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19 de Feb de 2020

Planeta

La ecología cae ante la economía

MADRID. Hace un año, el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, repetía que en unos meses convocaría una confere...

MADRID. Hace un año, el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, repetía que en unos meses convocaría una conferencia de presidentes autonómicos para abordar el problema del cambio climático. La reunión nunca se celebró.

La Junta de Andalucía, en España tiene previsto reformar hasta siete leyes ambientales para “agilizar el desarrollo de actividades económicas”. Se trata de facilitar la actividad económica en algunos parques naturales y autorizar con mayor rapidez campos de golf “de interés turístico”.

Hay más ejemplos. Y en todo el mundo. En diciembre del año pasado en la Cumbre Mundial del Clima de Bali el ministro alemán de Medio Ambiente, Sigmar Gabriel, pedía al mundo valentía para “reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 50%”. Ahora Alemania insiste en que para sus empresas sería muy complicado cumplir el objetivo de reducir las emisiones un 20% que pactó la Unión Europea para 2020 y que limitar por ley las emisiones de los coches hundirá la industria del automóvil.

Una decena de países de la Unión considera que no es el momento de aprobar el ambicioso plan de reducción de emisiones y fomento de energías renovables pese a que en sólo un año la ONU debe aprobar un acuerdo que sustituya al Protocolo de Kioto y que, sin el empuje de la UE, el acuerdo está prácticamente abocado al fracaso. El secretario de Estado para la UE, Diego López Garrido, afirmó que España apoya la propuesta de la Comisión para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero: “No sólo es compatible la lucha contra la crisis financiera y la del cambio climático sino que no reducir las emisiones agravaría la primera”. La tormenta económica perfecta (crisis financiera, explosión de la burbuja inmobiliaria, aumento del paro e inflación) ha hecho que el cambio climático y el medio ambiente queden, si no aparcados, sí lejos de las prioridades de los gobiernos. La paradoja es que los efectos de esta relajación normativa no se verán a corto plazo —la crisis puede llegar a ser buena para el medio ambiente— sino en unos años. Hay muchos factores por los que un ecologista se podría alegrar de la crisis. El consumo de gasolinas en España en los primeros ocho meses del año bajó un 6% respecto al mismo periodo del año anterior, según datos del Ministerio de Industria. Red Eléctrica de España asegura que el consumo de electricidad entre enero y octubre ha subido sólo un 2% (durante años el ritmo de crecimiento ha sido muy superior). Las emisiones de CO2 del sector eléctrico en agosto fueron un 21% inferiores a las del mismo mes de 2007 (datos de WWF/Adena).

Esto, unido al hundimiento en el consumo de cemento (un 18.6% menos hasta agosto), la bajada en la producción del ladrillo, cerámica y demás industria auxiliar de la construcción, gran consumidora de energía, hace presagiar un buen año de emisiones de gases de efecto invernadero. Además, el aumento del precio de la tonelada de CO2 emitida hace que no sea tan atractivo quemar carbón. Todo sopla a favor de la reducción de emisiones después de años de mala nota (España emite un 50% más que en 1990 y es el país desarrollado que más se aleja de Kioto).

Por otra parte, el fin de la burbuja inmobiliaria ha salvado valiosos enclaves del ladrillo. Los planes de miles de viviendas en zonas de costa vírgenes o en la montaña sólo existen (de momento) en la imaginación de sus promotores y alcaldes. Es decir, la crisis ha dado un respiro a los ecologistas y a la Fiscalía de Medio Ambiente.

En el tema del cambio climático, la reducción del consumo —unido a las políticas de fomento de renovables de los últimos años y que ya son más que evidentes— hace que, por primera vez en muchos años, en 2008 España pueda presentar resultados alentadores de reducción de emisiones de CO2.