12 de Ago de 2022

Cultura

Cuando un género musical es salpicado por la violencia

Un viaje al asesinato de un reggaesero para plantearnos la realidad de un tipo de música marginada por el prejuicio.

Cuando un género musical es salpicado por la violencia
Cuando un género musical es salpicado por la violencia

A un conocido cantante de reggae lo vienen siguiendo. El escenario está listo, la gente prendida, es la atmósfera perfecta para lo inesperado. El roquero Cienfue le pone pausa a su repertorio para invitar a un cantante de reggae a la tarima. Camisa de cuadros, jeans, micrófono inalámbrico. Leonardo Renato Alvarado sube las gradas hacia las luces vocalizando ‘One, Two, Check'. La noche es cálida en el Parque V Centenario del Casco Antiguo, cierra el Macrofest del 2011 y en la euforia de la audiencia no se sospecha que esta es la última vez que ‘El Kid' se presenta ante un público nuevo.

Es una audiencia distinta a la de sus seguidores. Un puñado de melómanos con el que de pronto hay una inesperada conexión. Aquel proyecto musical, Radio Metropoliz, demostraría que el rock y el reggae en español son sustancias combinables.

Al día siguiente, en una cancha de baloncesto, se servía comida y alcohol. Una fiesta, tarima incluida. El Kid baja del escenario para tomarse una foto con una fan. Es la misma escena que la noche anterior en el Casco, ahora, frente al edificio Centenario del sector El Marañón. Pero esta vez un hombre alza el brazo empuñando un arma y una ráfaga de disparos atraviesa al cantante, sin razón aparente. El cuerpo cae y se ahoga en el grito enmudecido de un charco de sangre. Es el color de lo incierto, con el sonido de 21 detonaciones de fondo.

‘Lo de mi hijo fue envidia —dice Renato, padre de El Kid y del reggae en español—, lo de mi hijo fue envidia porque era el artista que iba a representar a Panamá internacionalmente'. Sentado en el estudio fotográfico de su casa, Renato hace una pausa recordando la memoria de ‘Tito', a quien dice le habla cuando ve la foto que le tomó días antes del asesinato. ‘Mi hijo no era pandillero, conocía a todos los pandilleros, es como yo, yo conocí muchos pandilleros en los tiempos míos, pero no por eso me van a matar. ¿Cuál es el beneficio de mi muerte? ¡Ninguno! ‘Tas dañando al país. Eso fue lo que pasó, dañaron al artista que iba a poner nuevamente en el mapa al país'.

Antes de El Kid, los reggaeseros iban a las cabinas de radio a promocionar sus discos. Pero con él ocurrió un fenómeno distinto. No había sonado en la radio cuando ya tenía alrededor de veinte canciones pegadas en una página web. ‘El Kid es un referente contemporáneo del cambio en la forma de mercadear la música', dice el productor de reggae ‘Pucho' Bustamante. Su música, incluso, le dio origen a otro género urbano bastante aceptado, el reggae con rasgos de rap en la voz. Es decir, estamos frente a la figura de un intérprete que tenía cierto valor, con un estilo genuino que no rompe con lo que se venía haciendo sino que simplemente le da otro matiz. El Kid le cantaba al amor, pero también al barrio. Y lo mataron.

LOS PRENDETARIMAS

Hay gente que todavía le da el pésame a Renato. Y no es el único caso del asesinato de un reggaesero. En 2008 asesinaron a Danger Man, uno de los músicos cuyas líricas movió bastante al sector popular. Ese mismo año en la provincia de Colón El Velaxx, otro talento joven, fue ultimado a disparos. Lo mismo le sucedió a Tony El Yeyo, amigo de El Kid, y también a Murder Cat, en un incidente perpetrado por desconocidos de Juan Díaz.

Para el ex cantante de reggae Elian Davis, El Kid era de barrio y, como tal, quería expresar muchas vivencias de lo que observaba a diario. Pero —explica— es algo que hay que saber proyectar. ‘Tengo entendido que el que lo mató era de una banda de Avenida Ancón, que era una calle más arriba. El Kid estaba cantando por esta área y esa banda de Avenida Ancón tenía problemas con la banda de donde era él, de San Pedro, entonces el de la banda fue hasta allá y aprovechó. Entonces, por eso digo, una de las cosas que el artista tiene que saber es que debe ser neutral, no tiene que meterse en esas cosas porque hay personas que lo toman a pecho entre banda contra banda, y estar metido en eso es problema. El artista, en lugar de dividir debe unir', dice el también productor, quien recibió una llamada la tarde de aquel homicidio y se encargó de darle a Renato la noticia sobre su hijo.

