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04 de Mar de 2021

Planeta

Koalas y wallabies son rescatados

AUSTRALIA. Una vez el fuego controlado, el ejército de voluntarios ingresa al interior de las montañas australianas, de donde salen aun ...

AUSTRALIA. Una vez el fuego controlado, el ejército de voluntarios ingresa al interior de las montañas australianas, de donde salen aun las fumarolas de la desolación, para rescatar a los koalas, canguros y wallabies atrapados por el fuego.

La fauna endémica de la isla, compuesta por delicados marsupiales que se desplazan lentamente, pájaros cuyo hábitat no cesa de reducirse, roedores y pequeños mamíferos enfermos, es muy vulnerable a los incendios. En 2009, el inmenso incendio que causó 173 muertos en el Estado de Victoria acabó con un millón de animales salvajes, o sea el 90% de la población de la región afectada, según estimaciones. ‘Si hay lecciones a sacar de la historia, se puede pensar que la tasa de sobrevivencia de estos últimos incendios será muy, muy poca’, explicó la zoóloga Anna Felton.

Felton, miembro de la red de voluntarios WIRES, coordina las operaciones de búsqueda cerca de Springwood, en el estado de Nueva Gales del Sur, una localidad de las Montañas Azules a un centenar de kilómetros al oeste de Sídney. Su ‘ambulancia’ puede recibir unos cincuenta pequeños animales y está equipada para la atención de urgencia que permitirá tal vez mantener en vida un wombat quemado hasta llegar al consultorio veterinario. Mientras pájaros como la cacatúa pudieron huir de las montañas antes de que ardieran, otras especies, entre ellas marsupiales que viven en tierra o suben a los árboles, tienen un instinto más rudimentario y movilidad limitada. ‘Son especies que se encuentran aquí con heridas muy feas’, asegura Anna Felton.

DAÑOS

Zarigüeyas, wallabies o phalangers voladores, cuentan entre las víctimas de los incendios que devoran desde hace más de una semana montes y viviendas a lo largo de decenas de kilómetros, provocando una nube de humo y de ceniza de una densidad tal que en Sídney la noche llegó a mediodía.

‘La mayor parte de los animales presenta quemaduras importantes, e incluso si pudimos llevar algunos al veterinario, el pronóstico general es bastante sombrío’, lamentó Felton.

Los animales heridos están deshidratados y tienen trastornos respiratorios tras inhalar humos tóxicos. Los que escapan son entregados a un veterinario y luego a una persona que lo cuidará, y que está autorizada para ello por WIRES: hay 2 mil en Nueva Gales del Sur.

El animal estará en convalecencia con otros de la misma especie y serán liberados juntos, meses más tarde. La movilización de los australianos fue impresionante, dice conmovida Felton. Pese a su propio trauma, los donadores entregaron grandes cantidades de medicinas y dinero. Algunos habitantes de las Montañas Azules tomaron tiempo antes de huir para colocar pequeñas reservas de agua en el exterior, pensando en las criaturas salvajes que con frecuencia se aventuran a sus jardines. Una mujer cuyos padres perdieron su casa hizo 80 km de carretera para llevar a los hombres y mujeres de WIRES material de un valor ‘exorbitante’. ‘Sus casas quedaron destruidas y pese a todo vienen a vernos en la ambulancia para decirnos que vieron a un walabí en algún lugar. Y eso es increíble’, concluyó