Temas Especiales

07 de Aug de 2020

Cultura

Ran Runnels y el año 1852 en Panamá

Randolph Runnels, un texano que llega a Panamá para “poner orden” en la ruta transístmica en el siglo XIX, es un personaje con elementos de realidad y fantasía

Ran Runnels y el año 1852 en Panamá

La presencia en Panamá de Ran Runnels, el Texas Ranger protagonista de leyendas, hazañas y ahorcamientos sumarios se justifica al leer las noticias de los diarios locales en el año lejano año de 1852.

En aquel mes de enero la esclavitud es abolida en toda Nueva Granada, recordemos que el Departamento del Istmo era el bien más preciado de esa nación pero a su vez una región desconectada y olvidada a pesar de que contribuíamos con la anualidad del Panamá Rail Road.

Eran tiempos de movimientos migratorios que cambiaron a la sociedad istmeña, primero por la necesidad de enviar el correo a California, y después las minas de oro que se convirtieron en un imán para miles y miles de inmigrantes, que allá fueron en busca de riquezas y tomaron la ruta de Panamá.

Los viajeros fueron protagonistas de noticias como las que decían que tres pasajeros del vapor Philadelphia se ahogaron tratando de desembarcar en el Río Chagres. Se menciona a un robo de $ 1,200 en plata en las oficinas del correo y de que trece presos se fugan de la cárcel.

Los afectados comerciantes panameños piden al cónsul de los Estados Unidos que inspecciones los veleros que zarpaban a California. Esto demuestra que se sospechaba que los delincuentes eran los mismos migrantes.

“Runnels es de Texas, y pertenece al legendario cuerpo de los Rangers, oficiales que imponen la ley en extensos territorios donde hay indios, bandidos americanos y mexicanos”.

Panamá y su zona transístmica era muy apreciada por los inversionistas de Nueva York, la ciudad más importante de los gringos, tanto así que la llamaban el Yankee Strip (la franja yankee). Por allí construían un ferrocarril de 80 kms. entre los dos mares, un verdadero desafío al calor y a la geografía y a las enfermedades del trópico. Ya habían fundado en el mes de febrero una nueva ciudad, Aspinwall en la isla Manzanillo sobre el Mar Caribe.

Todo eso se logra gracias a un acuerdo entre Nueva Granada y la Panamá Canal Railway, una empresa privada que cotiza en la bolsa de Nueva York. De cualquier forma, los norteamericanos se sentían jurídicamente seguros por la existencia del Tratado Bidlack Mallarino de 1846, que les daba ventajas en el transporte de nacionales y mercancía por el Istmo a cambio de garantizarle a la nación sudamericana la soberanía sobre Panamá.

Las noticias en el Yankee Strip generaban diversas sensaciones. El diario Panama Herald aparecía los martes y viernes, mientras El Panameño lo igualaba con tirajes dos veces por semana. Publicaban noticias positivas como que tres mil pasajeros se embarcaron a California en el mes de febrero y, muy malas, como que catorce pasajeros del vapor Mc Kim, que zarpó de Panamá llegaron muertos al puerto de San Diego.

Ran Runnels y el año 1852 en Panamá

Para generar confianzas entre los inversionistas y acallar a los opositores que pugnaban que la ruta ferrocarrilera debía ser por Nicaragua, se lanza una noticia en marzo que informa que el ferrocarril comenzó a realizar viajes pagados de Aspinwall a Bohío Soldado.

Pero los robos continúan. A un gringo de apellido Graig le sustraen $900 y es saqueada la residencia de José María Jované de la que se llevan $40,000 en artículos de plata.

Es entonces que llega Ran Runnels. En la novela de mi autoría, Ran Runnels, el verdugo del Yankee Strip, Runnels desembarca de uno de los tres vapores que cubren la ruta por el Fuerte de San Lorenzo, navega el río Chagres y se asombra de la exuberante vegetación, de los tucanes y de los gavilanes caracoleros y se asusta por con los monos aulladores. Llega a Ventas de Cruces y se asombra pues compara al poblado con los del oeste en los que tiempo atrás impuso la ley.

Runnels es de Texas, y pertenece al legendario cuerpo de los Rangers, oficiales que imponen la ley en extensos territorios donde hay indios, bandidos americanos y mexicanos. Se siente confundido por la diferencia de escenario.

En resumen, el texano encuentra nada más recorrer el Camino de Cruces a una mujer asaltada ante el cadáver de su marido y abandonada por el guía. Con ella llega a Panamá y nota el descontento de las clases bajas panameñas que ven cómo la llegada del tren hará desaparecer su modo de vida. Ya no se necesitarán las mulas, los arrieros, ni los hoteles de Gorgona, ni Venta de Cruces. Mucho menos los remeros de los cayucos en los que se transporta a viajeros y mercancías por el Río Chagres.

Al final Runnels, que nunca dice quién lo contrató y bajo qué premisas legales actúa, los ahorca o les dispara a todos, resulta vencedor y es premiado por los comerciantes panameños. Este último dato es histórico.

Los hechos que continúan apareciendo en los diarios locales avalan esta historia. En septiembre llega la noticia de que descubren más minas de oro en California y de que llegan a bordo del vapor Panamá $ 2, 710.555 en oro. Antes también desembarcan 200 onzas de oro de Nueva Granada. (nombre de Colombia hasta 1858).

Antes de fin de año los diarios mencionan la promoción del Estado Federal de Justo Arosemena, que el ferrocarril ya llega a Bohío Soldado, 28 kms más allá de su terminal caribeña y la petición de los comerciantes de que se constituya un nuevo cuerpo policial. Ese pudo ser el de Ran Runnels.

El personaje trasciende los años. Los habitantes de la Zona del Canal —zonians— lo consideran un héroe y una prueba de que desde siempre con los gringos las cosas andan.

Runnels aparece también en un capítulo de El caballo de oro, novela de Juan David Morgan, quien mezcla personajes reales, como los fundadores de Aspinwall y Ran Runnels con otros ficticios que le dan forma a su novela.

Alfredo Figueroa Navarro, Historiador y escritor, señala sobre la obra de Morgan que: “Hay tantas aristas en El caballo de oro que sería difícil explayarse sobre la totalidad de sus aspectos: la lucha del hombre por dominar una naturaleza indómita, la crecida mortalidad de quienes intentaron abrir la trocha intermarina, las vicisitudes de tantos boteros, cargadores y conductores de recuas de mulas, la fe en el progreso de la humanidad merced a la cristalización de ferrocarriles, anhelo tan definitorio del siglo XIX

Fueron tiempos en que Panamá renace como la ruta moderna que facilitaba todo transporte de gente, y de mercancía. Tres años después se da el incidente de la Tajada de la Sandía y el oro se acaba, se construye un ferrocarril transítmico en Estados Unidos en 1860 y la ruta decae pero después en los 70 y 80 del S XIX aparecen los franceses con su canal.

Para el sociólogo Marco Gandásegui Ran Runnels, el texano que con pistolas y un terrible lazo corredizo ahorcó a no sé cuántos bandidos, es un agente imperialista de los norteamericanos que de esa forma comenzaba su larga lista de intervenciones en Panamá.

Para mí es un personaje adornado con datos históricos y con licencias literarias en una época caótica y romántica.

Con la colaboración de Panamá, la vieja escuela