Temas Especiales

09 de Apr de 2020

Cultura

Revuelta académica

Para Werner Mackenbach, catedrático de Wilhelm y Alexander von Humboldt en Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Ri...

Para Werner Mackenbach, catedrático de Wilhelm y Alexander von Humboldt en Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica, América Latina es un territorio fértil para la utopía. ‘La utopía deshabitada. La novela nicaragüense de los años ochenta y noventa’, fue precisamente la tesis que lo habilitó como docente universitario en la Universidad de Potsdam, Alemania. Su peregrinar como profesor invitado de universidades en países como México, Chile, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, le ha brindado la oportunidad de poner a prueba lo concebido en el terreno de lo teórico.

Recientemente, el director del Centro de Información para Centroamérica del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD) (Costa Rica, de 2003 a 2009) y autor de varias publicaciones sobre historia, política y literatura centroamericanas y del Caribe, compartió con Facetas sus impresiones acerca de la revisión histórica que tiene lugar en América Latina y que tiene sus raíces en los movimientos de descolonización.

HAS DEDICADO GRAN PARTE DE TU VIDA ACADÉMICA E INTELECTUAL AL ISTMO CENTROAMERICANO, ¿PUEDES CONTARNOS UN POCO CÓMO FUE LA APROXIMACIÓN DE UN ALEMÁN A ESTA ‘ÁREA’ CASI MUY POCO ESTUDIADA POR LAS TRADICIONES ACADÉMICAS EUROPEAS?

Como para muchos de mi generación todo comienza con un interés y un compromiso político por los múltiples intentos de las poblaciones centroamericanas de romper la larga cadena de regímenes dictatoriales e intervenciones militares, especialmente, a partir de los años sesenta y setenta. Después, en la medida que conocimos a las personas de carne y hueso, sus tradiciones y culturas, nos dedicamos a estudiar aspectos de su rico legado cultural y artístico. Es así como llego a estudiar –como académico formado en literatura hispanoamericana, en general– las literaturas, las culturas y la historia del Istmo, compromiso que me ha ocupado ya hace más de veinte años; y la abundancia de estas culturas centroamericanas no me deja ver un fin de este camino tomado hace rato.

HOY DÍA SE ABRE UN ENORME ESPACIO QUE NO SOLO ES ECONÓMICO, SINO TAMBIÉN DEL IMAGINARIO PARA TODO EL CONTINENTE: EL MAR DEL SUR. ¿CÓMO SE EXPLICA QUE NO EXISTA UNA FUERTE NARRATIVA DEL PACÍFICO LATINOAMERICANO A PESAR DE QUE NUESTRAS COSTAS ESTÁN BAÑADAS POR ESE MAR?

No hay que olvidar que el ‘descubrimiento’ de América es uno de los factores principales de la construcción hemisférica de Occidente. Es decir, a pesar de que Cristóbal Colón se mantuvo hasta su muerte aferrado a la obsesión que había llegado a las costas de la India, la construcción de América Latina estuvo dominada por sus relaciones con los poderes mundiales europeos. Es decir, las relaciones transatlánticas determinaban el quehacer de los estados latinoamericanos, muy en particular de sus élites y los imaginarios de ellas. Los modelos europeos y eurocéntricos moldearon durante siglos las articulaciones y expresiones artísticas, particularmente las literarias, de estas élites. Sin embargo, hay otras tradiciones e influencias que también se manifiestan en estas literaturas, de África, de los países árabes, de las culturas asiáticas y de Oceanía. Mientras que existen muchos estudios en el campo económico y militar que se dedican a las relaciones transpacíficas de América Latina, en los estudios literarios y culturales todavía hay mucho camino por recorrer hasta entender estas dimensiones en toda su relevancia. La gesta de Balboa hace exactamente 500 años abrió el paso al Mar del Sur en función de los intereses europeos. Ya es tiempo de abrirnos para la dimensión de las Américas entre los dos océanos.

PARA LOS ESTUDIOSOS DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE, ¿CUÁLES SON LOS NUEVOS RETOS TEÓRICOS O EPISTEMOLÓGICOS EN ESTE SIGLO XXI QUE APENAS SE INAUGURA?

