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10 de Apr de 2021

Cultura

Dignidad y hambre en Saturnales

¿No les suena de nada esta escena? ¿Siguen sin percatarse de que, aunque nos creamos modernos, no somos ni más ni menos que los antiguos?

Ayer empezaron las Saturnalias, culminarán con el nacimiento de Mitra el 25 de diciembre. ¡Ah! ¿Dice usted que se celebra el nacimiento del niño aquel que se llamó Jesús? Sí, hombre, el de María la de José, el pequeño. El revoltoso que terminó mal. Pero están ustedes equivocados, antes fue lunes que martes, y no se empezó a celebrar el nacimiento del Galileo hasta trescientos años (año arriba o abajo) después de que gritara aquello de ‘Papito ¿dónde estás que no te veo?'.

Bueno, como les decía, estamos en plena celebración de las Saturnalias romanas, que eran muy parecidas (fíjense qué curioso) a la Navidad cristiana, con velas y regalos. Con banquetes pantagruélicos, una gran ingesta de alcohol, bailes desenfrenados y juegos de azar.

Polemio Silvio en el año 4.8 d.C. la denomina ‘fiesta de los esclavos'. Y recuerden que el cristianismo, en sus orígenes, fue una secta que se expandió sobre todo entre los esclavos, a los que contaban el cuento de que verían sus desdichas compensadas con placeres paradisiacos si se portaban bien en este valle de lágrimas.

Todo se trastocaba en estos días. En los umbrales de una nueva estación, se eliminaban las barreras que separaban al esclavo del hombre libre. Por unos días, apenas un respiro, los humillados se creían amos, se les permitía mandar, podían vestir ropas que no les correspondían, comer cosas que no les correspondían, beber más vino del que tenían asignado.

Los amos permitían todo esto porque sabían lo necesarios que eran estos periodos para que los oprimidos pudieran soltar vapor. Unos días apenas de desatino para volver luego a bajar la cerviz y continuar bregando. Imagino a los amos mirándolos con sorna emborracharse, bailar y fornicar mientras pensaban, ‘pobrecillos, mañana les va a tocar limpiar todo este desastre'.

¿No les suena de nada esta escena? ¿Siguen sin percatarse de que, aunque nos creamos modernos, no somos ni más ni menos que los antiguos?

Ayer empezaron las Saturnales, los esclavos, durante unos días quieren comer jamón porque los amos pueden comerlo siempre que quieran. Quieren beber hasta hartarse. Quieren estrenar ropa que sus amos pueden estrenar todos los días del año sin necesidad de esperar a las Saturnalias. Exigen sentirse importantes. Pero nunca dejarán de ser esclavos. Porque mientras ellos se pelean a madrazo limpio por comprar un jamón diminuto, sus amos están en aire acondicionado sonriendo sarcásticamente mientras piensan en todos los fracasos escolares de este año, se frotan las manos y deciden que el año que viene tampoco les pagarán a los maestros, así tendrán más y más fracasados el año siguiente y así se perpetuará la cadena de esclavitud mental que los ata.

Los pobres, cegados por el olor del ron ponche, hipnotizados por el mantra machacón de los villancicos adormiladores de conciencias, siguen disfrutando de sus breves días de asueto. Cuando acaban y tienen que volver a su vida de mierda, se ponen a pensar en la siguiente fiesta en la que poder trastocar los muros de su prisión de vileza y deshonra: los carnavales.

No se equivoquen. Lo que pasó en el desbarajuste de los jamones no tiene nada que ver con el hambre, tiene todo que ver con la ignorancia, con la credulidad y el clientelismo. Se puede ser pobre pero tener dignidad. Se puede ser analfabeto y saber cómo mantener la compostura. Hay miles de ejemplos de estos dos últimos predicados.

La algazara de Pan de Azúcar es una muestra de que vivimos en un país de esclavos. De monos que bailan al son que les toca el titiritero. Io, Saturnalia .

COLUMNISTA