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14 de Oct de 2019

Cultura

Una casa museo con calor de hogar

Los hermanos Jorge y Miguel, hijos del maestro Alfredo Sinclair, han acondicionado la que fue residencia del artista y su esposa en una casa museo que destaca su vida y su obra

"¿Qué van a hacer con las cosas de su papá?", preguntó Doña Olga Ávila de Sinclair, desde su lecho de enferma, a su hijo mayor, Jorge, después de enterarse del fallecimiento de su esposo.

Alfredo Sinclair, su compañero de toda una vida, se había ido antes que ella y sin poder despedirse. La tristeza embargó a doña Olga, que trató de recomponerse para encargar a su hijo de una importante misión.

‘No me dijo qué hacer, solo me dijo ‘encárgate' y desde ese momento empezó a darme vueltas a la cabeza, pensando en qué podíamos hacer', recuerda Jorge. Pocos días después, doña Olga entregaría su alma al creador; partía rápidamente al reencuentro de su amado.

‘A mi hermano Miguel y a mí, teniendo una conversación, se nos ocurre hacer un proyecto que no era ni ha sido fácil, porque si no nos equivocamos, es de los primeros proyectos en Panamá en que una casa de familia es dedicada al artista que allí vivió', dice el médico.

Entonces, decidieron convertir la antigua residencia de la familia Sinclair en una casa museo donde se pudieran resguardar los aspectos más significativos como hombre y como artista y donde se pudiese destacar su obra.

‘Decidimos tomar este sitio, no deshacernos de él, muy por el contrario, reorganizar y reestructurar. Fuimos asesorados por algunas personas que tienen cierto conocimiento al respecto, y con la experiencia muy humilde de haber visitado nosotros algunos museos en otros países, de toda la vida, decidimos sacar a la palestra las obras más importantes y significativas que nuestro padre nos legó a nivel familiar', cuenta.

La residencia, ubicada en La Gloria, corregimiento de Bethania, fue el hogar del maestro Sinclair y su familia, por más de 60 años., ‘donde el Maestro vivió algunos de sus años más productivos'.

Los hermanos decidieron hacer algunos cambios en la estructura y adecuarla para que pudiese ser visibilizado el trabajo del artista. Sin embargo, cuenta también con algunos objetos personales, condecoraciones y recuerdos familiares, objetos que hablan de la dinámica familiar que allí se dio. Y se ha convertido también en un lugar que nos ha servido mucho de contacto para mantener una especie de hilo con respecto a sus recuerdos y su obra', asegura.

La colección

‘Lo primero fue establecer cual era el estado de situación, hicimos un inventario de la obra y nos llevamos muchas sorpresas', reconoce Sinclair.

‘Las obras estaban guardadas y custodiadas en su estudio, en un armario donde estaban muy bien cuidadas, se trata de obras de todas las épocas, y en eso tenemos que hacer mérito al hecho de que Doña Olga siempre insistió al maestro, ‘aunque tengas una exposición y aunque vendas obra y los coleccionistas quieran comprar, siempre debemos guardar algo para la colección familiar par poder tener algo valioso desde el punto de vista personal tuyo, y así fue como se fue creando la colección de doña Olga. Si somos honestos, esta era la colección de mi madre, puesto que ella es la heredera universal de la obra de mi padre. Al ser la heredera universal del maestro Sinclair ella nos pide que la custodiemos y hemos tratado de hacer lo mejor posible para presentar a la comunidad una obra algo ordenada y hemos encontrado expresiones artísticas muy potentes. Muy fuertes, muy importantes', asegura.

‘Seguimos ordenado, tratando de buscar los elementos que puedan hacer una presentación viable, histórica, hilvanada que haga parte de su vida y andar artístico en esta casa', agrega el mayor d ellos hermanos.

Y es que queda claro para los herederos que ‘Para conocer a Alfredo Sinclair hay que conocer su obra, hay que verla'. Sinclair fue un pintor muy prolífico, hay que recordar que comenzó su carrera artística formalmente cuando tenía 26 años y pintó hasta los 93 años de edad.

