostienen su empresa: tradición innovación y responsabilidad social empresarial.

Las nuevas botellas que contienen los vinos de Emilio Moro cuentan con una imagen circular con fotografías de los primeros años de sus viñedos.

‘Les da aire retro, vintage a los vinos. Viene a recordar un poco los orígenes de la familia y la buena relación calidad- precio de estos vinos; vinos muy contundentes, elaborados con la variedad más importante de la zona que es la ‘tinta fina’.

Las bodegas funcionan gracias a los frutos de 200 hectáreas de viñedos; los más antiguos van llegando a los 90 años de edad mientras que los más nuevos tienen escasos cuatro.

Y son justamente los años de los viñedos los que ofrecen esa diferencia entre la variedad de productos que elaboran las bodegas con una sola variedad de uva. ‘Con la misma variedad, en función de la altitud y la edad de los viñedos vamos configurando cada estilo de vino’, detalla Moro.

Finca Resalso: Lleva el nombre de un viñedo histórico que se plantó en 1932, año en que nació Emilio Moro. ‘Es el primer vino que hemos hecho, con 4 meses de barrica, utilizamos los viñedos más jóvenes de la bodega, entre 4 y 14 años’.

Le sigue Emilio Moro: ‘Lleva el nombre de e mi padre, de mi abuelo y el nombre de la bodega, es alma mater de la bodega, el que vertebra un poco ante la juventud y los vinos top, un vino con unas condiciones muy buenas, está hecho con los viñedos medios de la bodega, de entre 15 y 25 años y 12 meses de guarda en barrica’.

Otro de sus productos se llama Malleolus, ‘majuelo’ en latín. ‘Con ese nombre se denominaba en Pesquera de Duero a lo que ahora llamamos viñedo. Los viñedos viejos se llaman majuelo mientras que los menores de 35 años no llevan ese nombre pues están emparrados y se manejan bajo otro sistema de trabajo’.

Malleolus tiene 18 meses en barrica y está elaborado con los viñedos más antiguos de la bodega, de entre 25 y 75 años.

Le siguen sus dos vinos top: Valderramiro, que está hecho con los viñedos más antiguos de la bodega que tienen entre 80 y 85 años y su producción es de 7 mil 500 botellas, ‘Es un vino con mucho poderío, con mucha estructura’, y Sanchomartín, 2 mil 500 botellas, de un producto hecho con uvas provenientes de un solo majuelo con menos de una hectárea de extensión. ‘Un vino con muchísima personalidad y calidad, tienen todo lo que se le puede pedir a un vino grande, con una paleta de aromas y sensaciones que hacen que sea complejo y especial’.

La tercera generación de Bodegas Emilio Moro es también la primera generación de la bodega Cepa 21. ‘Queríamos poner en valor un proyecto nuevo, liderado por nosotros y partiendo de cero’, dice Moro.

Los nuevos viñedos fueron plantados con el clon personal ‘el mayor valor dentro de al bodega’, sin embargo la dinámica de los productos es completamente diferente.

‘Cepa 21 ofrece vinos con un corte muy frutal, muy elegantes fáciles de beber, frescos en nariz, que lleguen a la gente. Actualmente tenemos cuatro vinos’.

Moro se tomó los últimos minutos de entrevista para conversar sobre los proyectos de responsabilidad social empresarial que llevan a cabo a través de la Fundación Emilio Moro, específicamente en el proyecto ‘El vino ayuda al agua’.

‘Hacemos lo contrario que en las bodas de Caná’, dice en forma graciosa. El proyecto consiste en dotar de agua a comunidades que no tienen acceso a ella con fondos obtenidos de la venta de un vino muy especial: Emilio Moro Clon de familia, vino hecho con viñedos seleccionados de suelos arcillosos, calcáreos y arenosos, que son los que dan la personalidad de la zona y que son elaborados aparte. El resultado son 996 botellas numeradas de un vino muy especial y elegante cuyas ventas se destinan a este y otros programas de la fundación. Cumplen así con su tercer pilar.