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19 de Feb de 2020

Cultura

Presos de nuestra percepción

Hoy este fenómeno se ve en gente como los ‘antivacunas' y los ‘terraplanistas', pero se extiende a todos los ámbitos de discusión

Acabo de ver la película Brexit , que trata sobre la forma como se realizó el referéndum de la salida de Inglaterra de la Unión Europea. Vengo analizando este tema desde hace rato, pues creo que lo que pasó en ese y otros casos cercanos marcará la forma como la comunicación fluirá (o más bien ya fluye) en los esquemas sociales.

Contrario a lo que muchos piensan, este fenómeno se viene cocinando hace años y en diferentes etapas. La primera vez que percibí algo fue cuando Sarah Palin corrió como vicepresidenta en USA. El metamensaje de sus discursos e intervenciones era algo así como estamos hartos de los expertos y sus ‘ínfulas', la gente normal como yo sabemos las cosas ‘de verdad', cosas que no se aprenden estudiando, sino viviendo.

Hoy este fenómeno se ve en gente como los ‘antivacunas' y los ‘terraplanistas', pero se extiende a todos los ámbitos de discusión. Estas personas desprecian el conocimiento científico o de los llamados ‘expertos', pues argumentan que al ser creado por ‘los que mandan' o el ‘establecimiento', entonces es falso.

La consolidación de las redes sociales ayudó a crear comunidades de personas que ‘retroalimentan' sus argumentos entre sí. Si antes yo tenía dudas sobre ‘comer lechuga', por ejemplo, podía investigar algo sobre el tema y preguntarle a un médico o a un botánico (los expertos), quienes me ayudarían a discernir si lo que pienso tiene algún fundamento, pero ahora lo que hago es buscar en línea si hay más personas que piensen como yo, y si las encuentro, tendré un arsenal de nuevos argumentos para seguir pensando lo que pienso, y una comunidad de personas que me dirán que tengo razón.

No tardó mucho tiempo para que alguien, por medio de algoritmos de afinidad y ‘análisis de datos', encontrara cómo usar estas ‘bolsas de prejuicios' a su favor. Mucha gente lo había hecho para vender todo tipo de mercancías, usando la regla básica universal de ‘asustarlos con algo y luego venderles la solución'. Por ejemplo, tipos como Alex Jones, quien le confirma a un grupo particular de personas en USA todas las teorías de conspiración en las que creen y luego les vende los productos para ‘defenderse' de ellas.

Volviendo a la película, vemos en ella el momento cuando este tipo de tecnología se usó para cambiar el curso de una elección. Lo que me pregunto desde hace ya algunos años es ¿cómo convences a alguien que está cómodo y protegido en su burbuja de creencias, de escuchar y cambiar alguna de sus opiniones? El patrón de las personas con su información es más o menos el mismo: están los que reciben la información y no la cuestionan (pueden recibirla por los medios tradicionales o por su Facebook), y los que generan opinión y comparten lo que encuentran, quienes son claves, pues se vuelven la referencia de los demás; y cuando se les pregunta de dónde sacan sus datos, casi siempre argumentan que no lo hacen de ‘los medios masivos', pues están ‘sesgados'. Resulta que ellos han encontrado un sitio web único, el cual no tiene sesgo y sí muestra la ‘verdad sin filtrar', además conocen a alguien que ‘sí sabe' cómo son las cosas de verdad, pues tiene un cargo que le da acceso a información ‘única y privilegiada', que los demás no tenemos.

Si se fijan, esto es igual para personas de ‘izquierda o de derecha', lo importante aquí no es la postura ideológica, sino el esquema de manejo de la información. Con estas personas es muy difícil argumentar, pues solo reconocen como válidas sus fuentes de información, todas las demás están sesgadas y manejadas por ‘una fuerza oscura'.

El método científico tiene validez, pues en su base se encuentra la duda, no se debe creer en algo a ciegas, se tiene que poder corroborar por un experimento repetible, en las mismas condiciones en cualquier lugar del mundo. Lo que estamos viendo hoy es que las personas prefieren no dudar nunca, buscan información que les sostenga lo que ya creen y no son capaces de dar espacio para la duda metódica, prefieren creer ciegamente en sus prejuicios que ponerlos en duda y arriesgarse a perderlos.

Lo que hoy conocemos como fake news no son más que estrategias comunicacionales diseñadas para lograr que estas comunidades de personas que ya tienen un set de prejuicios encaminen su opinión hacia un deliberado lugar. Quienes las crean usan algoritmos para analizar estas comunidades de creyentes, y decirles lo que haga falta para que se movilicen de alguna manera. El problema de tratar de crear los mismos mecanismos para luchar en su contra, nos deja por definición en el mismo lugar que sus creadores. Si hemos de crear una forma de luchar contra este problema, tendremos que encontrar alguna manera de hacerlo sin caer en el ‘mismo pecado'.

Vengo probando varios esquemas para hacer esto, algunos han funcionado mejor que los otros, lo que sí sé es que cuanto más tiempo pasa, más creo en la importancia de encontrar alguna forma de combatir estos procesos. El futuro de nuestra sociedad se está decidiendo en esta ‘batalla de imprecisiones'; no podemos quedarnos inermes sin algo que decir frente al tema.

COLUMNISTA