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12 de Aug de 2020

Cultura

Gatos, gusto y sociedad

No hay duda de que son animales hermosos y fascinantes, pero la ‘filosofía' de los perros sería más sana para nuestra especie.

Ni el aborto, ni el matrimonio igualitario, ni la legalización de la marihuana crean tanta controversia y división como el viejo debate de gatos versus perros. Por supuesto que es broma, pero definitivamente son casi opuestos, y numerosos estudios (como uno realizado el año pasado en la Universidad de Texas) señalan importantes diferencias de personalidad entre la gente que prefiere a unos o a otros. Mientras los amantes de los gatos son mayormente asociados con la creatividad, introversión, espontaneidad, curiosidad e ideas poco convencionales, los amantes de los perros suelen gustar del orden y la disciplina, ser más sociables y preocupados por los demás. No todo es blanco o negro, pero de cualquier forma podríamos decir que ambos animales han dejado de ser simples mascotas para convertirse en símbolos de identidad personal, en especial los gatos. Por mucho tiempo cargaron el estigma de ser animales ingratos, portadores de enfermedades y hasta diabólicos, pero hoy están por todo el internet, adornan miles de productos y casi podría decirse que han igualado a los perros como compañeros favoritos en el hogar.

Es bien sabido que estos felinos ostentaban un lugar especial en el Antiguo Egipto y que son un animal emblemático en Japón desde hace siglos, pero la popularidad explosiva de la que gozan en Occidente podría tener menos de 10 años. Entre YouTube y los hipsters, internet ha tenido todo que ver con que se hayan vuelto tan populares, pero como todo en la cultura, hay una retroalimentación mutua: nos gustan porque se han vuelto populares, y se han vuelto populares porque más gente ha descubierto que les gustan.

En Sociología de las tendencias, Guillaume Erner hace una distinción entre tendencias funcionales y no funcionales. Las primeras son aquellas que cumplen algún propósito práctico con respecto a nuestras costumbres y estilos de vida (como los autos 4x4 o los hatchback), mientras las segundas reflejan simplemente un gusto relativo a una época en particular, como un color de moda, que es bastante más difícil de explicar porque responde a otras dinámicas sociales.

Según estas categorías, los gatos serían una tendencia funcional porque nos hacen compañía y son de bajo mantenimiento, algo muy conveniente para casi cualquier persona que trabaje fuera de casa. Los más supersticiosos les atribuyen propiedades para la «limpieza» de energías o los prefieren porque además ayudan a mantener la casa libre de alimañas. Sin embargo, en la cultura de consumo, que es esencialmente fetichista, los objetos y las pertenencias tienen una función que trasciende el valor de uso y ‘comunican' quiénes somos. Así, los animales de compañía, que de cierta manera son considerados posesiones, suelen ser elecciones estéticas que se vuelven extensiones de nuestra identidad y personalidad.

Podríamos decir que los elegimos simplemente porque nos gustan, y que querer otras explicaciones sería buscarles la quinta pata, pero también podríamos plantearnos, como el sociólogo y filósofo Pierre Bourdieu, que no existe el gusto en sí mismo, sino maneras en que se organiza la sociedad.

Los perros están programados para la vida en colectivo, aman estar acompañados y disfrutan ayudar a los humanos en distintas tareas, mientras los gatos son individualistas y suelen ser un tanto apáticos. Aun así, nos encantan sus ocurrencias sin sentido; que sean independientes y despreocupados, tal vez como parte de una libertad que admiramos y anhelamos. Indudablemente, todo ello contrasta con la enorme dependencia de los perros con respecto a sus dueños, pero más que una dependencia, es una simbiosis. Usualmente pensamos que sólo sobrevive el más fuerte, pero la adaptabilidad, la solidaridad y el apoyo mutuo son más importantes.

Más allá de su belleza, su extraña forma de hacernos compañía y su inagotable capacidad para divertirnos, los gatos han devenido un gusto colectivo que refleja el espíritu individualista de nuestros tiempos. No hay duda de que son animales hermosos y fascinantes, pero la ‘filosofía' de los perros sería más sana para nuestra especie.

COLUMNISTA