Temas Especiales

24 de May de 2020

Cultura

El respeto y así...

No es política, es respeto, y responsabilidad. Y aceptar que se falló. Y presentar una renuncia, por honor

Sit vobis terra levis , y que vuestros deudos logren la paz. La muerte siempre es un zarpazo a la razón, a la sinrazón y a las circunstancias. La muerte, la definitiva carcajada de los dioses, arrebata palabras y sólo nos deja el alarido doliente y fiero que reta a la locura.

Aquello que llega sin llamar y sin pedir permiso, aquello que nadie puede imaginar y que de pronto se convierte en real. Un cadáver, real y tangible, aquello que era futuro y risa y ternura.

No. Nadie puede imaginarlo. Y en medio del luto, alguien exige silencio, corramos un tupido velo, claman, no hablemos más, gritan. Yo, en cambio,

‘No he de callar por más que con el dedo,

Ya tocando la boca o ya la frente,

Silencio avises o amenaces miedo.

¿No ha de haber un espíritu valiente?

¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?

¿Nunca se ha de decir lo que se siente?'

El dolor no está reñido con la razón, la muerte no está reñida con el respeto, la compasión nunca peleará con la verdad.

Y la verdad, señores, es que hemos de despertar del sueño de opio en el que hemos vivido, o nos han hecho vivir, por décadas. La realidad no pide permiso, para reventar de un rebencazo rotundo nuestros frágiles huesos.

‘Aquí no hay terremotos'. ‘El canal se hizo por aquí y no por Nicaragua porque aquí no hay volcanes activos'. ‘Panamá, por su posición geográfica, no es azotada por huracanes'. ‘Dios es panameño'. Y entonces, llega una tormenta tropical, ni siquiera un huracán con todos los hierros, una pinche tormentita, y siega la vida de varias personas.

No. No exijamos silencio. En este momento debemos gritar, aullar pidiendo responsabilidades. Sí. Porque la memoria de los que murieron nos lo exige.

No escuchemos los cantos de sirena de los que pretenden cubrir su ineptitud con silencio cómplice. Y no estoy hablando de politiquería, no caigamos en ese juego. No hablo de este gobierno. Hablo de ese, de aquel y del otro. Por que ninguno ha hecho nada.

No es política, es respeto, y responsabilidad. Y aceptar que se falló. Y presentar una renuncia, por honor.

En este país de edificios que le hacen cosquillas a las nubes barrigonas, los bomberos han dicho cientos de veces que ellos no están preparados para actuar más allá del piso veinte, o así, aún así seguimos escalando sin pensar en cómo bajar de allí si ocurre algo. Si hay que evacuar la ciudad de Panamá por un tsunami inminente, (de esos que nunca jamás ocurrirán) ¿Cuáles son las vías expeditas? ¿Le pediremos al agüita que nos haga el favor de no llegar en hora punta, cuando cientos y cientos de carros están varados, parachoques contra parachoques en la cinta costera?

No sé, son preguntas que me hago desde la rabia y la impotencia de las muertes estúpidas, porque luego surgen los problemas y andamos como gallina sin cabeza, se agotan los huevos en los supermercados y la gente almacena sodas y bolsas de botanas, mientras las autoridades te piden que mantengas la carga de tu celular al máximo.

Aquí la previsión brilla por su ausencia y sobran los payasos instando a que nos arrodillemos y oremos por misericordia divina.

Que no nos callen con el polvo de las tumbas recién abiertas, que no nos señalen con el dedo las coronas fúnebres mientras nos exigen respeto. Respetemos, sí el dolor de los que quedan en este valle de lágrimas y sostengamos la mirada acusadora en aquellos que deberían haber hecho algo y no lo hicieron.

COLUMNISTA