28 de Feb de 2020

Cultura

El hombre detrás de una noble antología

El médico, maestro, escritor y poeta Augusto Fábrega es coleccionista de Quijotes. Cuenta con 400 ejemplares entre estatuillas y pinturas

Con actitud vigilante, cuerpo de hierro, sostenido por un rin de llanta, fragmentos de un aire acondicionado descompuesto y una copa de auto como escudo, el quijote de metal, custodia desde el patio a la familia Fábrega-Lubatina. La pieza exclusiva forma parte de los 401 quijotes de la colección personal de Augusto Fábrega.

La escultura gigante del ‘Ingenioso Hidalgo' fue una creación del artista cubano Joel del Río, quien trabajó durante tres mañanas con desechos de todo tipo para dar forma al personaje que inmortalizó el padre de la lengua española Miguel de Cervantes Saavedra.

Su dueño define la colección como ‘familiar' pues gran parte de la misma han sido regalos de su esposa Valia Labutina, sus hijos, nietos, sobrinos o amigos muy cercanos. La colección abraza otras 400 piezas del quijote en distintas posiciones, una figura gigante y otra descansando en una hamaca, de metal, madera, arcilla, papel, tornillos y hasta quijotes con caras de Mario Moreno Cantinflas y en forma de Matrioska; la muñeca artesanal rusa.

UNA VIDA QUIJOTESCA

Sin temor a exagerar, se puede decir que Augusto Fábrega tuvo una vida quijotesca. Cuando le menciono esto, él sonríe en silencio, tras lo cual empieza a revelar, metódico y humilde, sin prisas, la interrogante que motivó este artículo: ¿cómo y por qué un panameño se aferra a la figura e idea de Don Quijote de la Mancha?

El interés de Fábrega se origina durante sus estudios en la Normal de Santiago, cuando, por indicaciones de la profesora Carlota Maduro, leyó el clásico universal, ‘lo atrapó la búsqueda de justicia y amor por parte de aquel caballero sin recursos que anhelaba vencer lo invencible', señala.

Al igual que el personaje de Miguel de Cervantes Savedra, Fábrega se embarcó en luchas desiguales con molinos de viento en nombre de la justicia, pues fue uno de los jóvenes panameños del Movimiento de Acción Revolucionaria que, a principios de abril de 1959, se alzó en armas en Cerro Tute.

‘Don Quijote representa el deseo de que impere la justicia, de enderezar los entuertos, independientemente a los peligros que uno se exponga. Como Don Quijote, a pesar de las derrotas, hay que levantarse y seguir adelante', afirma Fábrega, que al momento de los sucesos de Tute no tenía más de 20 años.

Fábrega perdió a varios amigos en aquella gesta sin posibilidades de triunfo: ‘teníamos el convencimiento de que había que cambiar las cosas en Panamá, que era preciso mejorar la educación, la salud, que se hiciera una reforma agraria. En alguna medida fue una quijotada, pero sin dejar de ser heroica'.

Posteriormente, en busca de nuevas aventuras, tomó un avión hacía la Unión Soviética. Entonces ya tenía su diploma de maestro de primaria, pero ahora su interés era la medicina. Apenas el segundo día de su estadía en Moscú, ya había conocido a su ‘Dulcinea', Valia Labutina, con quien se casó y tuvo dos hijos y lo ha acompañado desde entonces en el cumplimiento de sus deberes diplomáticos y humanos.

Ella comparte su amor por El Quijote y por las aventuras más nobles, como cuando formó parte del equipo médico que llevó ayuda humanitaria a Nicaragua tras el terremoto de 1972.

‘Además de la ayuda en alimentos y medicamentos, llevamos a un grupo de rescatistas del Cuerpo de Bomberos de Panamá y allí durante varias semanas estuve coordinando la atención a los heridos nicaragüenses que luego fueron trasladados al Hospital Santo Tomás en la capital panameña'.

Fábrega cuenta también que, en julio de 1979, tras el triunfo de la revolución sandinista, viajó a Nicaragua como voluntario, en una misión del Ministerio de Salud, tras lo cual trabajó durante un mes como médico en Masaya, especialmente en Monimbó.

ENTRE HISTORIAS Y ESTATUILLAS

Inició la colección en agosto de 1993, con una plumilla del Quijote hecha por Iris Barranco, su comadre, quien le obsequió la pieza, que hoy viste una de las paredes de su estudio colmado de libros, cuadros, cámaras y objetos curiosos.