‘Tú nunca vas a ver un titular cuando un rico mata a un rico', dice ‘Pucho' Bustamante. Recientemente, se detuvo al cantante Mr. Saik por supuesta posesión de armas sin permiso y un grinder (triturador de marihuana). Un hecho que a vista de paso ágil es suficiente como para encasillar al artista. Pero la posesión de armas, que luego se esclarecería tenía el permiso correspondiente, más allá de vincularse a la ‘maleantería', plantea el qué tan vulnerable es un cantante de este género musical a la violencia.

‘El artista está muy expuesto —advierte Bustamante—. Existe un tema de iniciación de banda'. Para el productor, una vez que un reggaesero adquiere cierta fama, se convierte en un blanco de las pandillas. ‘El que está pensando que va a ir a una feria o un concierto de estos y va a estar tranquilo en ese lugar, está loco', adiciona.

Pero esto de tener en la mira al que canta sobre el escenario no es exclusivo de Panamá. Se ha visto en otros países como México y Jamaica. De ser comprobado que los delitos fueron perpetrados por miembros de bandas del Istmo —ya que muchos de estos casos han quedado en total misterio—, el detonante de salir a matar a un reguesero es la necesidad económica y la ambición personal, según explica el investigador social Gilberto Toro. ‘Todos estos cantantes, antes de haberse proyectado, son personas populares en el barrio, queridos, aceptados, reconocidos y, lamentablemente, algunos de ellos se conectan en amistad franca y verdadera con otros que han tomado otros caminos. Llegan a darse cuenta tarde o muy tarde en el nivel de compromiso en el que han quedado. Y eso tiene su pase de factura, ya sea la muerte o la perdida de libertad', dice el miembro de la Comunidad Rastafari de Panamá.

GUETTO

Para Renato el reggae de sus inicios era más sano. Entrados los 90s se dispara el estilo del doble sentido. La capacidad se centraba en el ingenio, en la picardía y en el amague a la censura. ‘Los adultos no dicen nada cuando es cosa ellos, pero cuando es de la juventud todo es malo', dice el compositor de ‘La Chica de los Ojos Café'.

Ya a finales de aquella década emerge un intérprete con discos más fuertes bajo el brazo, Danger Man. ‘Hablaba del barrio, porque esto es lo que pasa en el barrio y así fue como él pegó. Y los otros artistas empezaron a seguirlo, tú sabes, ‘como él está cantando eso, yo también lo voy a hacer'...', añade uno de los precursores del género en español.

Entrado el 2000, Fabulosa empezó a darle cabida al romantic style, mientras que Super Q se enfocó en discos fuertes, del guetto, los bailables, ‘los de la party, La Mafia, Cripta', recuerda Renato.

‘Los artistas se volvieron más explícitos, no voy a decir por falta de capacidad, sino dándole algo diferente a las personas', acota Elian Davis. Aunque destaca que algo de autocontrol, autocrítica y un ‘poquito más de moral' podría ser positivo. ‘Si yo voy a tener un hijo o una hija que va a crecer, a mí me daría pena que mi hijo escuche una canción donde estoy diciendo palabras sucias'.

Si bien no hay prueba real de que exista una relación entre los casos de homicidio a cantantes de reggae, de lo que sí hay prueba —continúa el productor y ex cantante— es de que lo que uno canta o dice afecta a la otra persona. ‘Me contó una persona que había un muchacho de una banda en Carrasquilla y, escuchando una canción mía (que habla sobre disparar), se fue hasta Río Abajo y mató a una persona. Eso me hizo como pensar un poco más en lo que yo iba a cantar y lo que yo iba a decir, porque eso influye un poco en la psiquis de la otra persona'.

Davis identifica dos tipos de cantantes de reggae, el del patio y el internacional. El artista del patio canta cosas del patio, que suceden localmente, pero cuando alcanzan cierto nivel, como por ejemplo Nigga (Flex), o El General en sus tiempos, no pueden volver a temáticas tan específicas. ‘Una canción es como una bala tiro al blanco. Estás disparando algo aquí mismo, en lugar de disparar algo allá afuera. Es una bala, una oportunidad, entre más lejos más difícil que le des al blanco, pero si le pegas es un éxito. Mientras tanto, aquí es más cerca y tienes más oportunidad de pegarle, pero no te va a representar monetariamente lo que te podría representar afuera'.

Ahondando en las canciones con temáticas de barrio, con las que se identifica la gran mayoría que consume este tipo de música, Davis resalta que hay una afición particular. ‘En las canciones de barrio, de patio, se vive más porque están cantando una vivencia tuya, entonces, los Djs tienden a sonar más eso porque es lo que más se consume internamente, pero no necesariamente quiere decir que es lo mejor'.

En parte, la distribución de esta música es responsabilidad de los Djs, según el productor. ‘Podrían hacer un filtro y buscar mejores canciones, no voy a decir sin violencia, o canciones solo románticas, sino canciones que tengan un mensaje y que quede algo positivo'. Si es de violencia, que deje algo que haga reflexionar. ‘Todo depende de la creatividad con la que la haga el artista, la vaina es que algunos son muy perezosos y dicen lo primero que se les viene a la mente o, saben inglés, escuchan una canción de Jamaica y la pasan al español'.

