La Estrella de Panamá
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23 de Oct de 2019

Cultura

Panamá en la cultura visiva latinoamericana y su relación con la cultura globalizada

Somos muchos los que hemos luchado para cambiar estas situaciones; y con la reciente creación de un Ministerio de Cultura, la confianza ha regresado

Obra de Alfredo Sinclair.Archivo | La Estrella de Panamá

Panamá es uno de los países latinoamericanos de mayor crecimiento económico en las últimas décadas; ese desarrollo no ha correspondido a un desarrollo cultural ni ha servido para optimizar las expresiones artísticas en Panamá. En este mundo globalizado han sucedido drásticos cambios en las prácticas artísticas que han transformado el razonamiento conceptual de las artes visuales. Muchas de las propuestas en las artes contemporáneas han sido fruto del ingenio creativo proveniente del continente latinoamericano. Dichos aportes son el fruto de la capacidad de solitarios artistas, pero raramente de atinadas políticas públicas gubernamentales.

Al parecer, el ambiente artístico —de Panamá— se cerró en una anestesia generalizada, llevando a una élite de aislados artistas a experimentar por cuenta propia, tratando de encontrar espacios adecuados donde expresar sus inquietudes y desarrollar sus novedades. Muchos de estos solitarios exponentes han sobresalido en tarimas locales e internacionales.

Pintura de Guillermo Trujillo.

Por otro lado, la educación artística y las propuestas académicas navegaron en una deriva de aproximaciones, fruto de un pasado donde el abandono gubernamental y las confusas políticas culturales no han premiado la excelencia artística.

Por paradójico que resulte esa situación, es contraria a la historia de la cultura educativa y a la excelencia artística de este país (Panamá). Por eso remarcaba al iniciar este escrito que al parecer hemos pasado por un periodo en el que la anestesia y apatía ha tocado el cuerpo reactivo de muchos intelectuales.

Salvo pocas excepciones, la mayoría de artistas visuales, de una u otra forma, se ha encerrado en una manera “decorativa” y “superficial” de las expresiones artísticas, sin cuestionarse o proponer cambios, enfocándose en la repetición de viejos modelos, bloqueando el proceso experimental, que es la esencia de las disciplinas artísticas, creando un público desorientado y poco inclinado a comprender las novedades de la producción contemporánea. Y todos sabemos que sin investigación no hay desarrollo.

Si nuestros creadores y nuestra educación se aíslan a nuevas visiones del mundo, si nuestros talentos no son estimulados a la experimentación artística, no estamos cumpliendo con la tarea primordial necesaria para desmantelar esos obstáculos; solo sometiéndonos a un férreo análisis, podremos enfrentar con realismo pragmático estos nuevos retos.

Arte de Carlos Palomino

Los nuevos retos

Somos muchos los que hemos luchado para cambiar estas situaciones; y con la reciente creación de un Ministerio de Cultura la confianza ha regresado y el optimismo es palpable en todos los sectores de nuestra sociedad.

Bajo estos nuevos propósitos Panamá se abre a nuevos retos, donde “la cuestión central” es la ruta que nuestro sistema cultural debe tomar, para saber enrutar todas las cooperaciones y las energías de quienes estén dispuestos a alcanzar dichos cambios.

Es claro que sigue vigente en la intelectualidad panameña la necesidad de exponernos con ideas, con proyectos, que no se repitan los errores del pasado, que tengan una visión amplia del país, que enfoquen las problemáticas de la IDENTIDAD panameña en una modernidad donde la GLOBALIZACIÓN nos pone nuevos retos, sobre todo con el aporte de estructurar el sistema cultural y educativo del país.

Panamá visto por dentro

Todavía nos llegan ecos de muchos exponentes —que presentándose en primera persona— surcaron muchas dificultades para dotar, con excelencia inventiva, nuestra historia de las Bellas Artes.

