24 de Feb de 2020

Cultura

Y poner la cama, además

Los políticos nos la meten doblada una y otra vez. Y nosotros nos quejamos, pero para la siguiente volvemos a abrir las piernas

Hay un dicho del refranero popular castellano que se usa cuando sientes que no sólo te menosprecian sino que, además, tú mismo facilitas el que abusen de ti: ‘Encima de puta, pongo la cama'.

Pues eso es lo que siento que en Panamá estamos haciendo con los políticos y el tema del transporte público. Nos la meten doblada una y otra y otra y otra vez. Y nosotros nos quejamos un poquito, apenas gemimos, pero para la siguiente volvemos a abrir las piernas. Y así es normal que los que nos están cogiendo se mueran de la risa.

(Léase este próximo párrafo con una voz parecida a la del archimalvado Pingüino mientras se frota las manos). ‘A ver hasta cuando aguantan, venga, una vez más. Primero permitimos que, durante años, hicieseis lo que os diera la gana en las calles: regatas, atropellos masivos, que cargaseis a la gente como reses, que los pavos fueran colgando fuera de los buses, lo que quisisteis, vaya. Luego, os pagamos por sacar a los diablos rojos de las calles y, además, pagamos por meter otros buses de otro color, (pero bajo cuerda os dijimos que no se os ocurriera mandar a hacer chatarra con los diablos, dejadlos ahí a buen recaudo); ponemos a los buseros a manejar estos nuevos aparatos, pero nunca compramos los suficientes para suplir la demanda. Los buseros van a seguir haciendo exactamente lo mismo que hacían en los diablos rojos, y nosotros se lo vamos a permitir, y encima sacaremos una campaña pendeja que diga ‘Dale paso'. En cuanto la gente empiece a protestar por la falta de transporte, volvéis a sacar a circular los diablos rojos, (esos por los que pagamos para sacarlos de circulación), y nosotros os lo vamos a permitir. Pero obviamente no os vamos a exigir que devolváis lo que os pagamos por sacarlos del camino. Luego le pagamos una millonada a otra empresa para que tome las riendas del transporte, y ¿volvemos a pagaros a los dueños de los diablos para salir una vez más de la calle? Y luego compensaremos a los conductores, una vez más, por si la nueva empresa los quiere despedir. Desde luego, en cada una de estas maniobras, habrá un montón de plata que se quedará en el camino y en las cuentas de unos y de otros. Juas. Juas. Juas. Esta ciudadanía es imbécil'.

Y sí lo somos. Imbéciles. Porque nos dejamos. Porque nos acostumbramos a la mala vida. Porque permitimos que nos arreen y nos mangoneen. Porque nos hacen la misma jugada una y otra vez y no les plantamos cara.

Somos una ciudad de poco más de un millón de habitantes. El transporte público debería ser chicha de piña, buses en buen estado, conductores entrenados y responsables. Líneas claras con paradas estrictas en horarios definidos. Lo normal, vamos. Lo normal en cualquier país que quiera llamarse desarrollado.

Pero no aquí. Aquí no. Aquí la rebusca no permite que las cosas se hagan como se tienen que hacer. Y el ‘pobrecitos': pobrecitos pavos que se van a quedar sin trabajo, pobrecitos buseros que no van a poder llevar comida para sus barriguichorreaos. Pobrecitos dueños de los cupos y de los autobuses. Pobrecitos los dueños de las nuevas empresas.

Pero sobre todo pobrecitos políticos que nunca en su puñetera vida se han tenido que montar en uno, ni esperar en una parada bajo el aguacero tres horas, cansados, hambrientos, para montarse en una máquina destartalada que va a tardar otras dos horas en dejarlos cerca de su casa. ‘Pobrecitos' los que juegan con el bienestar de todos.

COLUMNISTA