Veo dos grandes desafíos a inicios de este siglo: por un lado, los estudios de América Latina y el Caribe durante largos períodos han sido dominados por los regional o ‘area studies’, que por su lado estaban influenciados por una visión de guerra fría que entendía la región en términos de territorio, frontera, delimitación y ‘hinterland’ o –como en el caso de América Central– ‘patio trasero’ del respectivo poder colonial o neo-colonial a lo largo de más cinco siglos. Hoy en día es preciso superar esa visión y abrir los estudios hacia una comprensión de esta región como espacios dinámicos, en movimiento que se caracterizan por los múltiples entrecruzamientos culturales, políticos, económicos, sociales, religiosos, migratorios, etc., a lo largo de su historia en los que radican su riqueza y diversidad. Esta es la propuesta de los ‘TransArea Studies’ que se han ido perfilando hace algunos años. Por el otro lado –y muy vinculado con esto–, los estudios de América Latina y el Caribe han estado aferrados a la búsqueda de identidad(es), especialmente a partir de la construcción de estados-nación en el siglo XIX. Muy en particular, este paradigma ha prevalecido en las Ciencias Sociales, pero también en las Humanidades (como por ejemplo, los estudios literarios) y en el peor de los casos ha servido como legitimador de numerosos proyectos político-culturales excluyentes. Ya es tiempo de romper con esta orientación y dedicarse a estudiar las formas, problemas y perspectivas de una convivencia más allá de la mera coexistencia, es decir, pensar e imaginar formas de convivencia en la diferencia más democráticas, equitativas y justas, a nivel de la organización político-estatal como a nivel social-comunitario y familiar-individual.

HABLEMOS UN POCO DEL CANAL POR NICARAGUA, ¿QUÉ LUGAR TIENE ÉSTE EN SU IMAGINARIO LITERARIO Y COLECTIVO COMO NACIÓN?

Fue –y parece que sigue siendo– el sueño secular de las élites nicaragüenses y su ilusión de encontrar en ese canal la clave para el desarrollo del país, que ha tenido múltiples reflejos en la literatura nicaragüense. Sabemos que la historia ha sido diferente. Hoy en día hay un renacimiento de esta idea fija ya en un contexto completamente cambiado que tiene que ver con las nuevas constelaciones mundiales de poder e intereses económicos y geo-estratégicos con una fuerte presencia de algunos países asiáticos. Tengo grandes dudas si esto va a resultar en la construcción de un canal en Nicaragua. Parece que grandes partes de la población nicaragüense no están dispuestas a vender su país a cambio de un canal interoceánico. De toda manera, espero que la decisión sobre un tal proyecto con todas sus consecuencias sea resultado de un proceso democrático y transparente.

PENSAR EN TÉRMINOS PRAGMÁTICOS, ¿PODRÍA PENSARSE PARA EL SIGLO XXI EN UN ISTMO CENTROAMERICANO VERDADERAMENTE INTEGRADO CUANDO VIAJAR POR AVIÓN DE COSTA RICA A PANAMÁ (Y VICEVERSA) ES MUCHO MÁS CARO QUE HACERLO A NEW YORK O MISMO A ASIA O EUROPA, POR EJEMPLO?

Esta pregunta tiene que ser respondida por las poblaciones centroamericanas mismas y sus instituciones de representación política. Yo solamente puedo contestar con otras preguntas: ¿Qué lugar habrá para Centroamérica (y el Caribe) en la actual ‘constelación americana’ – entre el bloque del Norte, el NAFTA con México, y el Sur con Brasil como nuevo polo de atracción? ¿Se puede pensar en un papel propio de esta región en el centro de las Américas? ¿Habrá un futuro de este espacio de micro-estados? Me parece solamente concebible con una mayor integración que supere esta situación de micro-unidades aisladas, sin perder su diversidad, es decir, pensando en una convivencia en la diferencia de este espacio en el que viven más de 80 millones de personas, un potencial para nada insignificante, con sus poblaciones tan ricas en tradiciones, idiosincracias, culturas y experiencias. Centroamérica o América Central integrada solamente existirá si los centroamericanos quieren que exista. No hay automatismos ni respuestas prefabricadas.