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11 de Apr de 2021

Cultura

Y marzo ya es calor, una fogata

El fuego. La mujer. La batalla. La mirada. El dolor. La traición. El mundo se cae. Se derrumba. Se rompe. No hace falta que sea en mil p...

El fuego. La mujer. La batalla. La mirada. El dolor. La traición. El mundo se cae. Se derrumba. Se rompe. No hace falta que sea en mil pedazos. Con que se rompa en dos es suficiente. Ella. Yo. Pedazos. Es noche. De nuevo es noche. Recuerdo el pedazo que soy. Recuerdo otro pedazo y me gustaría decir ‘tú’. Pienso en colores y no pido disculpas. Rojo es el pedazo que tengo entre las manos.

Con la juventud en flor, con la piel joven y los ojos ingenuos, escribí poemas: Tu piel, tu piel cerca de las llamas. La esperanza en tu boca. Y tu boca ya tan desconocida. Otras veces escribía notas en mi diario (ay, cuántos diarios, cuánto nombre repetido tanto, dibujos y lamentos): Fui al río a borrar tristezas. Pero no hay caudal que borre lo que siento. También desperdicié canciones: Fogata que rompe vidas. Animal el alcohol que nocturnamente corre por la sangre. Juego, quiero ver el juego de tus brazos a las brasas. ¿Nos salvará el agua? ¿Me regresas a lo verde con tu voluntad de hoja?

Estas palabras no son nada para el tiempo, o más bien el tiempo no es nada para ellas. Ahora, a pesar de todo, es marzo. (Diré, más tarde, lo sé, que marzo es viejo, o algo por allí. No recuerdo. Poco importa. Es poesía.) Ahora marzo es río, río y fogata. Y al calor de la fogata escribo: ahora escribiré bien. Todo estará bien, como se supone que debe estar, pero la verdad es que las cosas me cuestan. Me cuestan mucho.

Es difícil adaptarse a una nueva cabaña, a un nuevo fuego, a la nueva lengua de calor que sale de él. Quiero mi lengua antigua, mi lengua de antes, siempre húmeda y comprensiva. Me asusta lo joven. Quiero morir sobre esta cama oliendo a viejo, oliendo a cansado y puro, y marzo. Sí, oliendo a marzo, porque marzo es el mes más caliente y yo soy una criatura caliente, un reptil caliente de sangre fría.

Yo no te daré de beber mi sangre, te daré mi piel para comer, para que se te quemen las entrañas. Y voy a escribir bien, eso se supone. Las cosas quedarán de maravilla, pronto, muy pronto, los ruidos que nos rodean, las visiones que nos acosan y bailan y nos circundan dentro de su prisión de danza, empezarán a quedar estupendas, porque ahora empezamos a nacer de nuevo hombres sin piel, solo hombres con lengua, lengua vieja, que no nueva, carajo, que lo nuevo y joven es superfluo y complicado como lo es marzo, y complicado como lo es un viejo cansado y puro. Y marzo es ya calor. Y me gustaría terminar en circularmente, porque el calor es círculo, es anillo. Y las llaman hablan: El fuego. La mujer. La batalla. La mirada. El dolor. La traición. El mundo se cae. Se derrumba. Se rompe. No hace falta que sea en mil pedazos. Con que se rompa en dos es suficiente. Ella. Yo. Pedazos.

MÚSICO Y POETA