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22 de May de 2022

Cultura

'La muerte tendrá que esperar'

Con esta novela, el español Javier Valenzuela culmina su trilogía sobre el Tánger internacional. En esta ocasión, la trama involucra la organiación del Mundial de Qatar, a Corina Larsen y la pandemia de covid-19

'La muerte tendrá que esperar'
'La muerte tendrá que esperar'

Hace dos años le dediqué a los libros de Javier Valenzuela un sendo artículo, donde reseñaba los que serían los primeros libros de una trilogía noir sobre el Tánger internacional. Los había conseguido en la Librairie des Colonnes, emblemática de Tánger, Marruecos. En los dos primeros, Tangerina y Limones Negros me cautivaron, tanto la trama como sus personajes. Y el autor prometió cerrar la trilogía, pero ya sabemos lo que ha pasado desde el 2020 para acá. En el camino, Javier Valenzuela también sufrió los embates de una enfermedad, que ralentizaron su producción literaria.

En esta, su más reciente novela, La muerte tendrá que esperar, sigue la trama del profesor Sepúlveda, que dirige el Instituto Cervantes de Tánger, a punto de jubilarse y con la libido un poco estropeada, su pareja sentimental, Leila, así como la vida de Adriana Vásquez, la socialitè de Limones negros, con tratos oscuros que se llevaban a cabo en el Club de Golf que ella regentaba, y ahora la coloca como la delegada de relaciones públicas del Mundial de Qatar, un puesto que le permitirá seguir codeándose con la crema y nata del poder empresarial. En algún momento se le llamó “La sultana de Tánger”. Hija de español y francesa, dotada de ambas nacionalidades, estuvo involucrada en una trama del caso BankMadrid.

Reaparecen los fantasmas que la acechan por su pasado libertario y libertino, y es así como le llega un emisario a proponerle que convenza a Corina Larssen, la alemana que se dice era amante del Rey Emérito Juan Carlos I de España, y a la que le regaló un montón de millones de dólares, para que se reúnan en Tánger y depongan su animadversión y sus pleitos. Aparentemente eran amigas.

Por otro lado, entra en escena Teresa Ortega, otra española que cruzó el estrecho, huyendo de un marido abusivo pero millonario, para vivir a sus anchas y quien con un marroquí con el que tuvo un affaire alcanzó por primera vez un orgasmo.

'La muerte tendrá que esperar'
Javier VelenzuelaCedida

Vuelven a aparecer los detectives e inspectores que están presentes en todas las novelas negras, y en esta ocasión, además de llevarle a Adriana Vásquez la petición de mediar con Corina para que se reúna con el emérito, espían a Teresa Ortega por el pleito que tiene con su marido, no solo por la pensión que le permitirá vivir con grandes lujos, sino seguir pagando la costosísima clínica donde está recluido su único hijo, producto de un matrimonio anterior, y que Alfonso Rivera, su ex marido, pagaba generosamente.

Lo interesante de este libro es que reúne diferentes aspectos de la vida tangerina, sus contradicciones y sus destellos, los lugares emblemáticos y las personas que en algún momento han pisado la ciudad, entre ellos muchos escritores al que Valenzuela les rinde homenaje al mencionarlos en su entretenida novela. Donde se vive y se deja vivir, como dice Arturo Pérez Reverte en Falcó otro libro recreado en Tánger.

Algunos aspectos de índole política afloran en esta novela, como una crítica velada a la tan obsesiva compulsión de los españoles de tacharlo todo entre izquierda y derecha. El profesor Sepúlveda accede, tras haberse negado toda su vida, a asumir el rol de director en un grupo hispano-marroquí, al que ven como ”rojo” y lo mandan a investigar también. Los espías y agentes de inteligencia español vuelven a estar presentes en La muerte tendrá que esperar.

Repasamos escenas en el mítico Hotel Minzah, el Boulevard Pasteur, la kasbah, el Zoco Chico, la medina, las grutas de Hércules, Cabo Espartel, el Hotel Continental, Le Mirage, Ville Josephine y otros lugares de obligatoria visita en la fascinante ciudad de Tánger.