‘Él llegó a decir, yo creo que he pintado como unas 20 mil obras en mi vida, pero calculamos que fácilmente puede haber dejado unas 40 mil obras repartidas en las colecciones del Banco Nacional de Panamá, la Caja de Ahorros, el Museo de Arte Contemporáneo, las colecciones del antiguo Chase Manhattan Bank, Citibank, Bank Leumi y en manos de privados'.

Una frase de Sinclair era que ‘el pintor que mucho habla, o el pintor que mucho escribe deja de pintar'. ‘Entonces, ‘zapatero a tus zapatos', y él fue un tremendo zapatero. Es un hombre que se dedicó exclusivamente a la pintura, y eso le da todavía mucho más valor. Aparte de todo, la fama nunca lo perturbó. Y nunca se dio al aspecto mediático. Él no es que era tímido, pero decía que el pintor tenía que pintar. Ese era su mundo', asegura Jorge Sinclair.

En las paredes de la casa museo luce una obra que sus custodios describen como ‘potente, fuerte y significativa'.

Amantes del arte, consecuencia del ambiente en el que fueron criados y ‘porque mi mamá era muy tenaz en cuanto a nuestra educación en el arte y la cultura', cada uno de los hijos del maestro guarda su propia colección, que a su vez ha llegado a enriquecer la de la casa museo. ‘Tengo que apreciar y tengo que manifestar la importancia de que mi hermano Miguel y Olga también, hemos dejado parte de la obra nuestra aquí, para que el público pueda tener acceso a la historia de Alfredo Sinclair.

De la idea a la realidad

El proyecto se echó a andar hace unos 4 años y medio, poco tiempo después de la partida del maestro Sinclair y su esposa Olga. ‘Con recursos familiares disponibles hemos realizado un plan a corto y mediano plazo ‘para preservar, para mostrar, para poder compartir con panameños y extranjeros, con todo el que venga, toda aquella obra hermosa, toda aquella obra dedicada, de oficio de muchos años de nuestro padre', detalla Miguel Sinclair.

Luego de decidir no vender la propiedad, patrimonio de la familia, emprendieron algunas remodelaciones en el inmueble y paralelamente crearon la Fundación Alfredo Sinclair. La casa museo funge como sede de la fundación y acoge las obras del artista.

‘Hicimos inicialmente cambios en la sala, cambios en la cocina, pero tratando de preservar el espíritu y la esencia de nuestros padres. En la casa hay nacimientos, hay imágenes religiosas, sobre todo de mi madre; todos esos detallitos nosotros hemos tratado de mantenerlos', explica el ingeniero, hijo menor de Alfredo y Olga. ‘Aquí hay un espacio para no solamente el arte, sino también para todo lo que representa la esencia de la familia Sinclair', agrega.

Cuenta Miguel que no ha sido una labor sencilla, pero que han contado en todo paso con la colaboración del relevo generacional de la familia: Alfredo Sinclair López, hijo de Jorge y Miguel Ángel Sinclair Espino, hijo de Miguel; arquitecto y estudiante de arquitectura, respectivamente. ‘Jorge y yo, pues representamos la experiencia, la visión y la misión de la familia y de la Fundación. Ellos representan la innovación y ese empuje, ese ímpetu que necesitamos todos para reinventarnos, para volver a tomar fuerza y la síntesis de todo esto es lo que tenemos a bien presentarles', explica.

‘Aquí hay un espacio para no solamente el arte, sino también para todo lo que representa la esencia de la familia Sinclair',

MIGUEL SINCLAIR

DIRECTOR DE LA CASA MUSEO ALFREDO SINCLAIR

Durante el recorrido no solo se pueden ver obras de diferentes épocas, de diferentes décadas, desde los años 40 hasta el 2007. De igual manera se podrá apreciar fotografías, certificados, pergaminos, órdenes gubernamentales, premios, un sinfín de objetos que son muy valiosos, que no se compran, que se ganan', especifica el ingeniero.

