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26 de Oct de 2020

Cultura

Arte, negocio con rostro de mujer

Tanto en Panamá como el Centroamérica, la mayoría de las galerías de arte tienen directores femeninos

De la docena de galerías de arte que hay en la ciudad de Panamá, solo dos o tres pertenecen a hombres, unas a varios socios y otras pocas a instituciones educativas. No es un fenómeno raro y la galerista Carmen Alemán indica que es la tendencia en toda América Central.

Así encontramos a Mirie De La Guardia con Allegro, Alexandra Arias en Galería Mateo Sariel, a Mery Palma con la galería que lleva su nombre y Sara Liz Areces de Imagen, entre otras.

‘Esto es una vocación, si uno no es apasionado del arte, no resulta', afirma Alemán, propietaria de la galería Arteconsult.

APERTURAS

Carmen Alemán estableció su primera galería de arte para el recién formado Instituto Panameño de Arte (Panarte), cuando tenía 22 años.

En ese momento, ella acaba de regresar al país después de estudiar Historia del Arte en la Universidad de Massachusetts, en Estados Unidos y para ese entonces solo había una galería en Panamá llamada Etcétera, de cuatro socios varones.

Panarte (hoy Museo de Arte Contemporáneo) andaba en búsqueda de alguien joven que montara una galería para exponer los trabajos en cerámica de Guillermo Trujillo y de los profesores de la Facultad de Arquitectura que trabajaban en el taller de cerámica Las Guabas.

Así, en la planta baja de la residencia donde funcionaba el instituto, se abrió la galería en 1977. ‘Era un sótano oscuro y horrible que pudimos transformar un lugar muy bonito, con ayuda Andrés Beltrán', recuerda.

Asegura que esa galería tuvo mucho éxito comercial y los ingresos ayudaban al taller y al instituto.

Luego de dos años de estar en Panarte, Alemán decidió que era tiempo de seguir y renunció para viajar y conocer más sobre el arte latinoamericano. En ese momento [década de 1970], en Panamá no había libros ni mayor información sobre arte. ‘Cuando presentaron las obras del peruano Francisco de Szyszlo, me di cuenta de que no iba a saber que pasaba en la escena artística de Latinoamérica si no viajaba'.

Empezó entonces Arteconsult, con una pequeña oficina en avenida Perú que hacía las funciones de negocio, venta y exhibición de arte. Desde 1985, ha estado en varios locales.

Durante la época de la dictadura, fue muy difícil mantener el negocio, pero logró mantenerlo sin cerrar, como tuvieron que hacer otras galerías.

NUEVAS MIRADAS

La galería Habitante es otra de las más antiguas en el país y su propietaria en Vivian Sosa, aunque ha delegado en sus tres hijas funciones en la empresa y así hay un relevo generacional.

‘Realmente ella está allí, no se ha retirado. Mi mamá sigue siendo la cabeza de la galería, pero delegó en cada una un rol dentro de la empresa', dice Lissy de Sierra, publicista y quien se encarga de todo lo financiero y administrativo.

Sus hermanas Vivian de Pérez Salamero, docente, y Ginny de Pirro, abogada; manejan la asesoría de clientes y la parte legal, respectivamente.

‘Ninguna de nosotras pensó que iba a trabajar en la galería y estudiamos distintas carreras. Yo soy docente y ejercí por tres meses antes de venir a la galería. Además, tomé un curso de Historia del Arte en Parsons, Nueva York', dice De Pérez Salamero, quien lleva ya 23 años en el negocio familiar.

‘Mi hermana Ginny de Pirro estudió derecho y lo ejerció durante un tiempo, previo a trabajar aquí', menciona de Sierra, que tiene 25 años en Habitante. ‘Igualmente, todos nuestros veranos veníamos a ayudar a mi mamá en la galería'.

De Pirro fue la última en integrarse a la galería, ya hace 10 años.

COMPROMETIDAS

Para la artista plástica y presidenta de la junta directiva del Museo de Arte Contemporáneo, Coqui Calderón, la poca incursión masculina en el negocio del arte en Panamá puede deberse a que los hombres buscan negocios que den ganancias rápidamente, mientras que las mujeres prefieren involucrarse en empresas que vayan a su ritmo, en las que puedan ocuparse de sus familias o les permita ajustar sus horarios.

Lo cierto es que no es una tarea sencilla. ‘Es mucho trabajo porque uno atiende artistas y público, organiza muestras, y trata de ir a ferias internacionales para estar anuente de la escena artística de la región', dice Carmen Alemán.

Asimismo, Calderón señala que es un negocio difícil porque hay que cultivar a la clientela para que compre las obras en las galerías panameñas, ya que hay muchos coleccionistas que pueden comprar piezas en el extranjero y de artistas de otros países, en lugar de los nacionales.

Vivian de Pérez Salamero reconoce la importancia de hacer conexión con el cliente para satisfacer lo que busca. ‘A los clientes les gusta que los atendamos nosotras y se crea un vínculo con la persona. Además, tenemos clientela que ha venido de generación en generación.'

‘Lo cierto es que para abrir una galería hay que tener respaldo económico en cosas, es decir un esposo profesional que trabaje y se haga cargo de los gastos de la casa, mientras una dedica todo su esfuerzo y fondos a la galería', indica Alemán y Calderón coincide con ella, ‘quienes han podido continuar en el negocio, lo deben a que han tenido otras fuentes de ingreso que les han permitido seguir o que ven en esto la posibilidad de armar una colección de arte con miras al futuro', añade.

Luego la actividad también le ha abierto espacio a las mujeres que producen arte como lo han hecho Amalia Tapia, Trixie Briceño, Teresa Icaza, Ana Elena Garuz, Olga Sinclair y Vicky Suéscum, entre muchas otras, destaca Alemán.

‘Los que se quejan de que no hay donde exponer no tienen fundamento, porque hay muchas galerías en Panamá', afirma Calderón, pero el artista debe pulir su talento para que sea atractivo a los galeristas.