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25 de May de 2020

Salud

Nuevas cifras reivindican al e-cigarette

Un reciente estudio en Europa, citado por el Dr. Konstatino Farsalinos, vuelve a poner al cigarrillo electrónico en la balanza

Nuevas cifras reivindican al e-cigarette
Nuevas cifras reivindican al e-cigarette

Fumar o vapear. Al parecer a nadie le gusta esa pequeña nube que se dibuja cuando un fumador exhala, sin importar si se trata del humo de un cigarrillo o el vapor de uno electrónico. Pero existe una gran diferencia: mientras que el primero hace combustión y genera humo (ollín), el segundo solo calienta la nicotina (vapor), haciéndolo un 95% menos dañino.

El pasado martes, el New York Times (NYT) publicó que a una década desde que los cigarrillos electrónicos entraron al mercado estadounidense, el uso ha decaído, las ventas se han desacelerado. Hace unos meses, incluso, uno de los fabricantes más grandes de ‘e-cigarette', N Joy, se declaró en bancarrota. A nadie le gusta ‘vapear', sobre todo porque representa una amenaza para quienes nunca han fumado —especialmente los niños—, una advertencia que han hecho las autoridades médicas.

Pero esta campaña de concienciación olvida a otro sector inmenso de la población: los que ya fuman cigarrillo, o sea, mil millones de personas en el mundo, quienes podrían usar el ‘e-cigarette' como una alternativa para dejar el cigarrillo. Pero la mayoría de países en el mundo todavía no lo ve así.

‘Existen cientos de compañías fabricando cigarrillos electrónicos, el tema es convencer a los países en los que no son tan populares que se trata de una herramienta valiosa y válida para acelerar la reducción del tabaquismo', dice a La Estrella de Panamá el Dr. Konstantino Farsalinos, un reconocido cardiólogo e investigador del Centro de Cirugía Cardíaca Onassis, luego de una conferencia sobre el tema, organizada por la Cámara de Comercio de Costa Rica, en San José.

Farsalinos coincide con la información que publicaría cinco días después el NYT : en Estados Unidos, como en otros países, el e-cigarette no es tan popular. Pero ambas fuentes mencionan un ejemplo con resultados distintos: en Europa el cigarrillo electrónico es aceptado y ha resultado beneficioso.

‘Unos 6.1 millones de fumadores han dejado de fumar gracias al e-cigarette en Europa. Adicional a esto, 9.2 millones han reducido el consumo de tabaco gracias al mismo dispositivo', añade.

EVIDENCIA A LARGO PLAZO

No hay un solo país que haya prohibido el cigarrillo —continúa Farsalinos—, se le encuentra fácilmente en todas partes. Pero eso no sucede con los cigarrillos electrónicos.

Es decir, el producto más dañino está disponible legalmente, mientras que el menos dañino es más difícil de encontrar. Esa es una paradoja que espera se resuelva con las decisiones de los gobiernos en pos de la salud mundial.

Por otro lado, es sabido que el cáncer no lo ocasiona la nicotina, sino el alquitrán que genera la combustión del cigarrillo.

Por eso Farsalinos no cree que la ausencia de ‘e-cigarettes' en el mercado se deba a la falta de un estudio sobre sus efectos a largo plazo. ‘No existe ningún producto, incluyendo los farmacéuticos, que salgan al mercado luego de pasar por pruebas de 20 o 30 años, es imposible que suceda', asevera el doctor e investigador de estos dispositivos electrónicos.

Farsalinos compara al cigarrillo electrónico con los medicamentos. Los productos farmacéuticos son probados en laboratorios y luego, cuando salen al mercado y son prescritos a pacientes, se monitorea mediante un proceso llamado vigilancia post-comercialización.

‘Lo mismo sucede con el cigarrillo electrónico, ya sabemos lo que contiene y qué compone el vapor que emite. Ahora, necesitamos el producto en el mercado y fumadores usándolo para obtener los datos de su uso a largo plazo', detalla el también investigador del Departamento de Farmacología de la Universidad de Patras, Grecia.

Finalmente, ¿debería entonces venderse el e-cigarette como una medicina? Para Farsalinos esto es un grave error.

Ya en Europa hubo una discusión al respecto, según comenta a este diario, y en 2014 se decidió que no hay razón para venderlo como un medicamento, puesto que un doctor tendría que recetar ‘20 hales de cigarrillo en la mañana, 20 en la tarde, etc', y así no funciona este producto.

Los últimos estudios, según subraya Farsalinos, solo comprueban lo que ya se sabía hasta el momento: el e-cigarette es un 95% menos dañino que el cigarrillo, y no ha habido publicación que lo contradiga, por lo cual, solo se espera su mayor presencia y regulación para acabar con ‘la epidemia mundial de tabaco', como lo describe la Organización Mundial de la Salud (OMS), y que ocasiona la muerte de unas 10 millones de personas al año.

‘Al final, necesitamos ver lo que pasa en la población con el e-cigarette porque es algo que afecta a la población mundial', concluye Farsalinos.