Temas Especiales

10 de Aug de 2020

Destino Estrella

555 años del descubrimiento de Oceanía

Una efeméride poco conocida protagonizada por Túpac Yupanqui

En febrero de 1465 se inició la expedición marítima del futuro Inca Túpac Yupanqui, El Resplandeciente, cuando siendo Hatun Auqui o príncipe heredero emprendió la travesía a las Islas de Poniente partiendo de Manta, hoy en Ecuador. Mil quinientos guerreros y funcionarios incaicos, ciento treinta embarcaciones con sus tripulaciones y con sólo 25 años de edad Túpac Yupanqui inició una proeza marítima recogida por los cronistas Pedro Sarmiento de Gamboa, Martín de Murúa y Miguel Cabello de Balboa. Las edificaciones en Nuku Hiva (Islas Marquesas), las islas de Te-Kava-Maru (en el atolón que circunda Mangareva) y de Rapa Nui (Pascua) nos brindan el testimonio de su recorrido y el historiador José Antonio Del Busto lo califica con acierto “el Descubridor de Oceanía”. Túpac Yupanqui seguiría la Corriente Ecuatorial del Sur y luego tomaría la Corriente de Humboldt o Corriente Peruana para el recorrido de regreso. Habría navegado, señala Del Busto, de este a oeste, luego de norte a sur, después de oeste a este y, finalmente, de sur a norte. Así habría llegado al archipiélago de las Gambier y, dentro de él, a Mangareva para retornar tocando la Isla de Pascua y la costa peruana desde Moquegua hasta el territorio Chimú (hoy, Lambayeque), donde conoció la tumbaga, para llegar al punto de partida en Manta un año después aproximadamente. Se estima que la travesía completa le llevaría once o doce meses incluido el tiempo que permaneció en Mangareva y Pascua (Auachumbi y Ninachumbi o Isla de Fuego, en quechua). Solo el tramo de Manta a Mangareva equivalía a vencer 4000 ó 4200 millas marinas en un tiempo que oscilaba entre tres y cuatro meses según la frecuencia de los vientos, el dominio de la ruta por los mercaderes nautas y la pericia de los tripulantes balseros. Los trofeos que trajo de este recorrido y mandó depositar en el Cuzco fueron osamentas de animales no imaginados en el mundo andino (¿presumiblemente lobos marinos de pelaje largo?), “criados negros” posiblemente pobladores melanesios cuya fuerte pigmentación dio esa impresión a los funcionarios incas y una “silla de latón”. Varios testimonios recogen el andar de Túpac Yupanqui por Oceanía. Se tiene la leyenda de Uho (Ujo) en la Isla de Pascua (Rapa Nui) que nos habla de una doncella raptada por una gigantesca tortuga cuya silueta recuerda las balsas imperiales y que la transporta a otro reino con el Sol como deidad. Luego está también la edificación cuzqueña en Vinapú que mira al astro rey. Se trata de la fachada de un gran altar o templete constituido por bloques puestos con la técnica propia de Sacsayhuamán, la fortaleza inca cercana al Cuzco. Son piedras bien colocadas con un procedimiento inexistente en la zona antes de 1465. Como fue señalado, la crónica de Pedro Sarmiento habla de la expedición a Oceanía y registra la llegada a dos Islas de la Polinesia Oriental: Auachumbi (hoy Mangareva en el archipiélago de las Gambier) y Ninachumbi (hoy Isla de Pascua). Mangareva es descrita como la isla de las montañas abruptas y las playas coralinas allí existe la leyenda de Tupa, el hombre rojo (por su tez andina cobriza) en balsa real que abre un canal que, en realidad, es un estrecho, al que llaman “gran canal de Tupa” (Te-Ava-nui-o-Tula). Allí construyó un altar (“marae”) de piedra lo que derivó al nombre de Te-Kava-Maru, cómo se llama la isla actualmente. En Nuku Hiva (Islas Marquesas) existe también la leyenda de Tupa que edifica un monumento al Sol. Usan vocablos de origen quechua para describir lo que la leyenda muestra. También allí están las ruinas de Aáotupa. Otro testimonio poderoso de la presencia de Túpac Yupanqui en Oceanía es el camote o “kumara” que este expedicionario habría llevado a Mangareva y a Nuku Hiva primero y después a la Isla de Pascua. La kumara se expande por Oceanía a partir de 1465 y los estudiosos coinciden que no hay registro de ese producto sudamericano antes de ese año. Se ha mencionado la tumbaga, ésta es una aleación del oro con el cobre que los Chimúes trabajaban a la perfección y que deslumbró a Túpac Yupanqui quien no dudó en llevarse ese descubrimiento al Cuzco junto con los orfebres del Chimu Cápac. El valor de la tumbaga es la duplicación. El Oro era escaso y el cobre abundante, así, de todos los objetos áureos se podía conseguir el doble de piezas con la nueva aleación. Además, las nuevas piezas ganaron en brillantez y hermosura, en brillo mayestático y, según sostienen Del Busto y Riva Agüero, la mentada “silla de latón” era un trono de tumbaga arsenical. Lo destacable es que la travesía permitió a Túpac Yupanqui el contacto con los chimúes y con la orfebrería de metales finos para beneficio del esplendor del Cusco imperial. Se trataba de un Imperio vigoroso, en expansión tanto geopolítica como militar. Lo sorprendente es que estos hechos ocurren 67 años antes del arribo de Francisco Pizarro desde Panamá iniciándose un proceso de conquista que requiere una reflexión aparte. Son 555 años de una efeméride poco conocida protagonizada por Túpac Yupanqui, futuro Inca, que coincidirá con el viaje de circunnavegación del Globo que protagonizará el Buque Escuela a Vela “UNION” de la Armada Peruana y en cuya dotación estarán tres oficiales navales panameños con quienes se escribirá una nueva página en la historia de proezas navales y que las páginas de este prestigioso diario nos permiten rescatar.

Embajador del Perú