10 de Dic de 2022

Cultura

Se cumple la última voluntad del Libertador

Los restos del Libertador cuentan con tanto simbolismo y ostentan tal carga histórica que uno de los símbolos del poder en Venezuela

Se cumple la última voluntad del Libertador
Se cumple la última voluntad del Libertador

José Antonio Páez, que había adversado al Libertador, recurrió a su memoria para consolidar su poder en Venezuela. En noviembre de 1842, casi doce años después de la muerte del Libertador, hizo exhumar sus restos para trasladarlos a Caracas, en cumplimiento de la voluntad testamentaria. Organizó una flota naval para trasladarlos con toda la pompa del caso de Santa Marta a La Guaira. Y para calmar el ánimo de los colombianos por la pérdida de sus reliquias, Páez les concedió que conservaran en una urna el corazón del Libertador. El cuerpo así disminuido llegó a La Guaira y allí delegaciones diplomáticas, militares, clérigos y funcionarios le tributaron los honores correspondientes. Sus restos fueron trasteados, bien custodiados, de un país a otro, y terminaron, luego de desfiles y procesiones en la catedral de Caracas.

Permítanme una nota la margen, una ligera digresión: los dos grandes jefes militares del siglo XIX, Simón Bolívar y Napoleón Bonaparte tuvieron destinos parecidos después de muertos. Napoleón murió en el exilio, y el libertador iba camino iniciar el suyo; Bolívar se limitó a señalar en su testamento: Es mi voluntad que después de mi fallecimiento mis restos sean depositados en la ciudad de Caracas, mi país natal; Napoleón se limitó a decir: quiero que mis cenizas descansen en las orillas del Sena en medio del pueblo francés que tanto amé con Bolívar tardaron doce años en cumplir su voluntad, con Napoleón 19; ambos sarcófagos fueron recibidos en sus respectivos países con pompa y llevados a panteones especiales reservados para unos pocos…y ambos cuerpos fueron previamente mutilados o, más precisamente, sin sus órganos completos: en el caso del libertador, el gobierno de Venezuela le permitió al de Colombia quedarse con su corazón; en el caso de Napoleón porque el pene le fue cercenado y desde entonces ha dado muchas vueltas entre coleccionistas depravados y de gustos macabros.

Décadas después, en 1874, otro presidente de Venezuela, casi la antítesis del Libertador, optó no obstante por echar mano de su memoria para consolidar su poder. Además de publicar los 32 volúmenes de la historia del Libertador, y celebrar con fanfarria el centenario de su nacimiento, decidió trasladar, con la pompa de rigor, los restos de Bolívar al recién concluido Panteón Nacional. Y le sirvió, pues permaneció en el poder 18 años. Fue la última mudanza. Allí los restos de Bolívar encontraron sosiego y permanecieron intocables por los siguientes 100 años.

Hasta que entró en escena el presidente Hugo Chávez.

Bajo su mandato el país fue rebautizado como República Bolivariana de Venezuela, y sus restos fueron nuevamente exhumados, esta vez con la intención de demostrar no había muerto, como indicó su autopsia, por tisis tuberculosa, sino envenenado por la oligarquía colombiana. En esta ocasión sus restos no fueron trasteados de un sitio a otro, solo sometidos a exámenes acordes con nuevas tecnologías.

Los restos del Libertador cuentan con tanto simbolismo y ostentan tal carga histórica que uno de los símbolos del poder en Venezuela, donde nació y donde descansa, es la llave del sarcófago que contiene sus restos.