'La muerte tendrá que esperar'
La trilogía del TángerCedida
“...muestra descarnadamente la corrupción en los servicios secretos españoles, que se prestan para todo tipo de chantajes, y cómo, al final, prevalece la discreción y el no tocar al poderoso porque le puede resultar en un boomerang”.

En esta ocasión, por las circunstancias que hemos vivido los últimos dos años, el autor también la enmarca en la pandemia, en las restricciones que aun hoy prevalecen en Marruecos y otras partes del mundo, y que hicieron tambalear al Mundial de Qatar, en el que Adriana Vásquez está invirtiendo su tiempo y encantos.

De igual forma, muestra descarnadamente la corrupción en los servicios secretos españoles, que se prestan para todo tipo de chantajes, y cómo, al final, prevalece la discreción y el no tocar al poderoso porque le puede resultar en un boomerang.

Javier Valenzuela

Trabajó durante 30 años en El País como director adjunto en la redacción y corresponsal en Beirut, Rabat, París y Washington. Fue el fundador de la revista Tinta Libre, especializada en crónica y reportaje y es autor del blog “Crónica negra”, consagrado a las relaciones entre actualidad y el thriller literario y cinematográfico. Valenzuela también ha tenido participación en tertulias televisivas, especialmente en las que llevaban a cabo Pepa Bueno e Iñaki Gabilondo.

Nació en Granada, pero ahora vive entre Madrid y la Alpujarra, una región histórica de Andalucía que se encuentra dividida entre la provincia de Granada y la provincia de Almería, en las faldas de la ladera sur de Sierra Nevada. Ha publicado ocho libros periodísticos, entre el que sobresale el último, Crónicas quinquis. Ciudadano del mundo por sus múltiples asignaciones internacionales, ha adoptado a Tánger como segunda patria, y desde allí despliega una ingente labor cultural, con el apoyo del Instituto Cervantes y otras asociaciones culturales, cuando no está en la Alpujarra.

En esta, su última novela y con la que cierra su trilogía “cítrica”, como la llamó mi gran amiga Randa Jebrouni, nos coloca en el hoy, post pandemia, y en el futuro Mundial de fútbol, con Adriana viajando a coordinar con los organizadores, y una relación que inicia con uno de los delegados, alemán, logrando llevar a promover ese evento deportivo a un jugador famoso. El tema revela a un autor “hincha” del fútbol.

Valenzuela ata todos los cabos que nos hacen seguir la historia fascinante, sin dejar de mencionar a Mohamed Chukri o Paul Bowles, ambos autores, uno del Rif y el otro estadounidense que se estableció en la ciudad internacional y tradujo el libro de Chukri For bread alone. Tampoco descuida a sus compañeros del quehacer cultural, como Javier Rioyo (director del Cervantes de Tánger) o Bernabé López García, que publicó recientemente un apetecible libro titulado El frente de Tánger (1936-1940), una crónica de la guerra civil española en la ciudad internacional”. López García es especialista en historia, migraciones y relaciones hispano-marroquíes. No es mezquino en mencionar otros colegas que han recreado sus obras en Tánger, como María Dueñas y Cristina López Barrio.

El libro no podía estar completo sin otros escenarios que se salen de la trama principal, pero que recrean la ciudad internacional que aportó tanto glamur en sus años de gloria. Es así como está la odisea que vive la pareja que regenta una tienda de móviles (Messi y Malika) pero cuya verdadera fuente de dinero es una “granja” de programas cibernéticos y bitcoins, el destino del orquestador de todo esto, de ascendencia bielorrusa, el inefable homosexual que anda en busca de jóvenes con ganas de hacer unos dólares gracias a sus encantos anatómicos y sexuales, enmarcado en un bonus que trae el libro, llamado “El agente peninsular”, publicado en un libro colectivo titulado Los conjurados de Tánger como eslabón entre las dos novelas anteriores a La muerte tendrá que esperar, y en el que hace el vínculo de Teresa Ortega con el resto de los protagonistas, y la forma en que pudo contrarrestar las amenazas de su ex marido en retirar el pago de la clínica donde tenía a su hijo.

Es un libro para leer con deleite y fascinación, y descubrir, con cada vuelta de hoja, toda la serie de facetas tiene esta ciudad que permite hacer negocios, no en un modo serio, sino que todo en su sitio, pero nada en orden.