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17 de Ene de 2022

Cultura

¡La luna es de queso!

Cuando nos callamos para evitar el conflicto, estamos generando la falsa sensación de consenso. Pareciera que hay una sola voz, la que más grita

¡La luna es de queso!
El primer paso para comunicarse con estas personas es reconocerlas como interlocutores válidos.Pixabay

Hace unos días me llegó un meme por las redes sociales que se titula “el principio de asimetría de la estupidez” y en esencia muestra un caso donde una persona asevera algo sin fundamento y a todas luces incorrecto.

En los últimos años este problema se me ha presentado en múltiples formas. Cuando un inversionista quiere que le expliquen en media página, el principio técnico de funcionamiento de un emprendimiento complejo de base TIC o financiero, cuando alguna persona cuestiona algo científico y pretende que se le explique en un tuit, cuando en alguna argumentación sobre puntos de vista políticos, alguien me pide que le pruebe que lo que piensa sobre mis candidatos es incorrecto... en fin, un problema que queda muy bien expuesto en el meme.

El dibujo expone el siguiente principio “la cantidad de energía necesaria para refutar una estupidez, es mucho mayor que la que se necesita para producirla”.

¿Cómo hacemos para solucionar este impasse?, ¿qué pasa cuando no podemos evitar el tener que someternos a esta vicisitud?

Normalmente cuando me encuentro en este tipo de situaciones, simplemente las evito, no discuto.

Cuando nos callamos para evitar el conflicto, estamos generando la falsa sensación de consenso. Pareciera que hay una sola voz, la que más grita.

Callar ha empeorado el problema, pues esto ha generado la sensación de que todas esas personas que andan por ahí, sin vacunarse, creyendo en todo tipo de conspiraciones, están en lo correcto.

Necesitamos encontrar una forma para comunicarnos con estas personas, necesitamos crear un mecanismo de generación de símbolos comunes, que nos permitan intercambiar ideas con ellos.

Por lo pronto es importante verlos como lo que son, personas con ideas diferentes. Muchos caen en la tentación de no tomarlos en serio.

El primer paso para comunicarse con estas personas es reconocerlas como interlocutores válidos, debemos entender que las personas merecen respeto, pero las ideas tienen que ganárselas.

Debemos aprender a escuchar, no como un requisito, sino como un verdadero intento de entender al otro.

Cuando nos callamos para evitar 'la fatiga', creamos un vacío en el proceso de comunicación, el cual puede ser llenado con ruido.

Los demagogos se alimentan de este vacío, lo usan para decir lo que las personas desean escuchar.

Debemos comenzar a conversar sobre los temas que necesitamos discutir, no los que queremos discutir.

Debemos dar el primer paso, hacer la primera convocatoria, callarnos primero, alguien debe generar confianza para comenzar la conversación. Es un asunto de vital importancia para nuestra supervivencia como sociedad.