Aquel Alfredo Sinclair (1914-2014), alineado al proceso de la pintura latinoamericana a través de su abstractismo —a veces lírico, criollo— de los años 1960, sin olvidarnos de Eudoro Silvera (1917- 2010) en aquel 1953 al 1956 en Barcelona, que junto a Alberto Dutari (Panamá, Panamá; 1928 - 1997) tratan de incursionar en las nuevas tendencias, alineando nuestro país a las tendencias internacionales, con sus indiscutibles obras.

Obra de Aristides Ureña Ramos

Carlos Francisco Changmarín 1922-2012), que hace vibrar la juventud veragüense con su mundo polifacético, proponiendo incómodas luchas con su verbo, música y pincel. A Guillermo Trujillo (1927-2018), el muchacho proveniente de Horconcitos, Chiriquí, para dejarnos un legado pictórico, que muchos países envidian; a Adriano Herrerabarría (1928) un luchador por la excelencia educativa, creador de las Escuelas de Bellas Artes en el interior de la República; Carlos Palomino (1941-2013) enérgico muralista, que trata de sobresalir con sus trabajos que abarcan líneas pictóricas, como el surrealismo, la pintura de corte revolucionario que, dentro de su ámbito, cuestionó a muchos de nosotros.

La lista es innumerable, pues seguro el lector comprende que hay otros artistas que no mencionamos. Mas lo que quiero evidenciar aquí es que muchos pintores panameños incursionaron en las disciplinas pictóricas investigando, proponiendo nuevos modelos. Cómo olvidar a Julio Augusto Zachrisson, nacido en la ciudad de Panamá en 1930, investigador de las simetrías de las molas, proponiendo su personal aprecio sobre estas. Tabo Toral (1950), también propulsor de una particular manera de interpretar las molas, incorporándose al movimiento “Indigenista” vigente en el continente latinoamericano. Y más, muchos más, que se expusieron a nuevos campos investigativos.

Los artistas 'de lenguajes'

Muchos artistas jóvenes son capturados por el frenesí por complacer con sus obras y entrar rápidamente en el mundo comercial de las artes. La prisa los lleva a ser fácil presa de un “conformismo pictórico”, abandonando el periodo de consolidación investigativo. No reconocen los riesgos de una pintura taquillera, depredadora de oportunidades del lenguaje y la maestría pictórica.

En cambio, existen muchos/otros jóvenes pintores y artistas visuales, que logran disciplinarse con un recorrido investigativo, proponiéndonos nuevas maneras —que guste o no— arriesgan el salto en el vacío, para romper con ese conformismo.

A ellos he tratado de brindarles la oportunidad de ser presentados en estas columnas de Café Estrella, para estimular con apoyo concreto sus búsquedas. Sin olvidar que, en este difícil mundo de las artes visuales, contamos con exponentes capaces de crear una legítima manera de pintar, atrincherados en solitarias búsquedas, que tendríamos que sostener.

El novato y el realismo pictórico

Suele suceder que cuando en nuestras familias logramos individuar un miembro con inclinaciones artísticas, lo evaluamos basados en que usa el realismo para crear un puente comunicativo con su entorno. De hecho, diremos que ha realizado un retrato muy parecido al modelo, que ha copiado una naturaleza muerta idéntica a lo visto… en práctica, notamos que sabe dibujar bien.

Ese puente es sostenido por una manera de trabajar artísticamente que es de realismo; ese inicial encanto (puente comunicativo) es superado por el artista que trata de marcar senderos nuevos. Allí anida la diferencia entre los artistas novatos y de nuevo lenguaje.

Esos desafíos frente a nosotros son el estímulo que cada joven desea, pues están ahí, servidos sobre la mesa; listos para ser cabalgados por la vigorosidad juvenil. Incesantes retos.

Es nuestra responsabilidad el crear ese territorio fértil donde se cimienten esas nuevas energías, para que regresemos a alinearnos a ese sistema latinoamericano y a una cultura globalizada, que pone al centro de sus problemáticas el tema de la Identidad de los pueblos.