19 de Oct de 2021

Planeta

De la calma en el interior al estrés de la ciudad

PANAMÁ. Raya el alba. Abres los ojos al primer sonar de la alarma del celular. Enciendes la cafetera. Quince minutos de actualidad telev...

PANAMÁ. Raya el alba. Abres los ojos al primer sonar de la alarma del celular. Enciendes la cafetera. Quince minutos de actualidad televisiva mañanera mientras te vistes. Sales con el Ipod colgando, el blackberry en una mano, el portátil en la otra, con el módem USB dentro, sin olvidar la lonchera de los niños. Arrancas el auto para ir al trabajo, que está a una hora si es que no hay tranque. ¡Ah! y de paso dejas los chicos en la escuela. ¿Hay otra alternativa de vida?

¡Sí, a Dios gracias! Quienes han viajado por las provincias de Panamá se habrán podido percatar de que por muchos de estos lares la gente es más cordial, más amigable, desde el más párvulo, hasta el más longevo. ¡Hay otro modo de ver las cosas!, se puede percibir. Quizás por eso se dice que en el interior —no importa en qué provincia, siempre y cuando exista verdor y naturaleza alrededor— las personas duran más. Se respira tranquilidad. Asimismo, ¡hay menos violencia!

La gente es más generosa y sociable y reinan fuertes lazos de vecindad social y un mayor sentido de comunidad y solidaridad; existe más confianza mutua y una mayor voluntad de ayudar a los demás, eso es evidente.

En cambio, en entornos con menos zonas verdes, el índice de violencia, crimen y delitos contra la propiedad y el pudor es elevado. ¡Hay más desconfianza!

UNA REALIDAD

Una visita al camposanto de Paritilla, por mencionar solo un lugar, reafirma lo antes dicho. Los panteones son la evidencia palpable de aquella realidad, pues en su mayoría sus placas revelaban octogenarios y nonagenarios. Un morador del pueblo, con mucha avenencia dijo: ‘aquí en este poblado la gente se muere muy, muy, muy vieja’.

No obstante, en la ciudad capital, los cementerios presentan otra panorámica, por cierto, muy triste. Sus ocupantes no alcanzan en su mayoría las dos décadas. Solo basta con echarle una ojeada a los tabloides en su sección de crónica roja o las policivas de la TV, donde informan la apresurada mortalidad entre los jóvenes. Es la demostración patética de que la vida rural o en pequeñas ciudades es mucho más saludable en todos los sentidos que en las grandes urbes, los índices de crímenes y violencia en regiones apartadas de la capital son mínimos.

LA NATURALEZA Y LA VIDA

Al parecer la naturaleza evoca, sin dudas, la calma y la armonía entre sus habitantes. También se relaciona con el bienestar; además, los espacios naturales aumentan nuestro potencial de salud y de buen carácter. ¡Hay menos estrés!

No es difícil encontrar diferencias entre el campo y la ciudad: a simple vista, por ejemplo, la ciudad se presenta como un lugar donde predominan el asfalto y las grandes construcciones de concreto y acero, mientras que en el campo, la amplia gama de colores de los paisajes y el cielo abierto son algunos de los rasgos que lo identifican.

También, a todas luces, podríamos decir que la ciudad de Panamá es un lugar dinámico, en constante movimiento y transformación; al mismo tiempo, sin dudas, crece y es un crisol de razas; por lo tanto, tiene tradiciones, costumbres y formas de pensar muy diferentes entre sí.

En el interior, en cambio, las evoluciones físicas del entorno no son tan visibles, (da la impresión como si esos lugares quedaran detenidos en el tiempo), las personas que allí habitan, generalmente, pertenecen a familias que son parte de la comunidad desde muchas generaciones atrás, así que comparten valores, tradiciones, cultura y buenas costumbres con los demás lugareños. En el campo las actividades principales son la agricultura, la pesca y la ganadería.

LOS MICROCLIMAS

En tanto, las grandes ciudades son verdaderos microclimas en los que las temperaturas medias están algunos grados por encima de su entorno natural, constituyéndose sus industrias y autos en verdaderas chimeneas que arrojan cientos de toneladas por año de gases de efecto invernadero a la atmósfera. A estas situaciones se le suma la destrucción irracional de bosques y manglares, destinados a la construcción de grandes proyectos tales como: malls, fábricas, barriadas, autopistas.

En consecuencia, esto se traduce en aumento de las temperaturas medias del planeta, además de la contaminación de mares, ríos, lagos, capas subterráneas y otros recursos hídricos, sin soslayar el derretimiento de polos y glaciares en otras latitudes.

La lista de diferencias entre el interior y la ciudad es interminable, pero lo importante no son sus contrastes sino la relación que se hace posible, en parte, gracias a ellas. A pesar de la aparente inmovilidad, el campo es un lugar dinámico y fundamental, ya que sin su actividad productiva, ¡difícilmente podrían sobrevivir las grandes ciudades!