08 de Ago de 2022

Cultura

Manco-Capac, ¿un déspota ilustrado?

Escrita en cinco actos posiblemente entre 1761 y 1762, “Manco-Capac” fue puesta en escena por primera vez el 12 de junio de 1763

“Le couer seul met le sceau de l'immortalité” (El corazón solo pone el sello de la inmortalidad). Frase que pertenece a la pieza teatral “Manco-Capac, primer inca del Perú, tragedia” escrita por Antoine Blanc bajo el seudónimo de Le Blanc de Guillet (1730-1799). Su propósito, según el investigador teatral Pascal (2010), fue deslizar en la audiencia “[...] el ideal republicano que subyace en el discurso pronunciado como si el [inca] orador estuviera en la tribuna, mientras se encuentra a solas con su esposa”.

En una segunda mirada sobre el contexto histórico en que nace “Manco Capac”, Pascal afirma “[...] gran parte –lo esencial, sin duda– de la producción trágica entre 1755-1760 y 1790 (o quizás incluso 1800) está escrita a raíz de obras anteriores de Voltaire” por lo que Le Blanc o Leblanc es deudor de aquel.

El historiador García Carcel (1992) evalúa la obra de Leblanc desde otro enfoque, considerándolo parte de la estrategia política francesa para mermar el prestigio de la monarquía española y acentuar el daño que la Leyenda Negra provocó en sus relaciones con Hispanoamérica.

Escrita en cinco actos posiblemente entre 1761 y 1762, “Manco-Capac” fue puesta en escena por primera vez el 12 de junio de 1763 y causó sensación por sus críticas hacia el despotismo monárquico (Fundación Voltaire, 2021). Fue representada seis veces entre 1763 y 1764 reapareciendo con fuerza en la temporada teatral de 1782-1783 en que fue representada ocho veces (Universidad de Ámsterdam, 2020), reduciendo su presencia a cuatro funciones anuales hasta 1799, año en que muere su autor en París.

De acuerdo con los registros de la Comedia Francesa (2020), la obra generó a Leblanc un ingreso de 23.175 libras. Al tratarse de una obra subvencionada por la administración real –y más tarde por la Convención– para distracción del pueblo, la entrada fue gratuita desde la temporada de 1788 por lo que los especialistas no se aventuran a estimar la cantidad de público que asistió a las representaciones.

El fervor patriótico que se respiraba entonces, preludio de la Revolución Francesa, llevó a que la obra fuese publicada en 1782 y se efectuase una impresión “para exportación” a la España de los Borbones (Lafarga & Dengler,1995).

Superada la censura de la Metrópoli, “Manco-Capac” y otras producciones francesas circularon por las posesiones españolas vía Panamá para el Pacífico, vía La Habana para el Caribe, vía el virreinato de Nueva España para México y Centroamérica; llegando al virreinato del Perú en 1790 cuando nacía el diario El Mercurio Peruano.

La trama de la tragedia pone en escena a Manco-Capac e Hirza que deben defenderse de las maquinaciones de Huáscar para hacerse del poder con el apoyo de un grupo de sediciosos llamados “los Antis”.

La aparición de un tercer personaje –el sumo sacerdote Tamzi– genera una dinámica “salvajemente romántica” cuando este decide dejar fuera de juego tanto a Manco-Cápac como a Huáscar (Reboul,2010).

Leblanc concibe a Huáscar como un personaje totalmente volteriano, en esa línea pone en sus labios “El miedo hizo a los dioses, la audacia hizo a los reyes”, verso tomado de “Mérope” de Voltaire (Pascal,2010), mientras que centra en el inca el papel de imponer las leyes de la sociedad natural. Huáscar, incorruptible, será sometido finalmente por las tropas incas y tratado como un esclavo rebelde. Fue la lucha entre la libertad y la monarquía ilustrada –representada por el inca– lo que encendió debates y despertó las simpatías del público.

Las ideas antimonárquicas del teatro de Leblanc siguieron rondando las bibliotecas de las élites latinoamericanas del primer tercio del siglo XIX y aunque es exagerado afirmar que esa sola pieza trágica contribuyó a definir el sentimiento republicano, sí es posible decir que fortaleció los sentimientos de apego a una Francia culturalmente en expansión y robusteció las convicciones independentistas de los líderes de los jóvenes países que emergían en ese momento. De hecho, en el compedio “Bibliothéque Dramatique” de Monsieur De Soleinne (1844), las piezas teatrales de Leblanc son catalogadas en la sección “Teatro francés en el extranjero” señal de su reconocimiento en otras latitudes cuando ya en su tierra natal se habían dejado de representar.

Juntamente con las obras de Leblanc, el investigador Gullo (2020) afirma, basándose a su vez en los estudios de Pérez Vila (1968) y R. Zapata (2003) sobre las lecturas del Libertador Bolívar, que circuló también “L´Histoire de deux Indes” escrita por el exjesuita Guillaume Thomas Raynal en 1770. Tanto Roca Barea (2019) como Gullo coinciden en señalar que está probado que Bolívar leyó y comentó a Raynal dejando a la especulación si conoció la tragedia “Manco-Capac, primer inca del Perú”.

Duda razonable si se tiene en cuenta que, en Lima, la pieza teatral acerca de este Inca se vendía con “Les incas ou la destrucction de l'empire du Pérou” de Marmontel (1777) y que el biógrafo bolivarianista Pérez Vila prueba que el Libertador poseía el libro de Marmontel en la biblioteca personal que instaló durante su estadía en el Perú –la llamada 'Biblioteca de la Magdalena Vieja'– con 123 volúmenes adquiridos en Lima, 14 en Cuzco y 41 extraviados en su traslado a Boyacá pero recuperados en Guayaquil (Pérez Vila, 1960; Raffo, 2020).

Sin embargo, no será hasta inicios de la década de 1950 en que un ejemplar original de “Manco-Capac” reposará en la Biblioteca Nacional del Perú (Boletín BNP Nro. 16, Diciembre 1953). Doscientos años después, con las pasiones independentistas apaciguadas y con la serenidad que brinda el paso de la historia, los críticos consideran el estilo de Leblanc “[...] poco interesante, con un estilo frecuentemente enfático y bizarro, muchas veces citado como modelo de cacofonía” (Perroud, 1862; Larousse, 2019). Azares de la literatura.