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04 de Apr de 2020

Cultura

Rugby infantil en una isla panameña

Un deporte inglés llega a una comarca indígena. Un documentalista captura el instante. ¿Puede un juego rudo hacernos mejores personas?

Una mañana calurosa en una isla modesta llamada Ustupu, en el archipiélago de Guna Yala, Martín Cerviño, un documentalista uruguayo afincado hace años en Panamá, baja de una lancha rápida junto a su cámara de fotos. Es la primera vez que pisa esta tierra caribeña flotante, y, con él, arriba una tonelada de víveres a donar y una extraña pelota ovalada, irreconocible en esa comarca: un balón de rugby.

Cada rincón se convertía en una fotografía. Cerviño y los voluntarios sabían que se quedarían allí cuatro días, pero no tardaron en explicar el uso de dicha pelota extranjera. En menos de una hora, el mar de niños que los había recibido ya dominaba el deporte de contacto, nacido en Inglaterra hace dos siglos, y que inspiraría, después, la creación del fútbol americano en Estados Unidos.

El viaje era un proyecto llevado a cabo por la Fundación Descalzos. Las fotografías eran únicamente para registrar la labor de los voluntarios. Pero el contenido que resultó de la gira fue tan impactante que surgiría la muestra ‘Ustupu', una expo abierta a todo público que se puede visitar en la Alianza Francesa de Panamá desde hoy hasta el próximo 19 de julio.

VIAJE INSULAR NARRATIVO

La propuesta de Cerviño retrata su experiencia con los habitantes de la isla Ustupu de una forma inmersiva, íntima, como pocas veces puede lograrse en la comunidad indígena Guna Yala, ya que sus integrantes suelen tener cierta reserva frente al lente de una cámara.

El documentalista aborda su experiencia con una colección de más de 25 fotografías, apoyadas por un recurso creado de manos del propio autor: pequeñas cajas de texto que narran, etapa por etapa, cómo fue la experiencia de la Fundación Descalzos en esa isla mágica.

‘Salimos de la cabaña y caminos a paso lento por la calle principal hacia la Casa del Congreso. No fue por cansancio, ni por vagancia: literalmente nos frenaban a cada cinco pasos para saludarnos, abrazarnos y jugar con nosotros. En medio de ese mundo de abrazos infinitos, de repente, como una estampida, pasó un grupo de jóvenes disfrazado con ropas militares, y detrás de ellos venía otro grupo vestido de rojo, gritando desaforadamente y con una actitud extrañamente violenta. Para nosotros, ese momento fugaz no congeniaba bien con lo que, hasta ese momento, estábamos viviendo. Algo no cuadraba. Quedamos estremecidos. Sin saberlo, formábamos parte de una recreación que homenajeaba la Revolución Guna de 1925', rezan algunas líneas escritas por el fotógrafo, que acompañan uno de los retratos de la muestra.

Por esos días se celebraba el conocido Burwigan-Ga, la mayor fiesta tradicional guna en esta zona, una jornada deportiva y cultural en la que se reúnen unos 350 niños de las comunidades más cercanas, de acuerdo con Cerviño. Era el momento perfecto para dar a conocer el rugby. Así lo ha venido haciendo esta fundación: enseña valores a través de un deporte que, la mayoría de las veces, es visto como uno muy rudo; aunque, ha demostrado ser pieza clave para emprender el cambio social.

‘No tenían miedo al contacto, levantaban la pelota con una mano, cambiaban de paso con naturalidad como si tuvieran el gen heredado de las islas del Pacífico. Era todo pasión y alegría. La semilla había caído en campo fértil', describe Cerviño, en uno de los carteles ubicado junto a una imagen de un niño guna corriendo con el balón ovalado bajo el brazo.

La gratitud de los habitantes de Ustupu con el grupo de voluntarios —quienes, además de la tonelada de alimentos, llevaban consigo centenares de libros y cuadernos— le permitió a Cerviño ser testigo de ceremonias tan personales como la tradicional fiesta del Inna-Muustiki, una expresión guna viva, que marca el inicio de la pubertad en las niñas.

‘Hablar de mujer guna es hablar de tradición y cultura. Pasan los años y sigue presente, sosteniendo el legado de sus antepasados: ‘Quiero que la cultura de mi raza perdure dentro del marco universal de los pueblos del mundo, porque solamente con la expresión cultural de un pueblo está el sello ineludible de su esencia, dignidad y respeto como pueblo' (Nele Kantule, 1868-1944)', narra otro de los

Así corrían los días de aquel radiante febrero, entre intensos rasgos de la idiosincrasia guna, la habitual alegría que brota de la inocencia, y el descubrimiento de un nuevo deporte nacido en otra isla, al norte. En otro continente.

LA ACCIÓN ES EL CAMBIO

En ese mismo viaje también estuvo presente Franck Villard, quien además de fan acérrimo y ex jugador de rugby —al igual que Cerviño—, es director de Fundación Descalzos, una organización sin fines de lucro que ofrece educación, deporte y salud a los niños.

‘Este deporte tan violento es fantástico para varias cosas. Se hace en las cárceles de jóvenes y ayuda mucho a la integración', dice Villard, en una entrevista con La Estrella de Panamá .

La fundación nació originalmente para darle un pasatiempo a los jóvenes más desprotegidos del país. Querían crear una liga infantil de rugby. Pero con el tiempo, ambos fueron impactados por la pobreza en Panamá, esa que está a la sombra de los lugares turísticos del Istmo, y empezaron a sumergirse —por medio del deporte— en la dimensión social.

