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03 de Jun de 2020

Planeta

Acuerdo no llenó expectativas

COPENHAGUE. Eran las 2 de la tarde. En el salón de conferencias de prensa del Bella Center, un nutrido grupo de periodistas esperaba el ...

COPENHAGUE. Eran las 2 de la tarde. En el salón de conferencias de prensa del Bella Center, un nutrido grupo de periodistas esperaba el ingreso de Evo Morales, el presidente de Bolivia. Se esperaba que el mandatario diera sus impresiones de lo que había sido esta COP15, pero lo que sucedió a continuación no estaba previsto en ningún guión. Luego de un retraso, los periodistas vieron cómo por la puerta entraba no sólo Morales, sino también Hugo Chávez, el canciller nicaragüense Samuel Santos, la ministra ecuatoriana del Patrimonio Natural María Fernanda Espinosa, el vicepresidente cubano Esteban Lazo y el canciller cubano Bruno Rodríguez. En otras palabras, el ALBA al ataque.

Los Chávez, Morales y compañía confirmaron con sus palabras el ambiente que se venía sintiendo desde temprano y hasta el momento de escribir estas palabras: “No sabemos de ninguna declaración o acuerdo aquí. Los documentos que se venían negociando quedaron enterrados en la nieve de Copenhague. Esta cumbre ha sido un fracaso en forma y fondo”. Estas palabras, pronunciadas por el presidente venezolano, retumbaron en el subconsciente general. Lo que seguiría a lo largo de la tarde no haría más que darle la razón a Chávez. La conferencia de prensa española, programada para las 4:30, fue cancelada. Se oía en los pasillos que con los paupérrimos resultados de esta COP, España –que sucederá a Suecia en la presidencia de la UE— no tenía una posición concreta con respecto al futuro. Media hora más tarde, la conferencia de prensa de Indonesia también fue cancelada. Al rato, empezó a correr el rumor de que los europeos planeaban aumentar sus recortes unilateralmente del 20 al 30%, pero que Alemania y Polonia se oponían. Para las cinco de la tarde, el corresponsal de la BBC Richard Black ya decía que la conferencia había entrado en la fase de “salvar la cara”: en estos momentos se trabaja frenéticamente para lograr un acuerdo que permita a los líderes salir del Bella Center con un mínimo de dignidad. El planeta y sus problemas deberán esperar una mejor ocasión.

PANAMÁ. EN LA COP

En la delegación panameña, sin embargo, las cosas lucen distintas. Acuartelados en los salones de computadoras públicas, que se encuentran en el área de las salas de reuniones (Panamá no tiene oficina), los representantes panameños en la COP15 lucen exhaustos. Es lo que suele pasar cuando duermes en Suecia y trabajas en Copenhague. “Cuando fuimos a reservar no había nada en la ciudad. La mitad nos estamos quedando en Dinamarca –lejos de Copenhague— y la otra mitad en Suecia”, explicó Cléber González, jefe de Relaciones Públicas de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM). Para la COP15, Panamá decidió enviar a su equipo en varias fases: el 5 de diciembre aterrizó en la capital danesa un equipo técnico compuesto por los ingenieros Félix Magallón, René López (ANAM) y Oscar Vallarino (ACP) y los directores de Cambio Climático y Planificación de ANAM, Leslie Marín y José Luis Pinilla. Una semana después llegaron Luz Lescure, de Cancillería, Tomas Guardia, director de Organizaciones Internacionales y Gilberto Arias, embajador de Panamá en Reino Unido. Finalmente, el día 13 aterrizaron el vicecanciller Melitón Arrocha, el administrador general de ANAM Javier Arias, el subadministrador de la AMP Jorge Barakat y el mismo González.

El momento cumbre llegó la madrugada del viernes cuando Javier Arias se enfrentó a la plenaria de la congregación más numerosa de líderes mundiales de la historia. Por ese estrado habían pasado y pasarían desde Chávez y Mugabe hasta Medvedev y Obama. “Estaba increíblemente nervioso”, confiesa Arias a La Estrella , ya más calmado. “Acababa de hablar un príncipe. Era una sensación indescriptible”. Arias sabía que en Panamá mucha gente lo estaba viendo. “Era muy importante dar un mensaje de que estamos haciendo las cosas bien”

A el director de ANAM se le nota exhausto. Después de dirigirse al mundo, salió del Bella Center a las 6:30 AM, viajó a Suecia a dormir un rato y al medio día ya estaba de nuevo en la COP15. Panamá, como país subdesarrollado y poseedor de vastos bosques naturales, ha jugado un papel importante en las negociaciones de REDD y del acuerdo global. Sin embargo, Arias se queja de que el cambio climático “no ha llegado a home” en Panamá. “En Panamá no valoramos el ambiente e, irónicamente, dependemos de él”, dice. Es por esto que el trabajo de la delegación panameña se ha concentrado muchísimo en lograr que el cambio climático abarque todos los sectores del Gobierno (como en Dinamarca, por ejemplo). “Por primera vez”, dice Arias, “un gobierno aborda el tema ambiental con varias instituciones. Aquí hay miembros de Cancillería, de la AMP y de la ACP. El único que no pudo venir fue el MICI”. Cuenta Arias que cuando el vicecanciller Arrocha vio el tamaño y trascendencia de esta COP dijo “que definitivamente esto era un tema de Estado”.

