Temas Especiales

04 de Feb de 2023

Cultura

¿No les dará vergüenza?

Esos no tienen vergüenza, madre. Ni conciencia de honra

Eso preguntaba mi madre cuando veía a alguien hacer algo inconveniente. Bonita palabra, ‘vergüenza'. Vergüenza es la turbación del ánimo ocasionada por la conciencia de alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante.

Para lo cual, claro está, hay que tener conciencia, que es, según dice el diccionario, un cierto conocimiento del bien y del mal que permite a la persona enjuiciar moralmente la realidad y los actos, especialmente los propios. Y el sentido moral o ético propios de una persona.

Porque para tener vergüenza, mamá, hay que tener estimación de la propia honra o dignidad. Y para eso es necesario tener conciencia, o sea, un conocimiento claro y reflexivo de la realidad. Pero para tener ese conocimiento es necesario, leo, desarrollar la actividad mental del propio sujeto que permite sentirse presente en el mundo y en la realidad. Todo esto, madre querida, te lo cuento sin haber buscado más de dos palabras en el Diccionario de la Real Academia .

Y no, madre, no tienen vergüenza. Vergüenza ajena es la que tenemos aquellos que aún conservamos un poco de pundonor. Ellos no sienten vergüenza, los politicastros del patio son unos facinerosos que han perdido la vergüenza, rebajándose en su conducta y desechando el encogimiento o la cortedad. Convirtiéndose en unas malas vergüenzas. Ruines e inconvenientes.

Los que se escudan en fueros electorales chuecos, los que ofrecen esos fueros electorales a cambio de favores, monetarios o de otro tipo. Los que interponen amparos de garantías constitucionales, los que se revuelcan en la misma mierda de la que en otros lugares han sacado a patadas en el culo a otros de su mismo pelaje. Los que se pavonean cabalgando, y luego, tras pasárseles la goma aún se ríen en nuestra cara. Esos no tienen vergüenza, madre. Ni conciencia de honra.

A esos da igual que les saquemos la vergüenza, a esos no les hacen mella la afrenta y el repudio público porque saben que es llamarada de capullo. Ellos saben que los insultos y la tiradera de agua es un desahogo del momento, impulsado por la manada. Y saben que ninguno de los que gritan ‘ladrón' son capaces de repetirlo en un restaurante, por ejemplo, ellos sí, por vergüenza, y por miedo a que los desalojen del lugar.

Los corruptos invocan sus fueros y privilegios y se cubren las espaldas con la bandera. Se carcajean de nosotros. Y saben, porque lo saben, que se reelegirán, muchos de ellos. ¿Y sabes, madre, por qué saben que se van a reelegir? Pues porque muchos de los que gritan ‘ladrón' y se indignan, en realidad saben que harían lo mismo si estuvieran en su lugar.

En este pedacito de istmo lo de medrar con dinero ajeno, lo de embolsarse coimas, sobornar, robar o matraquear es el pan nuestro de cada día. Eso no está tan mal. Tampoco pasa nada con lo de negociar con substancias ilegales o lavar dinero. Peccata minuta.

Lo que sí levanta pasiones y saca a relucir las espadas es el sexo y lo que lo rodea. Y eso, madre, que es natural y que no debería darnos vergüenza, eso sí se convierte en un caballo de batalla, ‘¡Con mis fanatismos no te metas!'. Todo es muy confuso, madre. Porque mientras nos avergüence que nuestros hijos reconozcan su cuerpo de una forma natural. Mientras creamos que el amor en cualquiera de sus variantes es vergonzante, pero no nos avergüence admitir que le pagamos coima a un policía, todo estará mal.

Mientras la vergüenza no sea nada más que por los malos actos, madre, esto no irá a mejor.

COLUMNISTA