28 de Nov de 2021

Tecnología

Génesis y evangelios de la música en streaming

El consumo masivo no está en otro lugar que no sea en línea. ¿Pueden 30 millones de canciones en el bolsillo cambiar nuestra forma de oír

Génesis y evangelios de la música en streaming
Algunos artistas ausentes en Spotify son The Beatles, The Black Keys, Radiohead y Led Zeppelin.

Luego de un debate electoral sueco, en 2006, donde ambos candidatos acordaron no criminalizar la piratería, Per Sundin recibió una llamada de su madre. Una voz maternal le aconsejaba al CEO de Universal Music Suecia que buscara otro trabajo.

Seis años antes, las compañías disqueras ya habían percibido una pequeña baja en la venta de discos. Era el inicio de una generación digital. Era el presagio de una industria que hoy se desvanece a la sombra de un teléfono inteligente.

En medio de esta ola, el emprendedor sueco Daniel Ek pensó en lo insólito. La mejor forma de que un sello discográficio sobreviva al cambio, a la piratería virtual, sería dándolo todo al precio del enemigo: gratis. O por lo menos durante tres meses de prueba. Así nace Spotify , la plataforma que permite oír toda la música que uno desee de forma gratuita vía streaming , sin necesidad de descargar el archivo. El único precio a pagar es quizás oír publicidad de vez en cuando.

Pero la reproducción sin interrumpciones también es posible pagando una suscripción mensual, algo que se vende fácil cuando la otra ventaja es una calidad de audio óptima. La idea de un servicio como este no era nueva, pero los suecos tenían un mejor empaque: más rápido, más fácil y más sociable al permitir agregar amigos y compartir listas de música.

En 2013 el diario The Guardian escribiría que Spotify se había convertido en sinónimo de streaming , así como Google sinónimo de búsqueda. Ese año, Ek explicaba en una entrevista el fenómeno de Spotify recordando el inicio. Se trataba de una situación paradójica, en 2008 la gente escuchaba más música que nunca en la historia y aún así la industria seguía empeorando. ‘La demanda de contenido estaba allí pero era un modelo de negocio distinto', dijo.

La piratería siempre ha sido una opción. Pero la teoría de Ek era que la gente iba a estar dispuesta a escuchar música por la vía legal en la medida que esto sea tan gratificante y menos molesto que lo ilegal. Para el creador de Spotify , los usuarios con cuenta premium no pagan por contenido, sino por comodidad.

Treinta millones de canciones en el bolsillo. La revolución de esta app ha sido tal que cada vez tiene más competidores. Solo la semana pasada Apple fue noticia cuando lanzó Apple Music . La decisión se dio porque miles de usuarios abandonaron iTunes para abrazar Spotify —que según su portal oficial suma alrededor de 75 millones de usuarios activos—, además de inspirarse en su reciente adquisición, Beats , la empresa conocida por sus audífonos.

Se suman al espectro de la música streaming Pandora , con 80 millones de usuarios, y Rhapsody , que acumula 2,5 millones. También está Rdio , que ofrece una suscripción mensual por $4, seis menos que el precio estándar asumido por los demás. Y Tidal , fundada por Jay-Z.

HÉROES Y VILLANOS

En noviembre del año pasado Taylor Swift retiró su catálogo completo de Spotify porque el servicio no le permitía hacer su música exclusiva para los usuarios premium . Se encendía entonces un debate sobre qué tanto se devaluaba la música. ‘No estoy dispuesta a contribuir el trabajo de toda mi vida a un experimento que no siento que compense justamente a los escritores, productores, artistas y creadores de esta música', señaló.

De hecho, el compositor Aloe Blacc declaró a la revista Wire que la canción ‘Wake Me Up' había sido reproducida 168 millones de veces en Estados Unidos vía Pandora , y que ésta solo había cedido $12,359 en derechos de publicación, de los cuales él se quedó con menos de $4 mil.

Pero el streaming no solo ha cambiado el negocio, sino también la forma en la que nos aproximamos a la música. Los ‘top 40', los ‘top 10', los ránkings de los canales de música o los ‘número 1' de las radios, son mucho menos interesantes que antes. Ya no generan tanta expectativa, algunas listas parecen ser el eco de otras y hasta son constantemente desacreditadas por los usuarios.

El poder de armar listas de reproducción, compartirlas, seguir a músicos o a otras personas que conforme van descubriendo nuevas canciones y artistas lo hacen público, y las bandas que el mismo software te recomienda según tu historial de reproducción, es otra forma de exposición a la música. Algo que quizá ocurría antes de forma física, mixtapes incluidos, ahora sucede a escala de red social. En internet.

Apple Music , por ejemplo, posee un atajo que lleva a una especie de ‘Instagram' titulado Connect, donde los artistas que el usuario siga postean snaps o comentarios. También tiene la opción Beats 1, donde uno puede descubrir nueva música.

Otro punto de modulación de la música en línea es que poco a poco se ha ido disipando la rigurosidad de lo que se entiende por género musical y que se traduce en listas de reproducción según el humor o las actividades que se realicen mientras se escucha música. ‘Running', ‘party', ‘reading', son hoy el reemplazo de lo que fue ‘rock', ‘pop' o ‘hip-hop'.

Al no estar ligado a un disco físico, los matices musicales amplían sus horizontes, haciendo que uno escuche música que nunca antes había pensado. Geoffrey Fowler, del Wall Street Journal , comparó las suscripciones de streaming con un ‘all-you-can-eat' y que, como en la mayoría de buffets, lo que se consume podría tal vez no valer la pena en relación con el costo. E incluso los ejecutivos de Spotify dijeron que era común que los usuarios del streaming se convirtieran en omnívoros musicales. O sea, el consumo masivo está en línea, de allí que los CDs y acetatos hoy sigan en circulación pero presentados al público como objetos de colección, de lujo.

Sobre si el servicio de música en línea es adecuado o no para alguien, depende de varias vértices —la calidad de audio se da por sentada—, entre ellas el precio a pagar, el deseo por sumergirse en un mar de posibilidades musicales, nuevas y diferentes, además del simple hecho de que no se poseen las canciones sino que solo se comparten. Pero en Internet, ¿de qué información realmente somos dueños?

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INVERSIÓN

La música ‘online' en números

El ‘Wall Street Journal' publicó que el gasto promedio de compradores de música al año es de $52 dólares.

Lo que llamó la atención fue que esta cifra bordea la mitad del precio que los usuarios que tienen una cuenta en iTunes Music gastan al año.

Cuando se tomó en cuenta solo a un 25% de los clientes de Apple, se contabilizó que estos gastan $110 anualmente.

Mientras que, adquirir una suscripción para poder tener acceso a 35 millones de canciones en Apple Music, cuesta 10 dólares mensuales (precio estándar comparado con el resto de aplicaciones de música en línea). Esto quiere decir, 120 dólares al año.

Este último precio es idéntico al de adquirir una suscripción mensual en Spotify, que en 2013 percibió mil millones de dólares. De este total de ganancias —entre suscripciones y publicidad— el 70% se destinó a las compañías discográficos en concepto de regalías.

De acuerdo con la Federación Internacional de la Industria Fonográfica, las ventas de música física en formato de CD cayeron alrededor del 12% en 2013. Y el crecimiento de 4.3% en ventas digitales de ese año, fue impulsado por un aumento del 51% en ventas de suscripción.

Ahora, el horizonte de expansión de Spotify y otras aplicaciones para oír música vía streaming, incluyen ‘podcasts', videos y audiolibros.