Una vitrina expone medallas y galardones otorgados por la presidencia de Argentina, el Gobierno de Panamá, el rey de España y reconocimientos regionales. Otros permanecen guardados porque no alcanzaría el espacio. ‘Él tuvo la capacidad y la bendición porque así lo pienso, de ser premiado en vida, de tener mucho reconocimiento en vida. La gente dice que después que uno parte, puede ser un poco tarde, pero en el caso de mi papá, él tuvo la dicha de poder tener una larga vida, pero también tuvo la dicha de gozar y de disfrutar esos triunfos y esos logros con su esposa, mi mamá, y con sus hijos y sus nietos', destaca. ‘Al final, reza el dicho que si triunfas en la vida y no tienes con quien compartir esos triunfos, de nada te vale. Y lo que mi papá pudo lograr, nuestro padre pudo lograr, ahora trasciende, va mucho más allá de la familia Sinclair. Trasciende a la nación, trasciende al continente', dice.

Para los hermanos, todos esos elementos, se convierten en remembranzas. ‘Allí están. Hay fotografías, placas, obras, hay escritos de periódicos. Esta casa al final recoge la esencia, recoge los momentos alegres y también, por qué no decirlo, los momentos difíciles, que como toda familia podemos experimentar. Miguel reconoce que ‘se ha puesto mucho amor, mucha dedicación, mucha entereza, para que este proyecto se haga realidad'.

El área social de la casa, sala y comedor, albergan hoy los espacios más amplios de la casa museo. La cocina debió ser retirada para establecer allí un nuevo rincón que exhibe una de sus obras más antiguas, de 1948, a la última que pintó en 2013. La recámara del artista mantiene una cama sobre la cual reposa un rosario. Otra recámara alberga la oficina de fundación y otra más, las obras de la colección que no están exhibidas en el momento. Atrás, al fondo, se puede apreciar el estudio donde el maestro pintaba, pintaba, transformado en una sala de galería. El piso conserva las manchas de pintura, al igual que el banquillo y el caballete del maestro. ‘Ese banquillo es más viejo que nosotros', dice Jorge mientras recuerda con Miguel cómo usaban el asiento giratorio que luce manchas de una infinidad de colores, como el timón de un carro.

Aunque la casa museo no ha sido inaugurada formalmente, ha recibido ya una buena cantidad de visitantes de diversas profesiones, edades y estratos sociales. Pese a la variedad, ‘hay algo en particular que todos comentan: aquí se siente una atmósfera especial. Aquí se siente un espíritu, un espacio cálido, un nicho de amor al arte y dedicación. Y qué bueno', agradece Miguel, porque todo se ha hecho con mucho amor. Pero más allá del sentimiento, los hermanos Sinclair prometen que en la casa Museo se ofrece es ‘un trabajo profesional, un trabajo bien curado, con cuadros bien seleccionados, con iluminación y temperatura adecuada, equipo tecnológico y sistema de seguridad. Hemos sido asesorados también por expertos, y no ha sido un trabajo de improvisación. Siempre está el ímpetu, la emoción, pero a la vez está también la organización la disciplina y el celo, el celo que tememos como hijos de mantener esto', sostiene el ingeniero.

Ya mi padre partió, hace 5 años, pero cada obra de él como bien decía, ‘cada obra es un hijo mío y cada obra es un canal de comunicación, Es una manera donde yo plasmé mi sentimiento, donde yo plasmé en ese momento mi sentir en el lienzo'. Y cada espectador tendrá la oportunidad de crear su propia conexión con cada obra', concluye.

La casa museo atiende a grupos de un máximo de 20 personas, dadas las dimensiones de la residencia.

Por el momento, a través de las redes sociales, los interesados pueden comunicarse con la administración de la Casa museo y agendar una visita.