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19 de Jan de 2021

Cultura

Gabriel González Paredes en un sorbo de café

Gabo y la abstracción que proviene del silencio en una mirada interpretativa a las Bellas Artes de Panamá

Hoy, al levantarme en esta lluviosa mañanita de mayo, al caminar hacia mi terraza, observo que los chaparrones han sido clementes con las rosas de mi jardín, pues el nocturno vendaval pasó rápidamente sin causar daños. Ahí, con mi taza de café en mano, me siento a observar el pavimento mojado y las cortinas de lluvias que azotan todo el entorno del jardín. Escucho cómo, desde el interior mi casa, el noticiero con sus voces familiares, abruma de preocupadas noticias todo el vecindario. Al parecer, aquí en nuestro Panamá no existen mañanitas sin la compañía de estos rumores. Y decido apagar la TV y quedarme a escuchar el silencio de esta lluviosa mañanita.

El silencio es un momento robado a la rumorosidad, una condición que nos permite la introversión de nuestros pensamientos para escucharnos en callada reflexión. Esa condición nos permite comprender que, en cada vacío, existe una plenitud cargada de muchas cosas. Por eso, cuando estamos en silencio, no nos encontramos en soledad, más bien con nuestras propias intimidades.

‘Gabo es llevado de pequeño a los Estados Unidos, donde cursa su escuela y aprende otras expresiones en la lengua de señas, como la lectura labial en inglés. En su adolescencia, se reinventa con la fuerte voluntad de superar barreras comunicativas para expresar simples necesidades en un mundo exigente'.

Siguiendo mis pensamientos —en mano mi taza de café— recuerdo las siguientes frases: ‘Cuando era niño, miraba a las personas que se movían en un espacio repleto de vibraciones, gesticulando, haciendo seños, gestos comunicativos que despertaron en mí la curiosidad por observar y aprender'.

Estas fueron las palabras con que me recibió el pintor panameño Gabriel González (Gabo), artista que ha sabido afirmarse en el panorama panameño. Recordándome su niñez y brindándome la oportunidad con sus palabras, la manera de comprender el mundo desde su condición de ser sordo desde su nacimiento.

‘Desde pequeño, me pasaba largos momentos observando las pinturas que estaban colocadas en las paredes de mi casa'.

Su padre tenía una estupenda colección de pinturas de artistas panameños, ‘me llamaban la atención los cuadros con colores fuertes, pero me gustaban los no figurativos; allí había uno de Antonio Alvarado, que me capturaba por dentro'.

Gabriel considera hoy a Antonio Alvarado uno de los mejores exponentes de la plástica panameña. Su mundo infantil, dentro de su silencio, volaba junto a los colores de obras abstractas de Lolo Silvera, Alfredo Sinclair.

Mil idiomas, mil señas

Gabo es llevado de pequeño a los Estados Unidos (Florida), donde cursa su escuela y aprende otras expresiones en la lengua de señas, como la lectura labial en inglés. En su adolescencia, se reinventa con la fuerte voluntad de superar barreras comunicativas para expresar simples necesidades en un mundo exigente.

Al preguntarle a Gabo cuántos idiomas habla, suelta a reírse y entre divertidas carcajadas logra decirme: ‘Miles de idiomas, miles de lenguas de señas, miles de miles'.

Todavía me avergüenzo de mi pregunta, porque en verdad desconocía la variedad del lenguaje internacional con que cuentan las señas; comprendí el grado de mi ignorancia apreciando la capacidad en esos muchachos con discapacidad auditiva y de palabra, capaces de aprender una infinidad de maneras comunicativas.

Lo que al profano observador pareciera ser una muralla es una condición que construye personas con fuertes voluntades, en grado de gestionar mundos distintos y fundirlos en respuestas útiles a sus necesidades. Ellos son ejemplos nobles, que dignifican nuestras condiciones de ‘ser individuos normales' (¿?).

Los estudios

Los padres de Gabo notaron muy temprano la inquietud por el dibujo y su gusto del mundo artístico, pero le aconsejaron que primero sería útil una buena profesión y después ‘lo que venga'.

Gabriel se graduó de arquitecto en la Universidad de Washington y regresa a Panamá. Pero resulta que ese muchachito, que pintaba cuadros a los 12 años, que se refugiaba en su mundo de colores y de abstracta forma, seguía soñando con ser pintor. Y trataba de devorar cada consejo técnico que los maestros de la pintura en Panamá le daban, recordando: ‘…las tardes en Las Cumbres en casa de Antonio Alvarado, ebrio del olor a trementina y linaza; de las formas, de los colores del Maestro de la abstracción en Panamá'.

Abstracción política

Gabo no programa a priori sus obras, las sueña, las imagina y al sentirlas dentro de sí, las realiza con gozo. Su intimidad creativa necesita de un estado emotivo: ‘Si no logro trabajar en mi primer intento, me siento y fumo mi cigarro… allí veo el humo moverse en el espacio… medito, me relajo, hasta que las ideas y los colores me indican que estoy listo para iniciar'.

Sus trabajos no son la interpretación del mundo externo (figurativo), mas bien del rico mundo interiorizado, poseído por su condición especial.

Aquellas recordadas experiencias, vívidas en el silencio, son la esencia para inventar nuevas realidades; los repetitivos gestos ayudan en la acción pictórica, siendo el color el vehículo que trasporta sus emociones… porque para Gabo, el mundo cromático ha sido la madre serena, que lo abraza desde sus remotas intimidades.

‘Gabriel se graduó de arquitecto en la Universidad de Washington y regresa a Panamá. Pero resulta que ese muchachito, que pintaba cuadros a los 12 años, que se refugiaba en su mundo de colores y de abstracta forma, seguía soñando con ser pintor'

Sobrepone capas de colores donde el rojo nunca puede faltar. Usa la espátula como instrumento capaz de definir la casualidad de su repartición volumétrica del color; balanceando la cantidad y energía necesaria para alcanzar sus objetivos.

De esta manera de ejecutar, de capas balanceadas que se contraponen entre ellas, es que podríamos entender las preocupaciones de Gabo en la acción política, que él define ‘abstracción política', como la unificación, en síntesis, del individuo y su obra en una única identidad.

Acaba de escampar y en el lejano horizonte un cálido sol inicia a despertar; con él, todos los rumores que mente humana pueda imaginar. Abrumado, trato de terminar mi café y en este último sorbo, medito sobre el silencio que acabo de abandonar, apreciando con júbilo las obras de Gabo, porque provienen de latitudes que hemos olvidado, pero que viven para hacernos reflexionar.

Expresionismo abstracto

Es conocido por sus pinturas a gran escala, ricamente texturizadas y vívidamente coloreadas. Gabo ha descubierto un poder emotivo dentro de la crudeza de los materiales que utiliza para ejecutar sus pinturas, centrándose en la exploración material, el gesto creativo y la conexión espiritual. Gabo deja muchas de sus pinturas sin título, con la intención de eliminar cualquier predisposición o conexión más allá de la existencia inmediata de la obra. Las influencias de Gabo van desde artistas como Antoni Tàpies y Jean Dubuffet, hasta maestros coloristas como Willem de Kooning, Mark Rothko y los brillantes tonos de su herencia nativa. Entre sus exhibiciones individuales se encuentra: ‘Viaje a las Estrellas' (Klaus Steinmetz Arte Contemporáneo), ‘Polychromes' (Viota Gallery), ‘Gabriel González' (Quintessentially, Espacio Panamá, y ‘Political Abstraction' (The American Collection).