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30 de Oct de 2020

Cultura

Los otros colores de la ciudad

¿Empuñar una lata de spray es sinónimo de vandalismo? No para los grafiteros, que encuentran la libertad artística en las calles

Cuando la música hip hop aún se bailaba con los pantalones arriba de la cintura, en los 70s, en Nueva York, los integrantes de una subcultura veían en cada vagón de ferrocarril un lienzo en blanco: un espacio vulnerable a la pintura expulsada a través de un atomizador a presión, el spray. Y se hizo el grafiti.

TODO EMPIEZA CON UN NOMBRE

En Santa Clara, ciudad de Panamá, dos escolares, después de haber comprado una lata de spray negro en un súper, se disponen a pintar la parte de atrás de una mueblería llamada Confort. Es 1993 y MTV Latinoamérica recién inicia sus transmisiones por cable.

Uno de los escolares era Eduardo De León. ‘No habíamos ni trazado dos líneas en la pared que daba hacia el barrio de Marcaza cuando oímos unos disparos’, comenta el hoy graffitero conocido como Nel One.

No sabía si eran disparos al aire o hacia ellos, pero quien jalaba del gatillo era un guardia de seguridad del almacén. ‘Quizás pensaba que íbamos a robar o algo. En ese entonces en Panamá no había una cultura de grafiti, aunque sabíamos que se llamaba así’.

Desde aquel entonces, Nel One no volvió a rayar en otra pared que no haya estado en su barrio, cerca de su casa o en lugares que ya conocía. ‘Para ese tiempo nosotros nada más pintábamos nuestros nombres. Es en lo que te basas cuando empiezas, todo inicia así pero al final uno se transforma’.

Poco De León fue agarrando confianza. Ya no solo hacía ‘tags’ (pintar una firma con aerosol), sino que se atrevía a trabajar murales o piezas, en fin, otros estilos de grafiti.

BOMBAS ARTÍSTICAS

Además de los ‘tags’ y los murales está el ‘bombing’. Este último -llamado también bombardeo- consiste en salir a pintar letras gruesas a diferencia del ‘tag’, que consiste en un solo trazo. Generalmente son de dos o más colores y las letras tienen relleno, sombras y hasta powerlines , o sea, líneas que separan la letra del fondo.

‘Pintas en la calle porque simplemente quieres ver tu nombre ahí. Pintas ‘bombing’ porque te gusta y quieres ver tu nombre en tal lado, y es ilegal’, manifiesta OER, un grafitero que se mantiene activo en las calles desde hace tres años.

‘Al principio pensé que era fácil y descubrí que no lo era. Empiezas como tonto, con ganas de hacerlo pero no te sale y con el tiempo, las mismas ganas te permiten ir mejorando’, comenta. Como en el resto de ramas del arte, en el grafiti la competencia es más con uno mismo que con los demás.

El grafiti no se enseña en colegios ni universidades. La escuela del grafiti no es otra que la calle, donde nació el oficio de lanzar trazos con aerosol. ‘Nadie me enseñó y si alguien quiere aprender, ellos mismos deberían esforzarse como lo hice yo’, sentencia OER, asiduo ‘bomber’ en Panamá Pacífico. Comenta que si algún joven se le acerca preguntándole si le puede enseñar, la respuesta sería negativa. Es celoso con sus bombas.

‘Es una decisión bien individual. Algunos quieren hacer ‘vandals’ (pintar sin pedir permiso), otros quieren hacer ‘bombings’ y otros quieren hacer cosas legales que es lo que hago yo’, aclara el artista Fer Garvey. ‘Cada uno toma una ruta y cada uno decide qué hacer, como es en cualquier otro trabajo en la vida’.

COLORES FUGACES

Pero, ¿cómo se escoge un lugar a pintar? ‘Antes de hacerlo tienes que tener el spot ya listo’, explica el ‘writer’ (graffitero) OER. ‘Puedes levantarte en la mañana —por lo menos en mi caso que vivo en La Chorrera—, agarrar un bus que va hacia Panamá ‘y en ese trayecto paseas; o caminas y ahí ves los diferentes lugares antes de pintarlos’.

Algo parecido le ocurre a la artista que emplea el seudónimo EVA D. ‘Veo un lugar y digo, chuleta, quiero pintarlo, es como una necesidad o simplemente lo encuentro bonito’, asegura. ‘Veo una casa derrumbada y digo ‘¿por qué no pintar ahí adentro y dejarlo ahí aunque la vayan a derrumbar?’. Hay veces que es efímero, pero la gracia es que pase’.

Entonces, ¿qué es empuja a una persona a presionar el botón del aerosol y hacer trazos sobre la pared? ¿Por qué el hecho tan ‘efímero’ de dibujar algo a sabiendas que lo van a borrar o que van demoler el edificio es irresistible para algunos? ‘Porque yo prefiero salir a la calle y ver algo más que una propaganda política. No quiero limitarme a que solo dentro de las cuatro paredes de una habitación (galería) es que se pueda ver arte’, advierte EVA D.

ARTE QUE INVADE

Los espacios públicos son precisamente eso, sitios abiertos a la comunidad. Cuando se habla de propiedad privada, si no existe una autorización previa para pintar la legislación panameña puede imponer una multa o legislación

‘Yo pienso que todos tienen derecho a pintar lo que sea, siempre y cuando respeten a cada una de las personas que les rodea, independientemente de religión, el hecho o espacio’, retoma Garvey. ‘El hecho de que tú te expreses no te da el derecho de ofender a nadie. Los artistas normalmente solemos ser bien respetuosos en ese sentido porque queremos que nos respeten’.

‘Gran parte del tiempo pido permisos, y parte de los permisos consisten en avisarle a la gente que vive alrededor para que no piensen que es otra cosa’, comenta otro ‘writer’ HED09.

Por otro lado, EVA D recomienda siempre tener a mano un sketch de lo que se va a plasmar en un muro. ‘Hay veces que es bueno llegar y mostrar lo que vas a hacer. Tener tu ‘sketch’ en mano es un salve. A mí me ha pasado que yo he convencido a policías porque les he mostrado el boceto’.

Por su parte, Fer Garvey y Nel One, coinciden en que aunque todos los trabajos que ellos hacen son con permiso, no tienen nada en contra de quienes lo hacen sin el mismo, porque ahí está la raíz, la base del grafiti.

Alfredo Belda tiene otra mirada. ‘No creo que haya que censurarlo porque hay todo tipo de graffiti —tags, bombings y piezas—’, establece el integrante de ‘El Kolectivo’ (agrupación que realiza protestas sociales a través del arte). ‘Pero un grafiti no puede ser perpetuo, y ahí está la discusión. Si la obra de arte es un mensaje político o histórico debería quedarse la mayor cantidad de tiempo posible, pero si es una obra de arte solamente estética y dibujo, para mí, debería circular, cada seis meses un nuevo graffiti’.

De cualquier modo, el grafiti es una forma de expresión que no se limita a plasmar una firma. Pueden ser ilustraciones, paisajes, retratos y hasta piezas colectivas. Censurado o no, penalizado o no, seguirá existiendo, tal como lo ha venido haciendo desde las pinturas rupestres en las cavernas. O como lo hace hoy en día con las obras que Bansky, un artista callejero bitánico de impacto mundial, crea en las calles. Así será mientras continúe naciendo de la necesidad de decir algo, de gritarlo, y de darle otro color a un lugar, a un país, a una ciudad.