La Estrella de Panamá
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14 de Oct de 2019

Cultura

A flor de piel

No me pueden acusar de no reflexionar sobre las cosas. No pueden decir que no me preocupo de investigar, husmear y pensar

Tampoco pueden acusarme de doblegarme ante las imposiciones sociales que no se ajustan a aquello que creo justo. No acepto lo que no es correcto y la palabra indecencia nunca la utilizaré para referirme a cualquier cosa consensuada entre dos adultos.

Una vez dicho esto, también tengo que reconocer que me fastidian los grandes gestos vacíos, las escenografías grandilocuentes, los montajes para la galería y el tratar de epatar por epatar.

Mi mejor compañero de juegos fue mi primo. Nunca me negaron el acceso a libros y enciclopedias con gráficos explícitos. He visto mi buena dosis de porno. He tenido los suficientes novios, amantes, maridos e hijos, como para saber qué y cómo es lo que le cuelga a un hombre entre las piernas, sea esto del color, tamaño o forma que sea. A mí, ver una verga me viene importando entre cero y menos tres en mi escala de escandalización. Verle el culo a alguien no me puede impresionar menos. Y estoy convencida de que si los chiquillos vieran más cuerpos desnudos, se restaría el morbo en la ecuación de adolescentes, sexo, embarazos precoces y enfermedades de transmisión sexual, con lo cual, todos ganaríamos.

Una vez dicho esto, y añadiendo que, desde que era adolescente y en los lugares donde es legal hacerlo, tomo el sol con la menor cantidad de ropa posible, apostillo que lo del poeta apóstolos me parece una pataleta de niño en pasillo de golosinas en supermercado. Una salida de tono, de timbre y de clave (si es que estas cosas son posibles).

Vamos a ver, un poeta economista naturista nudista denuncia la corrupción, pues vale, oye, como muchos otros. Que no es ni será el único. Se ofrece al sacrificio encuerándose en los predios de una institución con edificio feoclásico panameño, (será porque estaba esperando que llegasen los pretorianos). En un gesto grandilocuente que rogaba por detención y castigo ejemplar. Y obviamente, se lo dieron.

Hasta allí todo bien. Causa, consecuencia. ¿Pretende que las autoridades pregunten al público si él o Barrabás? Pues está claro que, en este país de cuatro millones mal contados de personas, todos (menos quince, más o menos), van a gritar a una, ‘¡Barrabás!'.

Y después del mes en el sepulcro, ¿qué? ¿Piensa regresar en loor de multitud?

Que en serio, que me parece bien lo de las ‘performances', y sacudir conciencias y todas esas cosas del arte moderno y experimental (yo prefiero a Rembrandt o a Rubens, o incluso a Franz Von Stuck, pero vamos, para gustos colores y modas); aún así considero que no deberíamos confundir la gimnasia con la magnesia. Y no deberíamos perder de vista dónde estamos y en qué siglo mental están los que nos rodean si deseamos comunicar un mensaje que se entienda y que cale en la ciudadanía. De ser elegidos presidentes ya ni hablamos, vamos solo a pretender que entiendan aquello que nos sentimos compelidos a comunicar.

Porque que dentro de trescientos años alguien considere que el manifiesto que un tipo en bolas autoproclamado mensajero del futuro fue revolucionario, para los problemas que hoy -cuando yo estoy escribiendo esto y usted lo está leyendo- nos aquejan es bastante ridículo. Y no, colega, el mensaje no se entiende ni más ni menos porque estés en pelota picada, eso lo único que hace es crear interferencias. Aunque, pensándolo bien, si no hay propuestas intelectuales serias y solo hay algo colgando, puede que lo de distraer ses precisamente lo que pretenda el tal apóstol…

COLUMNISTA