‘Dentro de mi colección tengo los más variados quijotes, no solo por su tamaño y material, sino también por las circunstancias en que recibí la estatuilla. Por ejemplo, dentro de la colección tengo una estatuilla confeccionada con clavos de 1912, utilizados por el ferrocarril en las labores de construcción de las esclusas de Miraflores', detalló.

Así, entre viajes por el mundo, fue recogiendo a un Quijote hecho de madera jiquí; en Cuba, adquirió un busto en una feria de artesanías en el Malecón; otro busto tallado en madera quiebrahacha de 15 libras, confeccionado por las manos de Junio Rafael Gómez. Además de grandes y pesados, están los de minutos, como un quijote pintado en un dedal y una pequeña moneda dorada de veinte centavos de euro con el rostro de Miguel de Cervantes Saavedra.

DE LAS ENTRAÑAS DE RUSIA

Del 2005 al 2009 Augusto Fábrega fue embajador de Panamá en Rusia. De su estadía en el país más extenso del mundo, también sumó a su colección lo que son hoy doce esculturas en porcelana del ilustre hidalgo, arrodillado, declarándole su amor a Dulcinea.

Las figuras elaboradas por Yuliana Kosijina están pintadas de azul y blanco y todas tienen algún rasgo que las diferencia, además del contrato de exclusividad que asegura lo irrepetible de la obra.

Un pedido especial al que respondió la fábrica Gzhell, una de las más antiguas en su especialidad y la que se ha encargado de fabricar las vajillas de los zares rusos, para el Kremlim, en la época de la Unión Soviética hasta la actualidad.

‘Para mi es una colección familiar, pues tanto mi esposa Valia como mis hijos Adriana y Vladimir; nietos y sobrinos han aportado piezas', Augusto Fábrega

Pero, la persona que más quijotes le ha obsequiado es Alexander Gorbunov, quien fue el sacerdote de la iglesia Ortodoxa Rusa en Panamá, que le permitió incorpora 26 piezas a la colección.

Además de las estatuillas, Fábrega también resguarda 49 libros del Quijote en 13 idiomas: español, ruso, chino, italiano, armenio, holandés, georgiano, vietnamita, checo, ucraniano, rumano, griego, catalán, francés y sueco. El más antiguo de ellos es una versión en español de la Editorial Sopena, de Argentina, publicado en mayo de 1941, que adquirió en Cuba, en el 2003.

Con 75 años, Augusto Fábrega cuenta con una historia de vida asombrosa ligada a actos de valentía que hoy, en la tranquilidad de su jubilación, comparte con sus hijos y los 400 hidalgos de barro, papel, cerámica, madera, desechos y hierro, pinturas al óleo, plumilla y libros.

Autor de tres poemarios y cuatro libros de historia y relaciones internacionales, Augusto Fábrega transformó su amor por el Quijote en las convicciones que cabalgaron su destino, que además de convertirlo en luchador social, maestro, médico y diplomático, lo acercaron a esta antología cervantina, que ha convertido su hogar en un sitio donde confluyen en forma de arte distintas realidades, tiempos y materiales.

Por mientras que él, ‘el quijote panameño', termina de escribir su autobiografía, lo seguirán cuidando los 400 ‘lustres caballeros'.

CURIOSIDADES

La ‘irreverente' pieza 183, desde Cataluña

Augusto Fábrega asegura que la pieza más curiosa de su colección es la que enumeró como 183, que es una escultura, pintada de llamativos colores que muestra a un Don Quijote en cuclillas, con los pantalones abajo, defecando, se trata de un ‘Cagoné' o ‘caganares' comos se dice en catalán, que en español equivale a ‘un cagón'. ‘Según me comentó el vendedor en Barcelona, es una de las figuras tradicionales en Cataluña, donde es común que la ubiquen en una esquina del pesebre en Navidad' detalló Fábrega.

Estás pequeñas esculturas de arcilla las hacen de políticos, deportistas y representantes del mundo de la cultura.

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PERFIL

AUGUSTO FÁBREGA

Oriundo de Coclé, maestro de enseñanza primaria, especialista en cirugía general y endoscopia digestiva. Autor de 37 trabajos científicos y cinco libros de temas médicos. Su colección de Quijotes ha sido expuesta en la Universidad de Panamá, en el Centro de Bellas Artes de Aguadulce del INAC, en la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero, en Exedra Books, en Rusia y en festivales cervantinos