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29 de Feb de 2020

Cultura

La historia de Gustavo Drake

Si no tiene una moral intachable, no debería hacer determinados juicios de valor acerca de los demás

Permítanme contarles algo que me ocurrió hace varios años, en el tráfico de la tarde, en la Avenida Omar Torrijos Herrera, en la llamada rotonda de Albrook, un diablo rojo, cambiando de carril, calculó mal y rozó mi carro. No, no se imaginen una historia de frustración y peleas, al contrario, el conductor se bajó, me pidió disculpas, paró él mismo otro bus, colocó a sus pasajeros, esperó a la policía. Le dijo al oficial que él había sido culpable. Se presentó el día de la audiencia y se declaró culpable sin siquiera hacerme pasar ante el juez. Esa es mi experiencia en un choque con un diablo rojo. Todo un ejemplo de caballerosidad y bonhomía.

¿Para qué les cuento todo esto? Pues para decirles que yo no creo (porque me han demostrado lo contrario en muchas ocasiones, y esta es solo un ejemplo) que todos los panameños sean unos sinvergüenzas. Ahora bien, dejado esto en claro, vamos a poner orden en este desbarajuste.

Háganse a un lado los que alguna vez hayan pagado en un comercio y no hayan exigido la factura fiscal. Facilito, te pago en efectivo, no me cobras los impuestos, dinero que tú no declaras y dinero que yo me ahorro. Bien, quédense todos ahí. Los que hayan escaqueado alguna vez impuestos en su declaración anual, por favor, que se me pongan también aparte, y sí, eso incluye tanto meter facturas de gastos irreales, como no declarar ingresos.

¿Alguien que haya pagado alguna vez a un policía para librarse de una boleta? ¿Sí? Pues por aquí, por favor, al grupo que estamos haciendo a este ladito. ¿Usted ha pagado a algún funcionario para que le agilicen algún trámite burocrático? ¿Sí? Pase también para acá.

Venga, rapidito; los que hayan imprimido tareas de sus hijos en el trabajo, con tinta y papel de la empresa, los que se llevan los materiales escolares del despacho. Ah, y los que se llevan los rollos de papel higiénico, por favor, aquí.

¿Cuántos quedan en el otro grupo? Sí, en el grupo de los que nunca han aparcado donde no debían, los que nunca han manejado por el hombro, los que nunca se han saltado un límite de velocidad. ¿Les gustaría hacer este ejercicio con sus amistades?

Bien, podemos irlo dejando así. ¿Se sienten como una mierda? Hacen bien. Yo, a veces, también. Cuando siento que no me he portado bien, también me siento así. Y aunque eso no es excusa, este ejercicio de separación debería ayudarnos a separar las ideas. En primer lugar, si no tiene una moral intachable, no debería hacer determinados juicios de valor acerca de los demás.

En segundo lugar, no mezclemos, por favor, las churras con las merinas, se llame como se llame, un problema de unos cuantos cocotudos, no debería implicar para el resto más que la alegría de que se descubriera la porquería para darnos la oportunidad de limpiar a fondo.

Y en último lugar, ¿estamos descubriendo el agua tibia? ¿Estamos ahora descubriendo que los que tienen más, roban más? ¿Si usted siente que está bien dejar de pagar trescientos dólares de impuestos, porqué el que debe pagar treinta millones debería pagarlos contento?

La sociedad está enferma. No solo la panameña. Todas. El ser humano está enfermo de avaricia, de odio y de indiferencia.

Lo triste es saber que hay países en los que, cuando se descubre que su primer ministro está involucrado en un tema así de turbio, logran que renuncie en menos de cuarenta y ocho horas, y que nosotros no vivimos en uno de esos países.

COLUMNISTA