Para Toro no son los mensajes musicales los que en alguna forma llaman o animan a que la persona sea violenta. Existen otros elementos que, en conjunto, son los que motivan la violencia. ‘Los ambientes de los muchachos que escuchan reggae están a pedir de boca para animar en la violencia, un elemento más, un porcentaje minoritario, lo aporta la letra de la canción', desglosa.

La pólvora no se inventó en un concierto de reggae, pero tampoco el pensamiento crítico, según da a entender Toro. ‘Cuando ves cómo van convirtiendo a los jugadores de fútbol, artistas y cantantes en ídolos, es porque no hay líderes... La ausencia de líderes le abre las puertas a todo este mundo para que se posicionen como estrellas, cuando realmente solo están viviendo un espacio de su vida, y mañana pasará, como pasa la moda'.

¿Habrá un final del reggae con tintes violentos? ‘La verdad, no lo creo', dice Davis. Confiesa que aboga por eso, que ha puesto de su parte un poco y que le gustaría que este tipo de canciones, si no se erradican del todo, sean de menos impacto.

‘Siento que hay menos, lo que siento es que sí hay más vulgares', puntualiza el productor. Es decir, la violencia del barrio parece desvanecerse dejando ver otro tipo de violencia que tiene como víctima, ahora, la integridad de la mujer.

‘Mientras estemos en esta etapa, donde el exhibicionismo es el número uno, vamos a seguir viendo de todo. La mejor cura en este siglo 21 es tolerar y saber actuar. Para saber actuar, hay que comprender. Si no se comprende, se cometen errores y se mete la pata', sentencia Toro.

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‘‘El artista está muy expuesto... El que está pensando que va a ir a una feria o un concierto de estos y va a estar tranquilo en ese lugar, está loco',

RAMÓN ‘PUCHO' BUSTAMANTE

PRODUCTOR MUSICAL

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REGGAETÓN

Del diablo rojo a los oídos ‘neoyoricans' del Bronx

Se le ha tildado de todo, pero el reggae panameño tiene su razón de ser. ‘Ahí se equivocaron cuando le pusieron el nombre', dice incómodo Gilberto Toro, miembro de la Comunidad Rastafari de Panamá.

La salsa perdía fuerza y el dancehall jamaicano se convertía en un ritmo base que sostendría letras en español escritas por panameños. Era una época en la que la única forma de medir el éxito de un tema musical era remitiéndose a los buses. ‘El Deni' de Renato, era uno de ellos.

Fue, además, una década en la que llamaban a los productores para pedirles ‘los ciento cuarenta y cinco' de aquella canción. El reggae en español salía en vinilo y se vendía como pan caliente.

Renato cantaba una canción de protesta contra el abuso de autoridad y después le cantaría al amor. Entre la violencia y el romanticismo, así se exhiben las bases de todo un género.

No es hasta que aparece Nando Boom y El General que el reggae panameño llega a Estados Unidos. ‘Pucho' Bustamante, incluso, reveló a ‘Facetas' uno de los rincones más empolvados de la historia de esta música: el sencillo ‘Muévelo' de El General, es la primera canción del género urbano en español en ganarse un MTV Award. La categoría era ‘best Latin video' y los Latin Grammy's no se crearían sino hasta ocho años después.

Ya incrustado el contorneo istmeño en los barrios neoyorquinos habitados por puertorriqueños, el reggae viaja a Puerto Rico y allá explota al resto del mundo con nuevo empaque: reggaetón.

‘Looney Tunes y Noriega fueron los que hicieron la diferencia musical al meter la bachata en el reggae —dice Renato—, todos usamos la misma base, pero ellos empezaron a musicalizar el dembow, ahí fue el éxito'.

En un video panameño aparecían los cantantes, a veces con gente bailando. En un video boricua la historia era un poco distinta. ‘Hey rantan de mujeres en bikini, en la playa, en la piscina, en yates... La diferencia es grande', dilucida Renato.

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LA LISTA

ALGUNOS REGUESEROS ASESINADOS

-Alonso Blackwood ‘Danger Man', 21 de febrero de 2008, cuatro impactos de bala en La Riviera, Don Bosco.

-Carlos Ariel Jiménez ‘El Velaxx', 7 de junio de 2008 antes de un show en La Feria de Colón, Concierto por la Paz.

-Leonardo Renato Alvarado ‘El Kid', 20 de marzo de 2011 abaleado en el sector de El Marañón, Calidonia.

-Osvaldo Tony Quintero ‘Tony el Yeyo', 12 de noviembre de 2011, impacto de bala en la cancha deportiva de San Pedro.

-Omar Bellido ‘Murder Cat', 20 de mayo de 2015, varios impactos de bala en Calle 3, Juan Díaz.