13 de Ago de 2022

Cultura

Ese regalo musical llamado jazz

La capital es otra después del Jazz Fest. Atrás quedó la semana de la música que superó expectativas y en 2016 promete

La campana suena en clave. Un trombón, una trompeta y un contrabajo dialogan con agilidad sobre una línea de salsa. Los timbales retumban y el piano se filtra en los tiempos vacíos, lanzando una chispa que enciende el baile a campo abierto en Ciudad del Saber. El sábado está a punto de acabar, al igual que el duodécimo Panama Jazz Festival, y cerca de la ribera del Canal, una casualidad climática evidenciaba la idiosincrasia panameña: después de la lluvia no viene la calma, sino más bien la rumba.

Danilo Pérez ya se había lanzado un dúo magistral con Rubén Blades para después improvisar junto a tres tecladistas, desencadenando la ovación del público. Pero son alrededor de las once de la noche, y el emblemático jazzista del istmo es ahora el director de la orquesta La Kshamba sobre el escenario. Levanta la mano y silencia todos los instrumentos exceptuando al piano, comprometiendo al músico a un solo de improvisación, los acordes se van haciendo más agudos hasta que Danilo manda la orden de ataque al resto de la orquesta. Al despliegue de sabor y técnica, se unen las voces del micrófono que invocan: ‘Que viva el jazz, que viva Panamá’.

DOSIS DE SALSA Y JAZZ

Cuando llega enero a Panamá, la música le recuerda a la gente que está viva. Aquel sábado 17 de enero por la noche, se puso fin en las áreas revertidas a una semana que cada año siembra un interés por ese arte que se acurruca en los oídos.

Desde el lunes un virtuoso flautista de apellido Marvuglio fomentaría el ‘jam’ en La Plaza de Ciudad del Saber a la hora de almuerzo. Con el mismo fervor se encenderían las noches en el Danilo’s Jazz Club del Casco Antiguo, siendo el último concierto un tributo a Eric Dolphy, un saxofonista que le dijo adiós al mundo postrado en una cama por diabetes, fatalmente confundido por drogadicto, y a quien se le rindió homenaje en esta edición del festival.

El resto de conciertos en los que el jazz coqueteaba con la salsa y varias fusiones musicales, se repartirían entre el Ateneo, el Holiday Inn, la Gala en el Teatro Nacional –a la que no se le permitió la entrada a quien suscribe– y el Centro de Convenciones de Ciudad del Saber.

Un puñado de músicos de distintos conservatorios e instituciones de prestigio en el género jazzístico, incluida la Berklee College of Music, e intérpretes de renombre como Phil Ranelin, Miguel Zenón, Pedrito Martínez, Claudia Acuña y Patricia Zárate, hicieron que la música brote en distintos puntos de la capital.

Pero quizás lo más fructífero de este festival sean las actividades que están detrás del escenario, puesto que del 12 al 17 de enero también se estuvieron dando las clínicas musicales, en las que se daba la conexión entre músicos noveles y la experiencia de los maestros de añejo recorrido.

Sin duda, un festival que en cada edición renueva su relación con la audiencia, además de sumar nuevos adeptos. No es tanto una cuestión de género musical, sino de convivencia cultural ‘del corazón de América para el mundo’, sujería en 2015 el eslogan.