De fronteras para afuera, Arias considera que Panamá lo ha hecho bien en Copenhague. “Hemos sido el primer país en incluir el tema de los derechos indígenas en las negociaciones REDD. De hecho, el borrador que se adoptó en Barcelona en noviembre fue el que propusimos nosotros”. Y en una de las aristas más espinosas de las negociaciones REDD, la confianza de los países donantes, Panamá también ha salido reforzada. “Estamos avanzadísimos en los procesos de creación de confianza. Hemos negociado con la NASA, entre otros, para monitorear nuestros bosques. Vamos a desplegar un sistema de monitoreo a la altura del brasileño. En ese sentido hemos salido muy reforzados de esta Cumbre”. Con altos niveles de transparencia, Panamá aspira a atraer el dinero que los países ricos comprometan aquí. Pero hay un problema: muchos países no donan sin recibir un grado de decisión en las políticas forestales del país receptor. En este sentido hay muchas divisiones en el tema REDD. Brasil, por ejemplo, se opone completamente a que otros países se inmiscuyan en sus asuntos. Panamá, dice Arias, es distinto. “Por supuesto que aspiramos a las donaciones sin trabas ni intereses, pero tampoco tenemos una posición tan fuerte en ese sentido”.

A pesar del cansancio, a Arias se le nota muy contento. Si tuviera que resumir en una palabra la actuación panameña en la cumbre, afirma, sería “éxito”.

Pero, ¿realmente lo está haciendo bien Panamá? ¿De verdad estamos a la vanguardia de la defensa de los indígenas? Será verdad que, como dice Cléber González, Panamá “lidera las negociaciones de REDD”? Para encontrar esta verdad, hubo que hilar un poquito más fino. Una fuente ligada a las negociaciones dijo a La Estrella , bajo condición de anonimato, que Panamá, a pesar de haberlo hecho bien, no había tenido una voz más importante que ninguna otra nación latinoamericana. “Brasil, Colombia, Bolivia y Costa Rica han tenido mucho más que decir”, dijo. Sobre los indígenas, “creo recordar que fue Bolivia hace un año en Poznan (Polonia) la que por primera vez introdujo el tema. Eso sí, apoyada por Panamá”. En general, apuntó, “si las negociaciones fueran un salón de clases, Panamá seria un buen estudiante, pero aún no llegaría al cuadro de honor”.

SE HUNDE LA CUMBRE

A pesar de la satisfacción panameña, las negociaciones REDD, una de las más importantes en las que participaba Panamá, también se hundieron. Thelma Krug, miembro de la delegación brasileña, dijo no estar sorprendida. “Brasil no tenía muchas expectativas en este sentido. Hace 5 años sabíamos que las cosas iban a ser muy difíciles. No existe confianza entre donantes y receptores”, me dice con una cansada sonrisa. Krug, que no cree que Brasil este preparado “ni ahora ni en dos años” para el REDD, tiene las cosas sorprendentemente claras: “cuando se introduce el mercado se complica todo. Los donantes no dan ese dinero por razones morales, sino que lo ven como una inversión”

Pero entre los mismos países receptores hay también divisiones. Fitrian Ardiansyah, directivo del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en Indonesia, resaltaba la importancia de un tema muy espinoso: la divergencia entre enfoque nacional y subnacional. “Colombia es la única defensora del enfoque subnacional mientras que Brasil, Indonesia y Papua Nueva Guinea apoyan el en foque nacional”, dijo. Los motivos, para Krug, son claros: “Colombia quiere enfocarlo así porque no controlan todo su territorio”. Y la cosa no termina ahí. Existen mil detalles que aún no han podido ser resueltos y que, probablemente, no verán solución en Dinamarca.

Está, al fin y al cabo, es la situación de todas las negociaciones. La COP15 cierra, a falta de lo que pase en las próximas horas, como una gran decepción. El último borrador de acuerdo recibido por La Estrella es revelador. No hay un compromiso claro de limitar el aumento de temperaturas ni siquiera en 2 C (con más de 1.5 C los estados pequeños estados insulares como Vanuatu o Maldivas desaparecerán). Tampoco aparece por ningún lugar una fecha tope para llegar a un acuerdo legalmente vinculante, ni un mecanismo de verificación para países desarrollados. La parte que quizás sea la más importante, las cifras de reducción de emisiones, se pelea aún en las salas de negociación del Bella Center. El jueves por la noche, un miembro de una ONG de las Islas Cook decía desesperadamente: nuestra tierra desaparece, los jóvenes ya se están yendo a Nueva Zelanda. Escuchándolo, y a todos los representantes de los países insulares, uno tiende a sonreír para disimular la vergüenza que se siente saber que, realmente, a nadie le importa con ellos. Se acaba la esperada cumbre danesa. En mi mente, unas palabras de Evo Morales todavía siguen dando vueltas: “La Tierra es nuestra madre, y el sistema capitalista la convierte en mercancía”. ¿Tendrá razón?