Temas Especiales

04 de Jun de 2020

Cultura

Cárceles mentales y carceleros

Aullido de loba

Somos humanos y por lo tanto criaturas estúpidas y desmemoriadas. Y también somos animales políticos: primates lampiños que se asombran ante la prestidigitación. Así que aquí estamos, algunos indignados y otros riéndonos a carcajadas viendo las reacciones después de que lo que nadie creía, ocurriera.

Yo me parto la caja torácica de la risa leyendo y escuchando a las almas cándidas anonadadas, abatidas y abrumadas, al constatar que sí, que un tipo machista, xenófobo, acosador, grosero y con un mal gusto espantoso, tanto en mujeres como en peinados, se va a sentar durante cuatro años en el despacho sin esquinas de la Casa Blanca. Lloro de la risa cuando la gente se echa las manos a la cabeza y, una vez más, se piensan que ahora sí viene el Armagedón. Vamos, casi, casi, como si el Desencadenado bajase de Megido, anaranjado por el fuego del Seol y con un tupé entre los cuernos.

Mientras unos y otros se rasgan las vestiduras, yo hago un somero repaso por los que vinieron antes de nosotros y veo que ya todo está dicho, y que si nos empeñamos en no aprender no es culpa de nadie más que nuestra.

El gamberro norteño ganó porque representa ‘la sombra', y ya Jung nos había avisado de ello, él representa las más obscuras pulsiones de millones de humanos. Cansados de lo políticamente correcto, la hipocresía y los pañitos tibios, los votantes abrazaron su lado obscuro. La mayor parte de ellos reconocieron que sí, que ellos también querrían poder agarrarles el coño a las mujeres sin tener repercusiones; que desearían poder pegarle un tiro legalmente al que entra en su casa ilegalmente; y muchas mujeres aceptaron tácitamente que lo que de verdad les exita es un tipo así, que las trate como él trata a sus mujeres.

Además, a ese palurdo lo votaron miles y miles de tiparracos y tiparracas que creen en Yahvé y que ahora mismo agradecen al dios de Israel por haber hecho el milagro de poner en el sillón presidencial norteamericano a un tipo que, él sí, va a defender a todos esos pobres fetos que no tienen quien los defienda. Los seguidores de la zarza ardiente entonan ahora mismo aleluyas porque ha llegado el chapulín anaranjado defensor de la familia de verdad, papá, mamá, hijos. Aunque el papá sea un hijueputa borracho que machaca a golpes a la madre y a los niños; y aunque la madre sea una drogadicta irresponsable que deja sin comer durante días a sus retoños. Pero ese modelo familiar es lo que su dios exige mantener. Nada de niños bien cuidados y bien queridos por dos papases o dos mamases. Eso es anatema. Y el superwhitetrash se encargará de que no ocurra.

Aquí es cuando cae como anillo al dedo la filosofía, eso que los gobernantes han ido poco a poco eliminando de los planes de estudio y por lo que nadie clama de vuelta, allí podríamos aprender que un tal Ortega y Gasset dijo hace tiempo que ‘nuestras convicciones más arraigadas, más indubitables, son las más sospechosas. Ellas constituyen nuestro límite, nuestros confines, nuestra prisión'. Así están los estadounidenses, prisioneros de la sandez y el fanatismo, con un carcelero que se llama Trump.

Acusan a este ente de que ni siquiera ha ido a la universidad, y yo digo que menos mal, porque, como Roosevelt, pienso que: ‘Un hombre que nunca ha ido a la escuela podría robar un vagón de carga, pero si tuviese una educación universitaria, podría robar el tren entero'. Así que mirad a ver lo que andáis deseando, no sea que se os cumpla.

COLUMNISTA