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20 de Oct de 2020

Farándula

El recuerdo de Frida Kahlo, 60 años después

Con una exposición de sus obras y la intimidad de su vida se recuerda a la gran representante de la mujer mexicana y libre

El domingo se cumplen sesenta años de la muerte de la pintora mexicana por excelencia, Frida Kahlo, una mujer fuerte que rompió los moldes de su época y cuya obra tiene valores propios y eternos que van más allá de la actual comercialización de su figura.

Cuando la hija del fotógrafo alemán Guillermo Kahlo y la mexicana Matilde Calderón murió el 13 de julio de 1954, seguro que no imaginaba que seis décadas después su rostro estaría en bolsos, carteles, cuadros y camisetas comprados y vendidos en todo el mundo.

FRIDA, HACIA LO MASIVO

El día en que su cuerpo destrozado por decenas de operaciones a consecuencia de la polio y de un accidente no pudo resistir más, probablemente no pensaba que se convertiría en uno de los iconos comerciales de México, símbolo del consumo capitalista, ella que era abanderada del comunismo.

‘Se habla de una ‘fridomanía’ que llega a fastidiar, a que no quiera uno saber de ella, lo hace a uno alejarse’, confesó a Efe la maestra Gilda Cárdenas, especialista en Historia del Arte y gran conocedora de la obra de la pintora, nacida el 6 de julio de 1907.

Tras una carrera eclipsada parcialmente por la fama de su esposo, el muralista Diego Rivera, años después la artista se convirtió en una de las grandes damas de la pintura mexicana, en la máxima exponente del surrealismo y también en un icono de la mexicanidad, de la libertad sexual y del feminismo.

Y esto fue rentabilizado por distintas marcas comerciales que usan su imagen hasta la saciedad para reclamar ese México prehispánico lleno de color, olvidando que lo que ella representaba también era el sufrimiento.

Pero, en opinión de Cárdenas, esto es algo pasajero y temporal, mientras que su obra tiene sus valores propios y eternos, un pensamiento compartido por la directora del Museo Frida Kahlo Casa Azul, Hilda Trujillo.

‘Una cosa es este fenómeno, la comercialización, que puede ser coyuntural, y otro es la trascendencia de la artista como artista. No es un producto pasajero o inventado, sino una artista reconocida’, apuntó Trujillo, quien cree que una parte de la familia (descendientes de su hermana Cristina) la ha comercializado en exceso y de mal gusto.

La Casa Azul del barrio de Coyoacán, en donde Kahlo nació y vivió gran parte de su vida, está recordando estas seis décadas de ausencia con iniciativas como ofrecer a los visitantes la música que le gustaba, marimba y banda de pueblo, o darles tequila, aguas frescas y dulces mexicanos. También se va a realizar la restauración de tres de las salas de la Casa Azul, que pertenece a un fideicomiso, ya que cuando Rivera murió la donó al pueblo de México.

En ella se encuentran la mayoría de los documentos que han servido para construir el rompecabezas de la vida de la artista, más de 22 mil, que ya están abiertos y clasificados, aunque todavía tienen que ser investigados con profundidad, explicó Trujillo.