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21 de Jan de 2020

Cultura

Julian Velásquez, el impresor del MAC

Historia de su inmersión en la serigrafía y los avatares de imprimir a los maestros de la plástica panameña

Julian Velásquez, el impresor del MAC
El 19 de enero, el profesor Julián Velásquez dará inicio a un taller serigrafía.

En 1979, el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) se llamaba Instituto Panameño de Arte. En ese momento se armaba una carpeta titulada ‘11 grabados', donde se encontraban ediciones de obras de Alfredo Sinclair, Guillermo Trujillo, Manuel Chong Neto, Coqui Calderón, Alicia Viteri, Eduardo Pérez, Tabo Toral y Julio Zachrisson, entre otros. Necesitaban un impresor, y para el puesto se presentaría Julián Velásquez, el profesor de grabado que inicia este 19 de enero un taller de serigrafía en el MAC.

Un par de meses antes, Julián hojeaba un par de diarios locales en busca de trabajo. Se acababa de graduar de Artes Plásticas en la Universidad de Panamá. Encontraría un recorte de periódico que decía que necesitaban ‘marqueteros', pero no especificaban impresores. El joven llega a entrevistarse con Carmen Alemán, quien dirigía por aquellos días el sótano de Panarte, y le enseñarían el proceso de enmarcar cuadros.

Al ver los créditos de Julián, Alemán le preguntaría si le gustaría participar del taller de grabado, a lo que el joven asintió. A la vuelta del edificio estaba la maestra Alicia Viteri, quien se comprometería a enseñarle la técnica de grabado, cómo se imprimen las planchas y los procesos completos.

‘El Museo se traslada de Av. Perú a Ancon y parecía que había mucha demanda por artistas que querían hacer serigrafías', dice hoy el profesor Velásquez. Viendo la solicitud del momento, Viteri le pregunta al profesor si deseaba aprender esta técnica de impresión milenaria. Entonces, el museo le da una beca para ir a Cali (Colombia) a aprender serigrafía con el maestro Pedro Alcántara por cinco meses.

‘La ventaja fue que las serigrafías que se hacían en ese momento en el taller colombiano eran puros trabajos de artistas plásticos panameños', recuerda el profe. ‘Ahí estaba la serigrafía de Trujillo, Chong Neto, Mario Calvit, Tabo Toral, así que coincidí con los maestros, aprendí la técnica ahí'. Se quedaba una semana en la mesa del taller donde trabajaban la obra de Chong Neto, luego una semana más en la mesa donde imprimían a Trujillo, y así sucesivamente. ‘El maestro me decía que cada maestro tenía su libreto', comenta, especificando que cada artista tenía una propia técnica a la que había que mirar de cerca para luego emular.

Cuando regresa al istmo, practicaría un año perfeccionando lo aprendido y en 1982 empezaría a imprimir serigrafía. La primera que haría con el MAC sería una obra del maestro Alberto Dutary. Hoy, el profesor Velásquez tiene más de 30 años trabajando con esta técnica.

LA TÉCNICA

Impresión manual. La serigrafía está basada en un bastidor al que se le pone una malla bien fina, con las tramas bien cerradas. Después se pone la bisagra para que no se mueva la malla, y con una pintura se va imprimiendo lo que la plantilla dicte. ‘No es lo mismo la serigrafía artística que la comercial', advierte, refiriéndose a las diferencias en los pasos que se siguen en cada técnica.

‘A las serigrafías se les conoce como los originales múltiples porque cada serigrafía es un original, entonces, cada serigrafía tiene el mismo valor', añade el profesor. La similitud entre una plantilla u obra original y su serigrafía está entre un 95 y 98%, asegura Velásquez; por eso no se le dice ‘copia', porque ninguna es exactamente igual a la otra.

Si hay algunas formas que copiar de la original a la serigrafía, se puede usar un acetato bajo la malla e ir marcando la forma con el lápiz. Si tiene degradación, el maestro agarra un espray y dibuja la luz. Con el tiempo, el profesor ha ido aprendiendo qué materiales utilizar para emular una obra original desde la técnica de impresión manual. Crayolas, esponjas para retratar las nubes, la serigrafía es una carta libre para la experimentación. Y aparece, incluso, el fotograbado para completar una pieza de serigrafía, técnica que aprendió con la maestra colombiana María de la Paz Jaramillo.

IMPORTANCIA

A veces se sienta con los artistas que le solicitan serigrafías de sus piezas. Les pregunta qué colores pintaron primero, qué formas se superponen a otras. Pero muchas veces le dicen ‘usted es el maestro', y le dan libertad a su proceso.

Entre lo mas difícil de esta técnica, el maestro destaca los detalles de una obra. ‘Tienes que usar un pincel bien fino, como por ejemplo para el cabello de la mujer; son detalles que se te pueden dificultar pero con el tiempo lo puedes hacer'.

Aunque en Panamá se venden los materiales, el profesor considera que la serigrafía o el grabado es visto por la gente como un arte menor. Esta falta de apreciación hace que el arte sea difícil de comercializar. ‘Y además los mismos artistas no se quieren ensuciar la manos', argumenta el maestro, cuya ultima clase de serigrafía en el MAC la dictó hace 15 años.

‘La gente las busca por la firma', dice. ‘Hay gente que tiene una trayectoria ya conocida, y la ventaja es que si usted no puede comprar un original de ‘x' artista, pero quiere tener esa firma, puede comprar una serigrafía, que está mas barata'. Una alternativa para el público.

‘Generalmente la serigrafía va firmada en lápiz, igual que en grabado, y va enumerada', explica el profesor Velásquez, quien después de trabajar por las mañanas en el MAC, y dictar clases por la tarde en la Escuela de Arte del INAC, pinta en las noches. ‘Para quienes están comenzando, la disciplina y la dedicación es lo principal, porque muchas veces la gente piensa que con un título ya son pintores, pero no es así, hay que dedicar al menos dos o tres horas a pintar', aconseja.

La técnica gráfica que tiene es colombiana, declara. Sus dos maestros fueron Alicia Viteri y Pedro Alcántara, aunque perfeccionaría su técnica con otros talleres de artistas uruguayos y brasileños, traídos al istmo por el MAC.

‘Hay gente que utiliza la serigrafía con fines comerciales como para imprimir suéteres', comenta el profesor, ‘pero para los artistas también sirve, aunque sea un poco complejo, les permite hacer su propia obra o experimentar con su obra'.