23 de Sep de 2021

Cultura

'Hemos fallado en seguir los principios de Nelson Mandela'

Melva Lowe de Goodin, promotora de la cultura afropanameña, ofrece un repaso, desde su perspectiva, del legado del activista contra el apartheid

Las cartas, tras los barrotes, de Nelson Mandela
Hoy se conmemora el Día Internacional de Nelson Mandela.EFE

Hoy el mundo recuerda a Nelson Mandela, activista contra el apartheid y abogado sudafricano, que presidió su país de 1994 a 1999. Su herencia cultural y política es reconocida en el mundo, pero ¿cuánto conocen de ello las nuevas generaciones?.

“Tengo la impresión de que los más jóvenes están aprendiendo a vivir de acuerdo al legado de Mandela” reflexiona Melva Lowe de Goodin, promotora de la cultura afroantillana en Panamá y fuera de fronteras nacionales.

“Me dio mucha esperanza”, continúa Lowe, “ver la cantidad de blancos, mestizos y asiáticos que se unieron al movimiento Black Lives Matter (La vida de los negros sí importa) para protestar en Nueva York, Los Ángeles, Boston y tantas otras ciudades de los Estados Unidos y varios países del mundo”.

Lowe, panameña, quien enseñó literatura africana y caribeña en la Universidad de Zambia, África, ve en las reacciones que surgieron tras la muerte de George Floyd, en diversos puntos del planeta, una respuesta de las naciones a la causa defendida por Mandela: la igualdad.

Tal como lo reseña la promotora de la cultura afroantillana, Mandela estaba consciente de que la población sudafricana tenía que pasar por una especie de catarsis para que tuviese la voluntad de acompañarlo en sus ideales, y para evitar que los habitantes de su país no se volcaran a la violencia producto de la venganza por las heridas sufridas. Con este proceso en mente, creó la Comisión de la Verdad y Reconciliación que permitía a los abusados y abusadores sentarse en una mesa para desahogarse, pedir perdón, y expresar dolor por los tratos inhumanos acontecidos durante ese período de segregación y discriminación racial férrea. 

“Me parece que después de ver las escenas que dieron la vuelta al mundo cuando Floyd, un hombre negro asesinado por un policía blanco que se arrodilló en su cuello por ocho minutos y cuarenta y seis segundos, la población estadounidense tuvo su propia Comisión de la Verdad y Reconciliación a través de las marchas y protestas que este trato inhumano desencadenó”, señala la gestora cultural.

Lowe, afropanameña de ascendencia jamaicana y presidenta de la Sociedad de Amigos del Museo Afroantillano de Panamá (Samaap), considera que los negros residentes en el Reino Unido también tuvieron su Comisión de la Verdad y Reconciliación cuando lograron bajar el “ofensivo monumento de un esclavista y tirarlo al mismo río de donde salían sus barcos con africanos esclavizados en siglos pasados”.

El ideal de Mandela

En uno de sus discursos históricos durante el proceso de Rivonia, Mandela afirmó:

“Albergo el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas convivan en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y alcanzar. Pero si es necesario, es un ideal por el cual estoy preparado a morir”.

Todavía, a pesar de los años que nos separan de estas palabras, el ideal deseado por Mandela sigue siendo un sueño para muchas de nuestras sociedades.

“Nelson Mandela… su legado principal se refleja en su fuerte apego a los principios fundamentales de la democracia en que deben basarse las sociedades del mundo moderno para poder tener una convivencia pacífica con igualdad de derechos y oportunidades para todos”, asegura Lowe.

La República de Sudáfrica logró liberarse del sistema de segregación racial conocido como apartheid en el año 1994 y Mandela, que había pasado 27 años en prisiones de Sudáfrica, fue elegido su primer presidente por sufragio universal. 

Mandela asumió el liderazgo de Sudáfrica, un país en que la población mayoritariamente negra había sufrido décadas sometidas al apartheid, un sistema de segregación racial brutal y degradante impuesto por la población minoritaria blanca.

Pero Mandela no solamente reflejó sus principios a través de sus acciones en el ámbito gubernamental, sino también en lo que hizo como humano.

“Desde el principio, Mandela se apegó al camino de la no violencia para lograr los cambios necesarios para que las distintas etnias africanas y los blancos puedan lograr una convivencia pacífica. En uno de sus discursos, expresó: ‘Si quieres hacer la paz con tu enemigo, tienes que trabajar con tu enemigo. Entonces lo convertirás en tu aliado’”, indica la gestora cultural.

“Lo que a mí más me impacta”, agrega Lowe, “es su capacidad de perdonar y utilizar la fuerza del perdón como herramienta básica de su política gubernamental”. “Si como mandatario de Sudáfrica él hubiese desencadenado odio hacia los sudafricanos blancos, todavía estaríamos viendo genocidios y masacres en ese país”, dice. 

Una anécdota gubernamental que ilustra ello es la de una cena en un restaurante donde también estaba cenando una pareja blanca. “Mandela dio instrucciones al mesero que él iba a pagar la cuenta de la pareja blanca. Al finalizar la cena cuando sus subalternos le cuestionaron por ese gesto, él respondió que ese hombre blanco fue uno de los custodios que más lo había maltratado cuando fue prisionero por 27 años”, reseña Lowe.

Labor de Mandela

El líder sudafricano luchó para eliminar la violencia contra la mujer y para asegurar que las mujeres ganaran el mismo sueldo que los hombres cuando hacían el mismo trabajo.

“Cuando Mandela fue elegido presidente, las mujeres ocupaban apenas 2.7% de los puestos en el parlamento sudafricano. Pero ya para el año 2013, en menos de dos décadas, las mujeres constituían 44% de la legislatura sudafricana”, indica Lowe. 

Y añade: “En Panamá y en otros países del mundo, también hemos visto el incremento de mujeres jefes de estados o legisladores en el parlamento. Pero todavía falta mucho por hacer para lograr una igualdad completa”.

Pese a los logros obtenidos, “en algún aspecto hemos fallado en seguir los principios de Mandela en muchos de nuestros países cuando manipulamos los sistemas gubernamentales para lograr un enriquecimiento ilícito personal”, denuncia Lowe.

Mandela había adquirido suficiente poder para acumular grandes riquezas, sin embargo, recoge la literatura universal, mantuvo un estilo de vida modesto.

Durante su gestión presidencial, Mandela donó un tercio de su salario para crear una organización que facultó para ponerle fin a la pobreza extrema y sus síntomas tales como el hambre, la explotación, y la falta de un hogar. Al ganar el Premio Nobel de la Paz en 1993, donó parte del dinero premiado para apoyar a niños en la calle.

Un ejemplo que visibiliza los principios democráticos de Mandela “es su anuencia de no perpetuarse en el poder”. “Aunque la legislatura de su país le concedió el privilegio de seguir ejerciendo su liderazgo, él optó por entregar el poder para demostrar sus verdaderos ideales democráticos”, dice Lowe.

“En América Latina, África y otras partes del mundo hemos tenido ejemplos de varios mandatarios que se rehúsan a soltar las riendas del poder, a pesar de la desestabilización social y económica generadas”, puntualiza Lowe.