‘Un día fui a la Ciudad del Niño y hubo un antes y un después en mi vida. Tu escala de valores personales cambia totalmente. Yo no critico a nadie que no ayude a nadie pero creo que, en el mundo actual, donde en la política nadie es creíble en ningún país del planeta, si quieres cambiar algo, sin hablar de política ni de religión, la única forma es actuar', advierte Villard.

El director de la fundación, que cumple 4 años en 2017, admite que el rugby es un deporte de contacto duro, pero existen reglas y códigos inquebrantables que se deben seguir para cuidar a los miembros de tu equipo, a los oponentes y al árbitro; y esto es beneficioso para el desarrollo del pensamiento colectivo, el de preocuparse por el compañero, a diferencia de otros deportes. ‘Se dice que el rugby es un juego de bestias jugado por caballeros', bromea el fotógrafo.

‘Yo por trabajo soy realizador de documental y me toca viajar por América Latina, justamente haciendo documentales sobre desarrollo, y ves realidades que te parten la cabeza. Se repiten sistemáticamente en todos los países y Panamá no es la excepción, ante esa realidad, un poco lo que dice Franck es no hablo, tengo que hacer algo', explica Cerviño.

Al igual que en Ustupu, la fundación lleva a cabo tres proyectos en San Miguelito, Juan Díaz, Aldeas SOS, La Chorrera, Capira y Agua Dulce, con el fin de darle a niños y niñas de entre 6 a 13 años herramientas para formar su carácter de una manera sana y divertida,y utilizando el Rugby para sembrar valores.

‘Hablas con los maestros de los niños y te dicen ‘cambió, cambió la forma de hablar', antes, por ejemplo, un niño violentaba verbalmente al resto de los compañeros, y ahora los alienta, los motiva, es increíble, en vez de sentarse en el último banco y formar despelote en el aula, van al frente de la clase. No es magia lo que se hace, simplemente es darles cariño, decirles ‘me importas', estar ahí con ellos, jugar, que se alegren, es solamente eso', concluye el autor de la exposición fotográfica ‘Ustupu'.

ACTIVISMO

Los problemas de los niños que no ocupan titulares

De acuerdo con Franck Villard, el nombre de la fundación ‘Descalzos', nació luego de una jornada de voluntariado que realizó en la Ciudad del Niño, ubicado en La Chorrera.

Luego de tres meses de práctica junto a los niños aprendiendo este deporte inglés, realizaron un pequeño torneo con niños huérfanos de aquella organización sin ánimos de lucro. Uno de los chicos se acercó a él y le preguntó si podía jugar descalzo, a lo que él respondió que sí.

‘Al ver sus pies me di cuenta que tenía unos zapatos podridos de una talla mucho más grande que su pie. Entonces, entendí que había buscado zapatos como sea para no aparecer descalzo frente a los otros niños, por orgullo. Cuando le dije que sí, tomó sus zapatos y los tiró al bosque. Y cuando me di la vuelta vi que todo el equipo hizo lo mismo, así que jugaron descalzos, y ese equipo ganó el torneo. Hicieron un gran trabajo y luego quedamos todos descalzos, fuera y dentro de la cancha. Así bautizamos la fundación', recuerda Villard.

Por otro lado, reconoce que, muchas veces, en los barrios del país existen pocas actividades para los niños y que esto los expone al peligro que corre en las calles.

‘En Panamá hay un tema de sexualidad grave. No entiendo porqué en la prensa se habla tanto de narcotráfico, cuando el tema de la sexualidad es un drama aún peor. Un niño que sufre por esto queda marcado de por vida, y acá es como un tabú, como si no pasara nada', se lamenta el también exjugador de rugby.

Asimismo, revela que tras hacer una encuesta en los 3 lugares donde llevan a cabo actividades dirigidas a los niños en San Miguelito, enfocados en educación, salud y deporte, encontró que un 90% de estos chicos desayuna solo una taza de café, y esa misma proproción es el nivel de violencia doméstica, en la que el padre golpea a la madre frente al hijo.

‘Hablamos de temas que no son muy sencillos de abordar y que hay que ir a la raíz. Entonces, bueno, si salvas uno, salvas a sus hijos y sus nietos', indica con optimismo el director de Fundación Descalzos.

Villard asegura que lo más difícil de trabajar en el ámbito social es romper con el pensamiento de los regalos, ya que es una mala costumbre creada por los gobiernos populistas.

‘Lo peor que le puedes hacer a un niño en estas condiciones es darle un regalo. Si alguien quiere darnos un regalo por Navidad para un niño de San Miguelito, le diremos que no. Ahora, si viene con nosotros a San Miguelito, juega rugby, fútbol o baloncesto toda la mañana, el niño sabe quién es, su nombre y apellido, y después de eso quiere darle un regalo, tiene un significado diferente', concluye.

PERFIL

MARTÍN CERVIÑO, AUTOR DE LA EXPO FOTOGRÁFICA ‘USTUPU'

Martín ‘Tincho' Cerviño es fundador y director de Cabo Films y co-fundado de Fundación Descalzos. Estudió fotografía, diseño gráfico y Ciencias de la Comunicación en Uruguay y Estados Unidos, y en 2004 obtuvo una triple Licenciatura en Comunicación Social, Publicidad y Comunicación Organizacional en Lindenwood University (Missouri). Ha sido varias veces galardonado por su trabajo. Desde 2011 vive con su familia en Panamá, desde donde realiza documentales y docu-merciales filmando proyectos por todo Latinoamérica.