La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Cultura

Patrimonios

El Festival Mi Ranchito, de Río de Jesús y el del Almojábano con Queso tienen muchas opciones de entrar en breve en dicha lista

Nos despertamos el jueves con la noticia de que los congos panameños han sido inscritos por la UNESCO en la lista del Patrimonio Mundial Inmaterial. Pues oye, qué alegría, ¿no? Que sí, que estamos todos felices y contentos, porque se ha hecho justicia con las tradiciones afroantillanas, durante tantos siglos rechazadas y apartadas; por lo que ese nombramiento implicará (o debería implicar, claro, que en este país nunca se sabe y con temas culturales y patrimoniales se sabe mucho menos); porque es un honor y un privilegio, blá, blá, blá.

Pero aquí, la mosca cojonera que suscribe, empieza a pensar que la tal lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, ‘tiene el propósito de dar visibilidad a las tradiciones y conocimientos de las comunidades, sin por ello reconocerles ningún criterio de excelencia ni de exclusividad', y que así dicho no sirve de mucho.

Mi cinismo me dice que, según está el nivelazo cultural humano últimamente, para visibilizar a lo mejor nos salía más a cuenta un programa de alienígenas ancestrales que vinieran a descubrir que los gorros congo no servían para colar café ni para pescar, sino que eran antenas que permitían la recepción de señales extraterrestres.

Pero contengo mi sarcasmo y retomo la lista, los congos acompañan, en un largo recuento, a las tamboradas de Baena, la romería de la Virgen de Zapopán, el reggae jamaiquino, el Khon tailandés, el Raiho-shin japonés, el hurling, las luchas Chidaoba y Ssirum o Ssireum , la danza Yalli de la región azerbayana de Nakhchivan, la perfumería de Grasse, los cuentos de Dede Korkut… las técnicas y de construcción con piedra en seco que entran a hacer compañía a las de los pizzaioli napolitanos, que ya llevan listadas un par de años.

No debemos dudar que el Festival Mi Ranchito, de Río de Jesús, el del Almojábano con Queso, y el de la Naranja en Churuquita Chiquita tienen muchas opciones de entrar en breve en dicha lista. Y bien me parece, oigan, no se vayan ustedes a creer que no.

Y tampoco se crean, ni por un momento, que minimizo la importancia de la cultura conga y sus aportes a la cultura panameña. En serio que no. Ni los vastos conocimientos que implica la realización del almojábano.

Lo que me parece absurdo es la alegría generalizada que este tipo de nombramientos despiertan. Y lo pronto que nos olvidamos de que Panamá tiene, nombrados por la UNESCO como bienes culturales, a Portobelo y San Lorenzo y aún no ha habido quien le ponga el cascabel al gato y haga algo para conservarlos y protegerlos. Como bienes naturales tiene inscritos el Parque Nacional Darién, y no voy a hacerlos llorar contándoles lo mucho que este gobierno (y todos los anteriores), se pasan y se han pasado esa declaratoria por el forro de los cojones; casi tanto como se están pasando la del Parque Nacional Coiba y su zona especial de protección marina.

¿Entienden mis dudas? A los hechos me remito, la lista no es más que un recuento de hechos, actividades, tradiciones, festividades y conocimientos relevantes para un grupo o comunidad. El nombramiento es reconocimiento y un honor y este honor, en un lugar normal, con políticos que no sean unas bestias pardas, debería implicar el inicio de una política de acciones, concretas y consensuadas con los actores pertinentes, que conllevasen una puesta en valor, una protección y una difusión de esta tradición, más allá de vestir a los niños de Pajarito y a las niñas de Reina el próximo mes de mayo.

Pero ya saben ustedes dónde estamos viviendo, y en este país somos congos. Todos.

COLUMNISTA