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21 de Apr de 2021

Cultura

Vicisitudes que vienen con el triunfo

Los amigos de ‘La Estrella’ me han pedido que relate lo que significó para mí haber ganado el Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró...

Los amigos de ‘La Estrella’ me han pedido que relate lo que significó para mí haber ganado el Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró en el 2011, en el género poesía. La verdad, me quedo sin palabras, yo que me jacto de jugar con ellas en poemas y canciones. Recurro a las palabras de la gran Patti Smith, quien dijo lo siguiente al recibir ella misma un premio literario: ‘La verdad es que ningún artista debería necesitar premio alguno, pero cuando los recibimos, por supuesto que nos alegra’.

Lo segundo que me sale del forro decir es que fue grato ganar el premio el mismo año en que Roberto Quintero se lo ganó en el género teatro. (A Roberto, con permiso, lo llamaré de ahora en adelante por su seudónimo literario, Winnie Sitton, mismo con el que los funcionarios del INAC no le permitieron firmar su obra ganadora por más que el hombre argumentó, discutió y finalmente —sí, yo mismo lo vi hacerlo— pataleó y rabió).

Vaya usted a saber por qué misteriosas razones no se lo permitieron; tal vez alguien pesado en el INAC tenía algún trauma de la niñez con el osito de la clásica serie animada, o simplemente no le gustaba el café —disculpen mi falta de imaginación-. En fin, Winnie y yo nacimos el mismo año, con escasos meses de diferencia; somos de la misma generación de barbudos soñadores, medio idealistas, un tanto trasnochados, maleducados, bocones, sarcásticos, a veces borrachos rompegrupo y narcisistas al mejor estilo de las redes sociales; pero somos buenos pela’os.

Nos parecemos en muchas cosas, excepto en nuestros gustos musicales (no te preocupes, hermano, no voy a revelar el nombre de tus canciones favoritas; ya se enterarán en el concierto que realizarás en el Teatro Amador el tres de octubre; ¡golazo!). Nuestra amistad se afianzó gracias al premio Ricardo Miró y ya eso fue ganancia; a parte de los quince mil palos, claro está, que, ¡Dios, cómo resuelven!, por lo menos a mí, porque eso de vender libros como si fueran h amburguesas es un arte que dominan muy pocos.

Así que yo sí que necesitaba ganármelo, y estoy seguro de que Winnie también. Por otro lado, siempre es grato cuando un joven desconocido se gana el Miró. Nada en contra de los vejetes, y mucho menos de nuestro amigo Neco Endara, quien fue el otro premiado en el 2011. Tres Miró se ganó el muy hijo de su madre, en los géneros Ensayo, Novela y Cuento. El sinvergüenza nos dijo con una sonrisa de oreja a oreja que Winnie y yo habíamos evitado que arrasara con el premio en las cinco categorías —él había participado también en poesía y teatro— y que estaba contento de haber perdido esa oportunidad por culpa nuestra. Neco: sensibilidad, sentido del humor y desparpajo.

Como última anécdota tengo que contarles lo que me dijo la directora de la institución universitaria privada en la que me encontraba estudiando al momento de ganarme el Miró: Al yo pedirle permiso para ausentarme una semana del centro de estudios para asistir a las actividades relacionadas con el premio, la ilustre directora me preguntó muy oronda: ‘Y ¿qué premio es ese?’ Yo solo le sonreí y pensé: ‘Vaya, esto sí que es poesía pura’.

MÚSICO Y POETA