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14 de Dec de 2019

Cultura

Brooke Alfaro, descubriendo la vida del artista.

‘Es la historia del niño nacido en la ciudad capital de Panamá, que en su infancia inicia un exquisito periplo de diversos estímulos'

En el centro de la obra, una mujer que, en un primer instante, creí reconocer. Estaba desnuda, sentada a manera de una madona del Renacimiento; sus largos cabellos contornaban su silueta y tres figuras grotescas abrazaban su frágil cuerpo. Uno de ellos apretaba su seno y desde la cabellera de una de esas figuras caían gotas de agua, que eran recogidas por otra figura que sostenía una copa en su mano. Lo grotesco no se limitaba a mi descripción, porque una media luna recogía la figura, y rosas posaban sobre el respaldar de la silla —era día de lluvia. Las nubes atravesaban el oscuro cielo y en el horizonte se encontraba el mar… todo era maravillosamente armónico debido a sus cálidos colores.

Esta descripción que aquí les brindo en detalle es mi memoria de la primera vez que me encontré con la obra de Brooke Alfaro, sorprendiéndome porque me sentí muy cerca de él. También noté que en sus obras todos nos identificamos con sus personajes, siendo el motivo por el que su trabajo encuentra unánime aceptación. Pero, ¿quién es Brooke Alfaro y de dónde proviene tanta riqueza creativa? Acerquémonos a descubrir a un artista que engrandece el patrimonio pictórico y artístico de nuestro Panamá… y hagámoslo jubiloso.

Infancia y adolescencias

Es la historia del niño nacido en la ciudad capital de Panamá, que en su infancia inicia un exquisito periplo de diversos estímulos. Cursó tres años en una escuela primaria en Suiza. Visita Inglaterra, donde su padre era embajador y regresa a Panamá, siguiendo estudios en Balboa High School, en la antigua zona canalera. Continúa estudios en los Estados Unidos y retorna a Panamá. Su familia —me dice Brooke— es comerciante y agradablemente conservadora. Tratan de darles —a los dos hermanos— una educación de primer orden y él (Brooke) vive todos esos momentos con gran felicidad.

Para esta ocasión, me he entrevistado con Brooke en mi taller, mas debo anotar que he tenido la dicha de compartir con este gran artista en múltiples ocasiones. Lo que admiro de él es su control y sinceridad. Cuando narra su historia, sobresale la espontaneidad y claridad de pensamientos. Brooke enumera en orden todos los episodios de su vida, y cuando lo hace, sobresale la actitud de revivir esos momentos, contagiándome con la tranquilidad de una serena infancia y una emocionante adolescencia.

Siguiendo el relato, me dice que su intención era estudiar Derecho y por eso estuvo en un colegio americano para prepararse, y que la idea de ser pintor no entraba en sus proyectos; aunque de pequeño en Suiza y en Estados Unidos, construir objetos, modelar cerámica, inventarse dibujos, era ‘un pan cotidiano', pues le daba tranquilidad… hasta que un hecho le dio un vuelco a su vida: Un accidente en moto.

Era el año 1968, donde la ‘América' hervía con las protestas de la guerra de Vietnam, el mundo jipi creaba una ilusión de cambios a las nuevas generaciones y Brooke participó activamente logrando crear un vínculo de amistades que, hasta el día de hoy, se consolida en una cadena de fidelidad y comunicación que hacen parte de su historia íntima. Admiro a Brooke porque de las muchas entrevistas que le he realizado, nunca me ha murmurado ni sentenciado un ‘esto no lo publiques'. El crédito de esto, considero, es gracias a que las vivencias bonitas son las que alumbran su vida, antes que los pesares y dificultades... Pero quedamos en el incidente con la moto.

En su sereno análisis, rehace el punto nodal de su vida, el accidente de moto, donde fue puesto en cuarentena por una inesperada gangrena en una pierna que pudo superar. Pero en esos instantes, cuando rondaba sus veinte años, en ese hospital en Washington, decide estudiar y cambiar su vida abrazando la profesión de arquitecto.

Cursa un año en la Universidad en Washington, regresa a Panamá y se re-enamora de Panamá; estudia en la Universidad de Panamá y luego cursa un año en la Universidad de los Andes en Bogotá. Se rejuvenece absorbiendo todo lo hermoso que brinda la arquitectura (colonial, moderna, conservación) para graduarse en la Facultad de Arquitectura en Panamá.

En este punto respiro profundo y le pregunto sobre su pintura, pero Brooke sonríe entre sus cortos bigotes y me dice riendo a carcajadas, que todavía falta, pues fue también asistente dibujante, que también dejó la arquitectura para ser fotógrafo, que trabajó para la agencia internacional de Prensa Asociada (PA), trabajando para famosos periódicos y revistas como el Washington Post ; que fue reportero en un momento en que Panamá pasaba por fuertes tensiones políticas.

Y yo quedo sin palabras. Desconocía a este Brooke Alfaro. Entonces me tranquiliza porque anticipa mi pregunta y me dice que ya había decidido ser pintor y ese trabajo le permitía tener tiempo para trabajar. Y fue así que llegó el año 1979 y su primera exposición en Panarte

En esa primera exposición, Brooke sorprende con su particular manera de trabajar. Su obra es surrealista partiendo desde una interpretación figurativa… y aquí ya nos unimos al Brooke Alfaro que todos conocemos y apreciamos. Desde ese instante su brillante carrera y su particular obra encuentra el espacio de reconocimiento local e internacional, debido a que propone una singular visión de nuestra realidad.

Brooke realiza trabajos donde los personajes —en su mayoría de género femenino— son retratados en sus dimensiones cotidianas, con la particularidad de que logra impartir a cada una de ellas, la mística onírica y grotesca de sus extractos sociales, pues su taller colocado en el barrio San Felipe le permite un contacto directo con el convivir rutinario, logrando representar a los locales de una manera nunca vista.

Otras obras logran alimentarse de la atmósfera de la pintura Sacra Colonial Latinoamericana, reproduciéndose con ricas intuiciones e invenciones, híbridas propuestas que nos capturan en su mística del rito del realismo mágico.